miércoles, 4 de diciembre de 2013

“EL UNIFORME”

Texto Bíblico: 1 Pedro 1: 15b-16

Hace un tiempo atrás escuché que una madre de familia contó una anécdota de ella cuando su hija, que estaba en colegio, le pidió que la dejara invitar a su casa  a sus compañeras de aula para festejar su cumpleaños.

Pues bien, en cuanto a la invitación, a la mamá no le pareció mala idea porque conocía a las compañeras de su hija; las había visto en el colegio y la señora tenía una buena imagen de estas adolescentes, es decir, se las conocía como chicas “bien portadas”.

Llegado el día de la fiesta, la hija salió a recibir a sus compañeras de clase, y cuál no sería la sorpresa de la madre, que algunas de las compañeras de su hija llegaron, primeramente, con otras personas que ellos no conocían; y no solamente hubo este incidente, sino que las chicas comenzaron a actuar y hablar de una manera no apropiada para la edad que decían tener. Es decir, tanto su vestir como su hablar eran totalmente diferentes al que ella estaba acostumbrada a ver y oír.
Al final de la tarde la madre se quedó muy preocupada por lo que había visto y terminó expresando: “Es que con el uniforme se las veía a todas iguales, en un mismo pensar y actuar. Cómo cambian sin el uniforme del colegio…”

Todo este relato trajo a mi memoria la vida cristiana, y cómo, muchas veces, dentro de la iglesia nos ponemos todos un mismo uniforme con un gran membrete que dice santidad, pero, cuando salimos de la iglesia, nuestras acciones dejan mucho que desear.

Así, fuera de la iglesia hacemos lo siguiente:
- No le contamos a nadie que somos seguidores de Cristo
- Nos conformamos al mundo fácilmente
- Hacemos mal a otros para mantenernos en nuestros puestos de trabajo
- Recibimos coimas
- Chantajeamos
- Maldecimos
- Somos agresivos con los que nos rodean
- Somos chismosos, calumniadores, inventores de males
- Somos hipócritas, etc.

Y la lista va en aumento, ya que según nuestras circunstancias actuamos en bien de nuestros propios intereses y deseos. Mas, cuando pisamos la iglesia la siguiente semana, volvemos a usar el uniforme de “cristianos” y a vestirnos de lo que nosotros llamamos “santidad”…

Amigos lectores, Dios quiere que vivamos en santidad real, y que cada día que pase nos pongamos ropas espirituales cristianas dentro y fuera de la iglesia. Dios quiere que sigamos el ejemplo de su Hijo Jesucristo quien siempre vivió en santidad y nunca se avergonzó de ser Hijo de Dios, aunque eso significó su propia muerte.
Recuerde que la ropa que usted y yo usamos a diario debe ser cambiada de acuerdo con el lugar y la ocasión donde nos encontremos, pero Dios le ofrece una ropa que jamás necesitará ser quitada, pues, no se daña, no se ensucia, y no necesita ser cambiada según la ocasión.

Esta ropa es especial porque no cambia, y si nos la ponemos y nunca nos la sacamos, entonces, hará que siempre seamos los mismos dentro y fuera de la iglesia. Seremos hombres y mujeres de bien que aman a su prójimo; que no buscan el mal para otros, y  que cada día manifiestan con sus acciones el grato olor de Cristo en sus vidas.

Finalmente, le hago una pregunta, amigo lector, ¿Qué ropa está usando en estos momentos?, ¿está usando un uniforme que simula santidad y que puede ser cambiado según la ocasión?, ¿o tiene puesta la ropa de real santidad, la misma que Jesucristo llevó mientras estuvo en esta tierra?

“…sed también vosotros santos 
en toda vuestra manera de vivir; 
porque escrito está: 
Sed santos, porque yo soy santo.”

(1 Pedro 1: 15b -16)


¡Dios lo bendiga!


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