domingo, 21 de mayo de 2017

CONFIANZA PLENA

Texto Bíblico: Juan 15:5

Hace un tiempo atrás, caminando por una hermosa plazoleta de mi ciudad, divisé un cuadro muy interesante y aleccionador.
Un grupo de no-videntes se movían juntos, agarrados de la mano, o tocándose sus hombros unos a otros para no perderse. El punto interesante de este cuadro era que en el centro del grupo los guiaba una persona que sí tenía sus facultades visuales buenas.

Todos buscaban tocar alguna parte de los hombros o brazos del guía para así, tener la seguridad que él los llevaría hacia su destino y por caminos seguros.

Este hermoso cuadro me recordó los innumerables momentos en los que muchos siervos de Dios caminaron asidos de la mano de Él, sosteniéndose “como viendo al invisible”. Y aún, cuando no tenían claro el futuro en sus vidas, sí tenían la seguridad que caminando de la mano de Dios, el futuro estaba asegurado.

Así, tenemos los ejemplos de:

Abraham: quien salió de su tierra y de su parentela bajo la promesa de Dios que de él haría una gran nación. (Gn.12:1-3)

Moisés: decidió obedecer la voz de Dios y dejó que Él trabajara en su vida por 40 años, formándolo en el desierto, para después, convertirlo en el líder del pueblo de Israel. (Heb.11-27)

Josué: tuvo el privilegio de ser el sucesor de Moisés, y se aferró a la promesa de Dios que no lo dejaría ni lo desampararía durante el trayecto a la tierra prometida. (Jo. 1:5)

Ruth: dejó su tierra, parentela, cultura, creencias religiosas, para servir al Dios de su suegra Noemí, porque tenía la seguridad que Jehová Dios les daría el sustento que necesitaban. (Rut 1:16)

Pablo: aprendió a vivir y a contentarse cualquiera que fuera su situación, en especial cuando las circunstancias lo llevaron al borde de la muerte, porque sus ojos estaban fijos en Jesucristo, su Salvador. (Filp. 4: 11-13)

Jesucristo: nos dejó el ejemplo de cumplir la voluntad de su Padre Celestial aun cuando sabía que los caminos por donde transitaba lo llevarían al Calvario, porque su máxima misión era la de salvar al hombre del pecado, por lo tanto, confiaba en la guía de su Padre. (Filp.2:8)

Como puede ver, amigo lector, caminar de la mano de Dios nos brinda  paz, seguridad y la certeza que por los senderos donde transitemos, el Señor nos guiará a lugares seguros. Y cada paso que demos en Su voluntad, nos llevarán hacia el hermoso y anhelado encuentro con Él: en la Patria Celestial.

Porque, el Señor dice en su Palabra:

“…separados de mí nada podéis hacer.”
(Jn. 15: 5c)


¡Dios lo bendiga!




miércoles, 15 de marzo de 2017

¡CON ÉL NO HAY CRISIS!

Texto Bíblico: Salmo 55:22

Hace unas semanas atrás conversaba con un taxista quien me comentaba que su familia es cristiana evangélica, pero que él sólo es simpatizante del evangelio…

Al preguntarle por qué no había recibido a Cristo como su Salvador personal, me comentó que lo único que lo detenía de tomar esta decisión era el no poder cumplir con Dios porque, el día domingo, él debe trabajar para poder pagar el alquiler del taxi que maneja, y él era consciente que el domingo es el día del Señor, por lo tanto, haciendo el cálculo de las horas que él estaría en la iglesia, llegaba a la conclusión que en ese tiempo él ganaría el doble por ser fin de semana, por lo tanto, no le era conveniente, económicamente hablando, desperdiciar ese tiempo en la iglesia, cuando bien podía trabajarlo para llevar el sustento a su familia.

Mientras este señor me daba detalles de sus razones para no involucrarse con el Señor, yo pude advertir que su mayor temor era, la incertidumbre de cómo iba a convertir  el tiempo de la iglesia en dólares…

Bueno amigos, quiero compartir con ustedes lo que le dije al taxista porque, seguramente, usted está pasando por situaciones difíciles y, ante el problema económico mundial, seguro valorará cada minuto y segundo en el que puede producir dinero.

