viernes, 4 de abril de 2014

“EL NEGOCIO DE COMIDAS”

Texto Bíblico: Lucas 10:38-40a

Hace unas semanas atrás estuve tomando unas vacaciones en una de las playas de mi país y, como el lugar donde estaba descansando quedaba enfrente de la playa, me dirigí con mi madre, a uno de los tantos puestos de comidas que ofrece el sector para almorzar.

Allí nos atendió una amable madre de familia, quien pronto se puso a conversar con nosotras, y durante el tiempo que estuvimos almorzando, esta joven madre, nos contó cómo había levantado este negocio de comidas, y cómo día a día luchaba para lleva el dinero para alimentar a sus 6 hijos, y cuánto había sufrido con los maltratos de su esposo.
Pues bien, esta joven mujer nos contó historias de tristeza y superación, y al menos, por treinta minutos, nos tuvo pendientes de sus necesidades y para finalizar, se identificó como cristiana evangélica.

Con esta declaración, mi madre y yo también nos identificamos como tales, acto seguido, le dimos consejos pertinentes a la luz de la Biblia, y antes de retirarnos, le pregunté a la señora si me permitía hacer una breve oración por ella, su familia y el negocio, a lo que ella respondió de forma afirmativa.

Así que, oré por ella de manera breve, y al finalizar, cuál  sería nuestra sorpresa que la señora no había estado orando con nosotras, sino que (en silencio) estaba haciendo señales con su mano para atraer clientes al local. Cuando nos vio que terminamos nos agradeció el gesto y acto seguido, continuó llamando a potenciales clientes…

Apreciados amigos, esta historia, más allá de incomodarme me llevó a reflexionar que hay mucha gente que quiere que otros escuchen sus problemas, les ayuden a dar solución a los mismos; incluso, asisten a una iglesia, se bautizan y se autodenominan creyentes en Cristo como un amuleto para que les vaya bien en todo.
Pero, cuando tienen que acercarse más a Dios en oración, leyendo y practicando Su Palabra, asistir a cultos en la iglesia; entonces, están muy ocupados y lo solucionan diciendo: “Oren por mí”, “A usted Dios sí la escucha”, “Dedíqueme un versículo”, “Tengo que trabajar, pero escucharé las predicaciones de este domingo por radio o, compro el cd.”, etc. Y así, presentan mil y un excusas para no involucrarse de manera personal y completa con el Señor.

De esta manera, le “delegan” el trabajo espiritual a otros y, como la mujer de esta historia, mientras otros interceden con sus oraciones por sus necesidades; ellos continúan concentrados en sus quehaceres porque sus negocios son más importantes que Dios y ya tienen “quien esté menos ocupado y por lo tanto, que ore por ellos”.

Amigo lector, el crecimiento espiritual, el caminar en santidad es un asunto personal y, si no buscamos a Dios de una manera más íntima, seria y comprometida, nunca podremos conocer cuál es la voluntad de Él para nuestras vidas. ¿Desea usted que Dios lo escuche y responda a sus oraciones? Busque conocer más de Él cada día en oración y por medio de la lectura de la Santa Biblia. No delegue este tiempo hermoso de comunión íntima con el Señor a otros porque usted está “ocupado”. ¡Este es su privilegio y deber!

Recuerde: Dios tiene tiempo para usted las 24 horas del día, sus oídos siempre están prestos a escucharlo; así que, haga usted lo mismo con nuestro Dios, restablezca  con  ÉL esa comunicación interrumpida que ha mantenido por largo tiempo, y transforme cada día de su vida en un tiempo hermoso sin interrupciones con nuestro común y amado Salvador.

“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea;
y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Esta tenía una hermana que se llamaba María,
la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres,…”

(Lucas 10:38-40a)


¡Dios lo bendiga!


3 comentarios:

  1. Hermosa reflexión para pensarla y atesorarla en nuestros corazones. Gracias hermana querida por compartir esta vivencia.Dios bendiga grandemente a ti y familia. Un abrazo desde Uruguay

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    1. Gracias Hermana Ana por detenerse en este espacio y leer esta experiencia de vida que sin duda nos ayuda a reflexionar y enmendar nuestro andar con el Señor!. Bendiciones para usted y toda su familia!

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