domingo, 18 de febrero de 2018

¿ESCLAVO O LIBRE?


Texto Bíblico: Juan 8:36

´´…si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. ´´

Cuán hermosa realidad encierra este versículo para el cristiano que ha sido restaurado y lavado por la sangre preciosa de Cristo. Cuántas veces nos hemos emocionado ante esta poderosa Palabra y la hemos compartido con todo el que ha necesitado ser libre del pecado.

Sin embargo, cuán poco demostramos con nuestras vidas que creemos firmemente en esta verdad; por el contrario, negamos la eficacia del sacrificio de Cristo cuando no alejamos, radicalmente, el pecado en nuestras vidas.

Y es que, hay asistentes en nuestras iglesias que, en lo secreto de sus vidas, siguen siendo esclavos del pecado porque no dejan de practicarlo.

En este punto, vale la pena que recordemos qué encierra el versículo de Juan 8:36: Dios envió a su único Hijo para que muera por todos nosotros, por cada pecado que el mundo cometió, para que haya victoria sobre el pecado, victoria sobre la muerte eterna y, por ende, seamos libres y no esclavos del pecado.

Y, si decimos que esto es una realidad en nuestras vidas, ¿por qué seguimos siendo esclavos del pecado del que Cristo ya nos libertó?

Cuando insistimos en pecar, estamos diciendo que:
1.       El sacrificio de Cristo no es suficiente
2.       Cristo no liberta del pecado
3.       La sangre de Cristo no limpia del pecado

Amigo lector, si bien es cierto que Dios salva y liberta del pecado, pero en nosotros está dar el paso de fe y, con nuestras acciones, hacer efectivo el sacrificio de Cristo. No podemos esperar completa liberación si no nos esforzamos y, decidimos en firme alejarnos del pecado.

Por esto, debemos dejar de coquetear con el pecado. Pidamos a Dios que nos dé esa fuerza de voluntad que necesitamos para decir NO al pecado. No juguemos con la Gracia de Dios que se manifiesta en inmensa misericordia para con nuestras vidas, y no pisoteemos el sacrificio de amor de Cristo por nosotros.

Finalmente, deseo que los días que nos restan los completemos en santidad, viviendo bajo la voluntad de Dios, siendo verdaderamente libres, para que nuestros días no sean acortados por Él debido a nuestra insistencia en transitar por el camino del pecado.


“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, 
y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
(Gálatas 5:1)


¡Dios lo bendiga!




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