Pues bien, yo le dije al conductor que una vez que entregamos nuestra vida a Dios, Él se convierte en nuestro Padre y como tal, Él se compromete a velar por nosotros, ahora, sus hijos. De manera que el Señor  “…no te dejará, ni te desamparará.” (Deut. 31:6) ¿Cómo?:
- Proveyendo un trabajo para que sustentemos nuestras familias. Prov. 10:3
- Proveyendo hermanos bondadosos que estarán pendientes de nosotros y serán de bendición para nuestras vidas. He. 4:34-35
- Dándonos las fuerzas para que, en medio de las tempestades de la vida, podamos tener paz y tranquilidad. Jn. 14:27
- Cumpliendo su promesa de estar con nosotros todos los días de nuestras vidas. Mt. 28:20b.

Y lo más hermoso, Él puede hacer el milagro de proveernos en abundancia de lunes a sábado, para que el domingo, con gozo y tranquilidad de espíritu, vayamos al templo a adorar y alabar su Nombre por todas sus bondades recibidas durante la semana.
Y es que, asidos de la mano de Dios, hay seguridad para nosotros, nuestro futuro está asegurado.

¡En Él no hay ni existirán para sus hijos: las crisis económicas, espirituales, emocionales ni familiares!

“Echa sobre Jehová tu carga,
y él te sustentará…”
(Salmo 55:22a)

 ¡Dios lo bendiga!


miércoles, 4 de enero de 2017

DERRIBANDO MUROS

Texto Bíblico: Hebreos 4:16

En este año se está hablando mucho de edificar muros en algunas naciones. Algunas autoridades amenazan con amurallar sus países para que “gente indeseable” no ingrese a sus tierras. En el plano local muchos construyen muros de seguridad para sus hogares, o para que el caudal de los ríos no inunde sus tierras por causa del clima.

Aunque construir  muros y barrera es una buena idea, no siempre la intención es proteger; muchas veces la verdadera intención es aumentar más y más la separación entre los pueblos, aislarlos unos de otros y, acrecentar el sentimiento individualista que hoy en día ha enfriado el corazón del hombre.
Yendo al plano espiritual, Dios promete crear un muro de protección para sus hijos de modo que el mal ni los malos puedan destruirlos. Y esto, es una verdad inquebrantable, pero, ¿qué sucede cuando los muros que se construyen en lugar de unirnos a Dios nos separan de Él?

Estimados amigos, hay muros muy elevados, muy gruesos y muy anchos, que nos separan de la comunión con Dios porque no tienen como fin protegernos del mal, sino alejarnos de la presencia de Dios. Y esos muros son los pecados que hay en nuestras vidas.

Estos muros son: tan altos que no nos permiten ver el camino perfecto que Dios nos ofrece, lleno de planes hermosos para nuestras vidas; son tan gruesos que no nos dejan escuchar la voz de Dios hablándonos y diciéndonos que nos arrepintamos de nuestros pecados; son tan amplios que nos aíslan de los demás y, nos hacen creer, falsamente, que nuestra forma de vida es la correcta y perfecta.

Cuando el muro de Jericó fue derribado, el pueblo de Israel pudo ver en su totalidad: el poder, la misericordia, y los planes de Dios para sus vidas.

Mas, para poder derribar el muro del pecado que nos rodea, necesitamos reconocer que en nuestras fuerzas es imposible. Sólo Él nos puede dar la Gracia que necesitamos para que el muro de nuestros pecados se derribe.

Amigo, el pecado en cualesquiera de sus formas nunca nos acercará a Dios, siempre será un muro que nos separará de Él. Así que, lo invito a que el día de hoy, se acerque a Aquel que sí puede darle la Gracia y fortaleza espirituales para derribar todo muro de maldad que lo aparta de Él. Ya que, al enviar Dios a su Hijo Jesucristo a este mundo, se cumplió la hermosa promesa que moriría por nosotros en una cruz, y así derribó la pared intermedia que nos separaba de Dios.

Y ese sacrificio de cruz permitió que el muro del pecado que nos separaba de Él  caiga, “para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16b); y, para que también tengamos el privilegio y libertad de acercarnos al trono de la gracia de nuestro Dios hoy, y por toda la eternidad.

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia,
 para alcanzar misericordia
 y hallar gracia para el oportuno socorro.”

(Hebreos 4:16)

¡Dios lo bendiga!