miércoles, 4 de diciembre de 2013

“EL UNIFORME”

Texto Bíblico: 1 Pedro 1: 15b-16

Hace un tiempo atrás escuché que una madre de familia contó una anécdota de ella cuando su hija, que estaba en colegio, le pidió que la dejara invitar a su casa  a sus compañeras de aula para festejar su cumpleaños.

Pues bien, en cuanto a la invitación, a la mamá no le pareció mala idea porque conocía a las compañeras de su hija; las había visto en el colegio y la señora tenía una buena imagen de estas adolescentes, es decir, se las conocía como chicas “bien portadas”.

Llegado el día de la fiesta, la hija salió a recibir a sus compañeras de clase, y cuál no sería la sorpresa de la madre, que algunas de las compañeras de su hija llegaron, primeramente, con otras personas que ellos no conocían; y no solamente hubo este incidente, sino que las chicas comenzaron a actuar y hablar de una manera no apropiada para la edad que decían tener. Es decir, tanto su vestir como su hablar eran totalmente diferentes al que ella estaba acostumbrada a ver y oír.
Al final de la tarde la madre se quedó muy preocupada por lo que había visto y terminó expresando: “Es que con el uniforme se las veía a todas iguales, en un mismo pensar y actuar. Cómo cambian sin el uniforme del colegio…”

Todo este relato trajo a mi memoria la vida cristiana, y cómo, muchas veces, dentro de la iglesia nos ponemos todos un mismo uniforme con un gran membrete que dice santidad, pero, cuando salimos de la iglesia, nuestras acciones dejan mucho que desear.

Así, fuera de la iglesia hacemos lo siguiente:
- No le contamos a nadie que somos seguidores de Cristo
- Nos conformamos al mundo fácilmente
- Hacemos mal a otros para mantenernos en nuestros puestos de trabajo
- Recibimos coimas
- Chantajeamos
- Maldecimos
- Somos agresivos con los que nos rodean
- Somos chismosos, calumniadores, inventores de males
- Somos hipócritas, etc.

Y la lista va en aumento, ya que según nuestras circunstancias actuamos en bien de nuestros propios intereses y deseos. Mas, cuando pisamos la iglesia la siguiente semana, volvemos a usar el uniforme de “cristianos” y a vestirnos de lo que nosotros llamamos “santidad”…

Amigos lectores, Dios quiere que vivamos en santidad real, y que cada día que pase nos pongamos ropas espirituales cristianas dentro y fuera de la iglesia. Dios quiere que sigamos el ejemplo de su Hijo Jesucristo quien siempre vivió en santidad y nunca se avergonzó de ser Hijo de Dios, aunque eso significó su propia muerte.
Recuerde que la ropa que usted y yo usamos a diario debe ser cambiada de acuerdo con el lugar y la ocasión donde nos encontremos, pero Dios le ofrece una ropa que jamás necesitará ser quitada, pues, no se daña, no se ensucia, y no necesita ser cambiada según la ocasión.

Esta ropa es especial porque no cambia, y si nos la ponemos y nunca nos la sacamos, entonces, hará que siempre seamos los mismos dentro y fuera de la iglesia. Seremos hombres y mujeres de bien que aman a su prójimo; que no buscan el mal para otros, y  que cada día manifiestan con sus acciones el grato olor de Cristo en sus vidas.

Finalmente, le hago una pregunta, amigo lector, ¿Qué ropa está usando en estos momentos?, ¿está usando un uniforme que simula santidad y que puede ser cambiado según la ocasión?, ¿o tiene puesta la ropa de real santidad, la misma que Jesucristo llevó mientras estuvo en esta tierra?

“…sed también vosotros santos 
en toda vuestra manera de vivir; 
porque escrito está: 
Sed santos, porque yo soy santo.”

(1 Pedro 1: 15b -16)


¡Dios lo bendiga!


jueves, 19 de septiembre de 2013

“PASO A PASO…”

Texto Bíblico: Salmos 118:24

Hace un mes tuve el privilegio de conversar con una amada hermana en la fe de Cristo que asiste a nuestra iglesia.

