martes, 30 de junio de 2015

MANUAL PARA MORIR

Texto Bíblico: Lucas 22:42

Estuve conversando  hace algún tiempo con amigos y familiares que, como yo, han perdido o están por perder  algún ser querido. Así, conversábamos sobre cómo nos hubiera gustado que mueran nuestros seres amados, y cómo desearíamos morir nosotros. Entonces, recordé que yo siempre he deseado tener una muerte rápida y que cause el menor dolor a toda mi familia. Y así, me surgieron algunas interrogantes sobre el tema de la muerte:¿Dónde me gustaría morir?, ¿Cuándo quisiera morir?, ¿De qué enfermedad moriré?, ¿Cuánto tiempo me resta de vida?, ¿quisiera estar sola en un hospital o rodeada de mi familia en mi casa?, ¿Dónde quiero que me entierren?, ¿Cómo será el programa de mis honras fúnebres?, y sin darme cuenta empecé a responder a cada una de estas preguntas, pero mientras me las respondía un sentimiento de ansiedad y preocupación invadía mi ser…..

Mas, al momento me dije: “¿Zoila por qué haces esto?, ¿te das cuenta que estás escribiendo tu propio manual para morir?, ¿te has dado cuenta que en este manual no está incluido Dios y por eso estás llenándote de preocupación y ansiedad? Entonces, vino a mi mente la vida del Señor Jesucristo en sus últimos momentos de vida, y revisando las Sagradas Escrituras me di cuenta que desde el principio de su ministerio en esta tierra hubo personas y situaciones que tentaron al Hijo de Dios para que Él creara su propio manual de su muerte, haciendo a un lado los planes de Dios, y así poder aliviar un poco su futuro sufrimiento.

De esta manera, vemos cómo Satanás lo tienta en el desierto y le ofrece todos los poderes de este mundo. Si Jesucristo hubiera cedido a los ofrecimientos del diablo, entonces, el plan Redentor no se hubiera cumplido. (Mateo 4:1-11)
Por otro lado, cuando Jesús anuncia su muerte, Pedro, uno de sus apóstoles le pide que tenga compasión por sí mismo y que no vaya a Jerusalén; pero una vez más Jesús hace caso omiso porque quería concluir la voluntad de su Padre. (Mateo16:21-23)

Finalmente, pude ver que a Jesucristo mismo comenzó a invadirlo la tristeza, la angustia, desesperación porque sabía que la hora se acercaba, y, como Hijo de Dios, conocía todo lo que le sucedería. Como es normal, le rogó al Padre Celestial si podía morir de otra forma, quizás con menos dolor. (Mateo 26:39). Y aquí, lo interesante fue que no hubo respuesta del Padre Celestial en cuanto a cambiar los planes, sino que cuando Jesús se entregó por completo, en esa hora de angustia,  a la voluntad de Dios, entonces, Él envió el consuelo y la fortaleza que necesitaba para tomar valor y seguir adelante. Así, Dios envió un ángel del cielo para darle palabras de valor y fortalecerlo (Lucas 22:43).

Así es, mis estimados amigos, después de esta lectura sobre la vida de Jesús, mi única respuesta a todas mis interrogantes sobre mi muerte es que yo quiero morir dentro de la voluntad de Dios, porque sólo entonces encontraré:
1. Fortaleza para enfrentar la muerte
2. Consuelo en medio del dolor
3. Paciencia para sobrellevar el proceso de la muerte de mi cuerpo
4. Gozo de poder dar testimonio de mi fe en Cristo aun en mis últimos momentos de vida
5. Confianza de que mi partida será en el momento justo
6. Paz en mi corazón para sentirme a cuentas con Dios
7. Tranquilidad de que no estaré sola a la hora de morir, pues, aunque no haya ningún familiar o amigo a mi lado, mi mejor compañía será la del Señor y sus ángeles quienes sí estarán junto a mí.
8. Esperanza que le veré a Él cara a cara y descansaré por toda la eternidad.

“…pero no se haga mi voluntad sino la tuya”
(Lucas 22:42b)


¡Dios lo bendiga!



4 comentarios:

  1. sabes Zoila, que yo tambien me hacia la misma pregunta, pero quiero morir haciendo la voluntad de Dios.

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    1. Amén Jenny, gracias por tu comentario. Bendiciones!

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  2. Una reflexión interesante que me ha gustado mucho. Agradezco a Dios que pasé por aquí y ruego seas bendecida en lo que haces.
    Gracias.

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    1. Muchas gracias por su comentario, me anima a seguir con este blog. Le deseo muchas bendiciones de parte de nuestro común Salvador!

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