jueves, 1 de enero de 2015

“MI AMOROSO PADRE…”

Texto Bíblico: Jeremías 31:3

Hace unas semanas atrás me contaron una emotiva historia de un padre recordando situaciones que pasaron cuando su hijo era un pequeño niño.
Este padre recordaba que su primogénito, cuando fue inscrito en el jardín de infantes, las primeras semanas dio mucha guerra. A veces iba llorando, otras veces le decía a su papá que lo cargue porque estaba cansado y que lo despierte cuando llegaran al jardín. Lo enviaban muy limpio y perfumado, pero él regresaba muy sucio. Y así, un sin número de situaciones tuvo que pasar este padre hasta que su hijo comprendió que lo único que él deseaba era su bien, que su hijo llegara más lejos de lo que ellos habían llegado, en cuanto a preparación académica se refiere…

Han pasado los años, y actualmente, este joven ya es un profesional. Ayuda en el negocio familiar, es el orgullo de sus padres, y sirve en la iglesia al Señor, con los dones y talentos que Dios le ha dado. Y lo bueno de todo, es que este hijo da gracias a Dios por sus padres y la paciencia que tuvieron con él desde niño, hasta hoy, ya que en todo momento puede contar con ellos, sabiendo que sus padres lo aman entrañablemente.

Y esto me hace recordar el actuar de nuestro Padre Celestial una vez que decidimos aceptarlo como nuestro Dios y Salvador personal. Es allí cuando nuestro Amoroso Padre Celestial nos inscribe en la “escuela de la vida cristiana”.

Al principio nos parecerá que esta escuela es muy exigente, aburrida; y cada mañana le pondremos mil y un pretextos para no  enfrentarnos como creyentes en Cristo al diario vivir. También, otras veces lloraremos, le reclamaremos a Dios el por qué nos inscribió en esta escuela, ya que las lecciones para aprender son muy duras, son cargas muy pesadas.
En otros momentos, le diremos a nuestro Padre que estamos cansados, que ya no queremos caminar hacia la “escuela”, pero Él, sin decir una palabra, nos cargará hasta que estemos en condiciones de caminar y nos sintamos fortalecidos, menos fatigados. También sucederá, que los consejos que nos dé nuestro Padre Celestial no nos agradarán y querremos abandonar “la escuela”, pero Él, pacientemente, tratará con nosotros para que avancemos y no nos quedemos atrás.

Incluso, habrá momentos críticos que, cual hijo pródigo, abandonaremos la “escuela de la vida cristiana”, nuestro refugio junto a Él, y nos iremos muy lejos, tocando fondo. Pero aún ahí, Él estará esperándonos pacientemente y, cada día estará mirando al horizonte, esperando ver nuestra silueta y así poder  extendernos sus brazos amorosos dándonos la bienvenida al hogar;  porque, aunque hayamos pecado contra Él, por más sucios e inmundos que regresemos, nuestro Amoroso Padre siempre nos recibirá, si arrepentidos decidimos regresar al hogar, y con el firme propósito de no volver atrás.

Así es mi Amoroso Padre Celestial: misericordioso, compasivo, paciente, lleno de amor, perdonador. Y puede ser su Padre Celestial también, si le entrega hoy su corazón y permite que la sangre de su Hijo Jesucristo, lo limpie de todo pecado…

Aunque yo sé que lo primero que Él hará será inscribirlo en la “escuela de la vida cristiana”, y que, no será nada fácil; pero lo que sí le puedo asegurar, por mi propia experiencia,  es que, mi Amoroso Padre estará a su lado guiándolo, sosteniéndolo, y aconsejándolo, hasta que llegue el día de nuestra graduación (si perseveramos hasta el final), la misma que será una ceremonia muy hermosa ¡En la Patria Celestial!

“Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo,
diciendo:
Con amor eterno te he amado;
por tanto, te prolongué mi misericordia.”
(Jeremías 31:3)


¡Dios los bendiga!