La última vez que la vi estaba postrada en su cama. Estaba prácticamente agonizando y, en lo personal, pensé que no pasaría de esa semana. (Padece cáncer terminal y los médicos la han desahuciado)

Pero, ¡grande fue mi sorpresa cuando a los 15 días la vi en la iglesia, junto a su familia! Se la veía muy saludable, no parecía la misma mujer que 15 días atrás vi al borde de la muerte.

Así, me acerqué a saludarla y, ella muy contenta, me dijo que el Señor la levantó por esta semana…
Y al preguntarle: ¿cómo así usted dice por esta semana?, ella me respondió lo siguiente:

“Así es hermana, sucede que hace años oraba a Dios que me sanara del cáncer y no ha ocurrido eso. Después le pedí a Dios que me llevara con Él rápido, y eso tampoco sucedió. Y en cada recaída que he tenido, le he dicho a Dios que ya estoy lista y que me lleve en ese momento; y cada vez que digo eso, el Señor me levanta y me da fuerzas para vivir otro día más.

“Al principio no entendía lo que Dios quería de mí (me decía esta hermana), pero poco a poco he llegado a entender que Él desea que yo disfrute cada instante de vida que me dé. Que cada día que pase yo sepa ser una mujer agradecida a Él y, que debo aprovechar cada minuto para meditar en Su Palabra y ser de soporte espiritual para mi familia y todos los que me rodean.

Así que, hermana (continuó diciéndome) he decidido vivir la vida paso a paso porque sé que el día que el Señor me lleve me avisará, y sabré que ha llegado el momento…”

Actualmente, esta valiente mujer no ha podido asistir a los cultos de la iglesia porque ha tenido otra recaída y, no sé si su tiempo en la tierra está por concluir, pero sus palabras produjeron en mí un enorme impacto.

Así, vivir la vida paso a paso, ser agradecidos con Dios por cada momento en esta tierra y preocuparse por ser de bendición para los que nos rodean, ese era el mensaje que Jesucristo siempre nos predicó cuando vivió entre nosotros. Y ese es el mismo mensaje que día a día nos dejan hermanos y hermanas en la fe de Cristo  que se entregan a la voluntad buena, agradable y perfecta, de nuestro Dios, cualquiera que sea el pronóstico de vida.

Amigos lectores, les animo a que vivamos con paciencia la carrera de fe que tenemos por delante; puestos los ojos en Jesucristo, y repitiendo cada día, con todo nuestro corazón las palabras del salmista:

“Este es el día que hizo Jehová;
Nos gozaremos y alegraremos en él.”
(Salmos 118:24)


¡Dios lo bendiga!



jueves, 22 de agosto de 2013

“¡TODO LO PUEDO EN CRISTO!”

Texto Bíblico: Filipenses 4:13

Muchas veces escucho decir: “¡Ve, pide ese aumento, porque todo lo puedes en Cristo!”; “Compra ese carro, la casa de tus sueños, entra en este negocio, porque todo lo puedes en Cristo”. Y así, la lista de deseos y anhelos personales es larga y siempre acompañada del versículo ya mencionado. Frente a esto, no me queda la duda que entendemos mal este versículo porque lo tomamos como si Cristo nos diera poder, similar al de las películas de ciencia ficción, similar al poder de algún súper héroe de la televisión y, con ese poder “adquirido”, podemos hacer el papel de superman y lograrlo todo con sólo pronunciar la frase: Todo lo puedo en Cristo.  

Desgraciadamente, en ese papel de creernos superhéroe  caemos muchos de nosotros, de manera que podemos vencer (con sólo repetir este versículo) toda tentación, evitar pecar, curar nuestras enfermedades, mejorar nuestra economía, mejorar las relaciones entre esposos, novios o amigos, etc…

Es por esto, que deseo nos detengamos en Filipenses 4:13 con una mirada más profunda, y juntos, con la ayuda del Espíritu Santo, enfoquémonos en algunas verdades que nos ayudarán a darle un significado más edificante y apropiado para nuestras vidas.

Cuando el Apóstol Pablo dijo “Todo lo puedo en Cristo”, se refería a lo siguiente:
Que en su condición de ser humano con limitaciones, en la vida cristiana se encontraría con situaciones adversas, difíciles de soportar, que harían tambalear su fe; situaciones en que mejor sería desear la muerte. “Todo lo puedo en Cristo” significó para el Apóstol Pablo que esas adversidades, difíciles de soportar no debía llevarlas él solo; que debía entregarlas a Aquel que pudo soportarlo todo cuando vivió entre nosotros.

