jueves, 10 de julio de 2014

“QUE NO OLVIDEN TU ROSTRO…”

Texto Bíblico: 2 Corintios 4:16

Hace un tiempo atrás, me comentaron que en la televisión dieron un “reality show” sobre jovencitas que deseaban ser modelos, y entre las tareas impuestas estaba el de modelar vestidos de novias de diferentes estilos y diseñadores. Al final, el jurado elegiría a la que más le impactara no sólo por su forma de modelar, sino, principalmente por la belleza de su rostro.

Así, pasaron una tras otra modelando con sus blancos vestidos. De repente, le tocó el turno a una joven que modelaba un vestido de novia ¡negro!...De seguro iba a captar la atención del jurado, con semejante ventaja frente a las demás competidoras vestidas de blanco.

Mas, la sorpresa fue enorme cuando los miembros del jurado, a la hora de elegir a la ganadora, primero, se estaban olvidando que había una modelo que vistió de negro; segundo, uno de los miembros del jurado dijo algo que, para toda modelo es sentencia de muerte: “¿cómo era su rostro?, ¿alguien recuerda su rostro?...”

Así es, amigos, como la modelo mencionada anteriormente, mucha gente pasa por este mundo haciendo acciones para sobresalir y lograr un sitio de renombre, pero, al final de sus días, pocos recuerdan lo que hicieron y, con el paso de los años, sus rostros se van esfumando, cual niebla, de la mente de las personas.

Pero, a mí me llama mucho la atención nuestro Señor Jesucristo, porque, sea que crean o no en su existencia, todo el mundo conoce quién fue Él. Incluso, hoy se dan tiempo para hacer documentales y descubrir a este “enigmático ser” que cambió la historia y la vida de muchas personas y que, actualmente, sigue teniendo miles de seguidores, y sin necesidad de tener un perfil en alguna  página social en Internet.

Ahora, ¿a qué se debe el hecho que muchos recuerden la existencia del Hijo de Dios en este mundo, sin ni siquiera tener una fotografía suya?, ¿cómo es posible que sigamos recordándolo? A mi parecer, hubo un aspecto muy importante que Él cultivó en este mundo, y fue el de perfeccionar su rostro espiritual, que equivale al reflejo del rostro espiritual del Padre Celestial.

Así, Jesucristo buscó estar cada día en comunión íntima con su Padre Celestial, y fue esa especial comunión que le motivó a hacer acciones llenas de amor, compasión y misericordia a los demás. Estilo de vida que culminó con la mayor acción jamás olvidada: ¡Su sacrifico en la cruz por nosotros!

Amigos, recordemos que nuestro rostro físico cambia por: enfermedades, dificultades de la vida, cirugías, accidentes, el paso de los años, etc.; pero, el rostro espiritual es el único que se renueva día a día, no envejece.

Finalmente, si buscamos vivir como Cristo vivió entre nosotros, no importará el tiempo transcurrido; o, si ya no estamos en este mundo, pues, cada buena acción que hayamos hecho será recordada por todos, y nuestro rostro espiritual perdurará por siempre en el corazón y mente de aquellos que nos conocieron.


“Por tanto, no desmayamos;
antes aunque este
nuestro hombre exterior
 se va desgastando,
el interior no obstante
 se renueva de día en día.”
(2 Corintios 4:16)


¡Dios lo bendiga!