lunes, 8 de diciembre de 2014

“¡CUIDADO PIERDES TU HERENCIA!”

Texto Bíblico: Génesis 27:1-40

Amigo lector, ¿qué clase de herencia le gustaría recibir?, ¿se encuentra a la espera de una herencia?, ¿acaso ya recibió su herencia, pero está inconforme con la parte que le tocó?, ó, ¿se encuentra en medio de un acalorado litigio porque le quieren arrebatar su herencia? Y hablando de herencias,  recordaba dos incidentes reales, y, aunque las dos historias fueron en diferentes épocas, pero lo que las une es que, una de las partes perdió su herencia.

En la primera historia: Esaú (Génesis 25: 27-34; 27:1-40), según el capítulo 25 de Génesis, decide vender a su hermano Jacob su primogenitura por un plato de comida. Esto, sin lugar a dudas traería graves consecuencias, porque, aunque Esaú amaba mucho a su padre y, esperaba recibir como herencia una bendición especial para su vida, en el capítulo 27 vemos cómo su hermano Jacob, con engaños, logra recibir esa bendición especial destinada para su hermano mayor. Sólo allí, Esaú se dio cuenta del tremendo error que significó vender su primogenitura, ya que este no era un sitial terrenal, sino un privilegio que Dios le había dado al ser el primogénito, pero cuando reparó en ello, ya era demasiado tarde…

En la segunda historia: Una hermana cuidó de su otra hermana agonizante hasta el último momento, con la promesa que cuando muriera, la casa de la difunta quedaría a nombre de sus hijas (esta familia ya posee su casa propia). Mas, la sorpresa para esta familia fue enorme cuando en el testamento apareció que los beneficiarios de la casa eran unos parientes que nunca habían visto por ella, y ahora eran dueños de esa casa. Actualmente esta hermana maldice a la difunta, y el haber destinado su tiempo  “para nada…”

Así es amigos, existen diferentes clases de herencias: las espirituales y las materiales; y ambas se pueden perder. Pero, la herencia que es más dolorosa perder es la espiritual. Por esto, Cuando visitamos a un enfermo, normalmente lo hacemos para darle ánimo; pero, cuando el enfermo termina dándonos palabras de consuelo, especiales consejos para nuestras vidas, esa sin duda, es una ¡más grande y mejor herencia!

Hace un tiempo atrás estuve visitando a mi abuelita materna, y fui con el propósito de animarla en medio de su enfermedad. Fue un tiempo hermoso, porque cantamos himnos, coros, leímos la Biblia, y cantamos algunas veces   el himno Un Gran Salvador es Jesús el Señor. Al final de la tarde, cuando me acerqué a despedirme de ella (estábamos solas), me pidió que se lo cante otra vez, y de pronto ella me agarró fuertemente de la mano, fijó su rostro en el mío y me repitió una y otra vez una parte del himno, y me sonrió tiernamente. Aunque ella no sabía por lo que yo estaba pasando en esos días, pero sus palabras me llenaron de  paz y tranquilidad para enfrentar el día a día, sabiendo que tengo un Gran salvador llamado Jesucristo.

¡Y esta es mi herencia!, el recordar, cada vez que me sienta desanimada este hermoso canto, y también, el recuerdo que por unos minutos mi abuela me lo dedicó a mí. Esta herencia me pertenece, por lo tanto, ¡nadie podrá arrebatármela jamás! Pero, como las herencias espirituales se deben compartir, para bendecir a otros, en esta ocasión, amigo lector,  les quiero dejar la letra de la primera estrofa y el coro de uno de los himnos preferidos de mi querida abuelita, con la certeza que la letra del mismo, traerá paz, fortaleza y gozo a su espíritu.

“Un Gran Salvador es Jesús el Señor”
Un gran Salvador es Jesús el Señor,
Un gran Salvador para mí.
Protege mi vida de todo temor,
Refugio me ofrece aquí.

Coro: Protege mi alma de todo temor,
La libra de toda ansiedad.
Mis dudas quitó y yo sé que su amor,
Feliz protección me dará, Feliz protección me dará.


¡Dios lo bendiga!