Así, cuando el Apóstol Pablo dijo: “Todo lo puedo en Cristo”, culminó la frase con “que me fortalece”. Él no pensaba que tenía poderes sobrenaturales para vencer a todos y a todo, sino que sabía que el confiar en Dios y depositar las cargas en Él le darían fuerzas espirituales para mantener viva su fe, para no perder las esperanzas y conservar el gozo sirviendo al Señor. ¿Y saben por qué? Porque la fortaleza que el Señor nos da nos permite:
- Mirar las dificultades y adversidades bajo otra perspectiva; más positiva, más espiritual
- Nos permite decirle a Dios que tome nuestra carga ya que nosotros solos no podemos llevarla.
- Nos permite entender que necesitamos de la ayuda de otras personas que Él pone a nuestra disposición para aliviar nuestras cargas.
- Nos permite recibir la paz que sólo Dios puede darnos aún en medio de la dura prueba.

¡Y es esto lo que experimentó el Apóstol Pablo!, pues,  hubo hermanos que en su debido momento, vieron la necesidad del Apóstol y fueron a su encuentro (movidos por Dios), para suplir todo lo que le faltaba y aliviar su pesada carga. Esa fue la provisión de Dios para fortalecer el espíritu cansado de Pablo.

Como ven, apreciados lectores, este versículo encierra significados más profundos cuando uno lo lee bajo una perspectiva espiritual, no material. Así, no se trata de magia, o algo sobrenatural que poseemos para ser superiores a otros y lograrlo todo; se trata de intimidad con Dios, comprensión de nuestra humanidad limitada, dependencia a Dios. Se trata de aprender a sonreír en medio de las pruebas, de entregar todas nuestras necesidades a Dios sabiendo que Él lo suplirá todo, y en ese suplirlo todo, nuestro espíritu cansado se refresca y renueva día a día dándonos fuerzas para continuar…
Sólo cuando lleguemos a comprender Filipenses 4:13 como lo comprendió Pablo, podremos decir con total convicción:

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”

Filipenses 4:13

¡Dios lo bendiga!


martes, 2 de julio de 2013

“¡MAS AHORA MIS OJOS TE VEN!”

Texto Bíblico: Job 42:5

Muchas veces había leído el libro de Job y siempre pensaba que era un hombre ejemplar al que Satanás golpeó hasta lo extremo para tratar que blasfemara el nombre de Dios y probar que no era un hombre justo. Sin embargo, siempre me quedaba la duda que si Job era un hijo de Dios ejemplar, entonces, ¿por qué sufrió tanto?, ¿acaso eso no está reservado para aquellos hijos que no son conforme al corazón de Dios?

Así, una vez más, me dispuse a leer este libro y, con la ayuda del Espíritu Santo, encontré algunos puntos interesantes que estoy segura, apreciado lector, serán de mucha bendición para usted como lo fueron para mí.

1. La perfección del hombre no se compara con la perfección divina.
·         Dios permitió estas pruebas en Job para que él reconozca que tenía pecados que confesar y que era necesario un cambio de vida. Job estaba, acaso, lleno de orgullo espiritual, y esto le hacía criticar las acciones de Dios contra él, pues, se consideraba un hombre “recto y justo”.

2. No siempre los amigos son los mejores consoladores.
·         Muchas veces nos acercamos a los amigos para contarles nuestros sufrimientos, y recibimos a cambio una lluvia de exhortaciones, acompañadas de versículos bíblicos que en lugar de levantarnos nos hunden en depresión y desánimo. La Palabra de Dios mal usada, puede causar daños irreparables en la fe del cristiano que sufre.
·         Los amigos deben sentarse al lado del que sufre y, primero estar a su lado en silencio: escuchando. Segundo, identificarse con el dolor del prójimo (acaso llorar junto al amigo).


3. Nunca pensemos que si no fuera por esta “pequeña debilidad” o “pequeño pecado” seríamos perfectos
·         Ante Dios necesitamos cambiar mucho. Siempre habrá algunas cosas de nuestras vidas que deben ser cambiadas. Sólo cuando reconozcamos que hay mucho que cambiar, entonces, nuestros ojos serán abiertos y conoceremos el por qué de todo lo sucedido.

