lunes, 25 de febrero de 2013

“Y USTED… ¿QUÉ ESCONDE?”


Texto Bíblico: Génesis 3: 6-19

Leí en un periódico de mi ciudad que algunas personalidades políticas de ciertos países estaban pasando duros momentos al ser retirados de sus cargos públicos, pues, sus imágenes habían sido manchadas con las denuncias (comprobadas) que sus títulos académicos eran falsos. Y esto me llevó a pensar que el común denominador de todos ellos fue: “el guardar un secreto  por años y creer que nunca se descubriría la verdad…”

Lo triste de todo esto, apreciados lectores, es que al final salió a la luz la verdad y, esto no sólo trajo vergüenzas y deshonras personales; sino  tristeza, y el sentimiento de traición por parte de todas las personas que apoyaban sus trabajos y proyectos en los lugares donde ellos laboraban.

Entonces, recurrí a  la historia bíblica de Adán y Eva, y recordé que ellos también pasaron por la vergüenza y deshonra, al verse descubiertos. Trataron de ocultarse, pero Dios, que todo lo sabe y ve, les salió al encuentro con esta pregunta: ¿Dónde estás tú?
Así, la cronología de esta historia, a la luz de las Escrituras, podría anotarse de la siguiente manera:

1.      Tanto Adán como Eva cedieron a la tentación y pecaron. (vr.6)
2.      Después de ceder al pecado se dieron cuenta de la magnitud del mismo. (vr.7a)
3.      Trataron de cubrir su pecado con todo lo que estaba a su alcance. (vr.7b)
4.    Se ocultaron de la presencia de Dios tratando de esta forma de acallar sus propias conciencias. (vr.8)
5.   Aún así, Dios continuó llamándolos para recordarles que Él sí conoce nuestros más internos pensamientos; nuestra “doble cara”. (vr.9-10)
6.      Aunque ellos trataron de esconder lo malo que habían  hecho, Dios se encargó de sacar a la luz lo que con tanto afán escondían. (vr. 11)
7.    Dios nunca solapó el pecado de Adán y Eva, Él no fue cómplice de lo malo que ellos hicieron. (vr.16-19)

Estimados amigos, no gastemos tiempo inventando excusas para ocultar nuestro pecado ante los hombres, porque lo más importante es lo que Dios opine de nosotros, no lo que el mundo entero piense de usted y de mí. Confesar a tiempo nuestro pecado ante Dios,  apartarnos del mismo, y rectificar lo malo que hemos hecho,  evitará que caigamos en vergüenza frente al resto del mundo.

Al final, estimado lector, lo invito a que se plantee las siguientes preguntas: ¿qué escondo ante los demás?, ¿cuánto tiempo lo llevo ocultando?
Recuerde que: “no hay mentira perfecta; algún día se sabrá  toda la verdad”, y sus malos actos quedarán al descubierto junto con las funestas e inevitables consecuencias.



“Porque nada hay encubierto,
que no haya de descubrirse;
ni oculto, que no haya de saberse.
Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas,
a la luz se oirá;
y lo que habéis hablado al oído en los aposentos,
se proclamará en las azoteas.”
(Lucas 12:2-3)

¡Dios lo bendiga!



1 comentario:

  1. Dios en su justicia siempre obrará a favor de la verdad. Excelente exposición. ^^

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