4. Las posesiones más preciadas en nuestras vidas nos alejan de Dios.
·         Job tenía muchos bienes: hijos saludables, esposa, siervos, siervas, muchos amigos, ganado, tierras, etc. Todo esto no le había permitido tener una cercanía con Dios como la que tenía ahora que lo había perdido todo.
·         Sólo cuando Job no tuvo nada(ni siquiera amigos) comprendió que su todo debía ser Dios. Que su razón de vida no era lo material, la familia, amigos, etc.Entendió que lo material venía como consecuencia de buscar a Dios de manera íntima. Y que, una relación con Dios superficial, casual y a su conveniencia, no le permitía ver con claridad el sendero que Él tenía preparado para su vida en esta tierra. Job comprendió que todo lo que le sucedía tenía un propósito Divino y positivo para su vida.

Apreciado lector, ¿está pasando por situaciones que no tienen explicación?, ¿situaciones que a su juicio son injusta de parte de Dios?

Si quiere respuestas, acérquese a Él sin nada, sin posesiones; reconociendo que tiene mucho que cambiar a pesar de haber caminado en la fe de Jesucristo por largo tiempo. Deje que nuestro amado Señor se siente junto a usted; pídale que transforme aquello que le impide transitar por el camino de la santidad, y verá cómo su venda espiritual se cae. Recibirá el consuelo y la paz que sólo Dios le puede dar, y sólo en ese momento podrá decir lo que un día dijo Job:

“De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.”
(Job.42:5)

¡Dios lo bendiga!



sábado, 18 de mayo de 2013

“LA CAIDA”


TTexto Bíblico: Proverbios 3:5-6

Hace como tres semanas, caminando por una calle principal cerca de mi casa sufrí una caída. Sucede que están arreglando las aceras del sector y, aparentemente, lo que quedaba del pavimento estaba liso y plano, pero, al poner mi pie izquierdo sentí al instante el desnivel, el mismo que hizo que perdiera el equilibrio y cayera sobre mi rodilla izquierda.
Aunque el dolor era muy fuerte, me sobrepuse al mismo, me puse en pie y continué caminando como pude (puesto que nadie se acercó para ayudarme), pensando que pronto llegaría a casa y podría curar la herida y bajar la hinchazón de mi rodilla…

Pasados algunos días, estuve pensando qué lecciones de vida podría aprender de este accidente. Y encontré que las lecciones aprendidas eran aplicables a mi vida espiritual como hija de Dios. Por esto deseo compartirlas con usted, amigo lector.

Acerca de las caídas: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”(1 Corintios 10:12)

- Nadie es inmune a las caídas
- Las caídas vienen por nuestra altivez de corazón
- Las caídas pueden venir en el momento menos pensado

Con respecto a los caminos: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.” (Proverbios 14:12)

- Dios nos muestra un camino sin peligros, pero nosotros insistimos en jugar con fuego.
- No pretendamos ir por caminos peligrosos sin salir lastimados
- El camino peligroso siempre se muestra en apariencia: seguro, firme, sin desniveles.
- Dios no nos puede acompañar por caminos de pecado. Allí estamos solos y sin ninguna guía
- Cuando caemos, el mundo entero nos da las espaldas y pasa por encima de nosotros sin inmutarse por nuestros golpes y heridas.

La esperanza del que cae: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.” (Salmos 37:24)

- Si clamamos a Dios en momentos de angustia Él puede extender su mano y socorrernos
- Él nos da la fortaleza para levantarnos, y pese al dolor y las heridas, continuar caminando
- Una vez que nos levantamos, Dios nos lleva de la mano por la “acera de enfrente” donde hay más seguridad.
- El camino que Dios ofrece es un sendero de santidad donde hay paz y seguridad para el que decide transitarlo
- Mantener la mirada en el amor de Dios hacia nosotros y en la patria celestial, nos permitirá levantarnos, fortalecernos en el Señor y continuar caminando hasta llegar al encuentro con nuestro amado Padre Celestial

¡Cuántas lecciones podemos aprender en nuestra vida diaria!, y a través de ellas sentir cómo el Señor nos habla y nos previene de futuras caídas.
Actualmente siguen arreglando las calles cerca de mi casa, y yo, como aprendí la lección, paso cada día, al ir al trabajo y regresar, por la acera de enfrente que es más segura, lejos de superficies engañosas y peligrosas caídas…

“Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.”
(Proverbios 3:5-6)





martes, 2 de abril de 2013

“¿QUÉ CLASE DE MADERA ES USTED?”


Texto Bíblico: Efesios 4: 31-32

Cuando nos cambiamos a la casa que actualmente el Señor nos ha dado, mi papá pidió que los albañiles revisaran las puertas de cuartos y armarios y que, aquellas puertas que estuvieran dañadas las hicieran nuevas.
Después de poco tiempo de mudarnos, las puertas del cuarto y armario de mis padres dieron señales de no estar en buenas condiciones, pues, las conocidas polillas hicieron su aparición. Día a día nos dejaban su rastro como señal de que ellas estaban en total control de esos trozos de madera.

Cuando se pudo tener el dinero para arreglar las puertas, vino otro carpintero y con una  mirada, más una breve inspección, nos dio su diagnóstico: “Las polillas han invadido toda la madera, ya que la misma es de mala calidad. Lo que hicieron fue pintarlas para que se vean bien, pero el paso del tiempo me da la razón a mí. Cuando la madera es buena, los muebles y puertas duran años y las polillas no las atacan ni dañan…”

Todo esto me llevó a pensar que muchas veces en nuestro diario vivir permitimos que las polillas consuman lentamente la “buena madera” que hay en nosotros. Dios desea que nuestra madera personal sea de la mejor calidad, resistente a las polillas. Pero muchas veces, cuando dejamos que los malos sentimientos se apoderen de nuestras mentes y corazones, entonces, nuestro ser se debilita día a día dando señales de que “la polilla” nos está destruyendo.

Así, poco a poco dejamos de: ir a la iglesia, nos resentimos con facilidad, ya no nos agrada servir al Señor como antes, comenzamos a ver las falencias de otros, nos creemos superiores a nuestros hermanos de la iglesia, sentimos que los sermones “ya no nos edifican”, andamos de iglesia en iglesia, murmuramos de nuestros hermanos en la fe, y todo lo malo que nos pasa le echamos la culpa al pastor y al resto de la congregación. Y así, la lista es larga de las clases de “polillas” que en nuestros corazones pueden encontrar un lugar donde anidar.

No nos engañemos, estimados lectores, si no sacamos la mala madera que mora en nosotros destruida por “las polillas”, y buscamos construir nuestras vidas con madera que no se apolille, muy pronto todo lo que hemos construido se caerá en mil pedazos y quedará al descubierto una vida vacía espiritualmente.  La polilla no perdona, necesita alimentarse de la madera débil y fina, y de usted depende que su vida esté construida con buena o mala madera.

Por eso, la mejor manera que las polillas no destruyan nuestras vidas espirituales es: alimentándonos  con la Palabra de Dios, buscando diariamente la comunión con Él, congregándonos con los hermanos, rechazando todo aquello que promueva lo malo y negativo dentro y fuera de la iglesia, buscar la compañía de personas con madurez espiritual y mente positiva, buscar servir al Señor dentro de la iglesia.

Haciendo esto, y mucho más, estoy segura que nuestras vidas se fortalecerán y estarán listas para entregarse en manos de nuestro “Amado Carpintero” para que cuide la madera de nuestro ser y nos lleve por el camino de la santidad. Pero  recuerde: Él sólo  puede tallar en madera buena, y sin “polillas”, y esto, depende de nosotros…


“Quítense de vosotros toda amargura,
enojo, ira, gritería y maledicencia,
y toda malicia.
Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó
a vosotros en Cristo.”
(Efesios 4:31-32)

¡Dios lo bendiga!



lunes, 25 de febrero de 2013

“Y USTED… ¿QUÉ ESCONDE?”


Texto Bíblico: Génesis 3: 6-19

Leí en un periódico de mi ciudad que algunas personalidades políticas de ciertos países estaban pasando duros momentos al ser retirados de sus cargos públicos, pues, sus imágenes habían sido manchadas con las denuncias (comprobadas) que sus títulos académicos eran falsos. Y esto me llevó a pensar que el común denominador de todos ellos fue: “el guardar un secreto  por años y creer que nunca se descubriría la verdad…”

Lo triste de todo esto, apreciados lectores, es que al final salió a la luz la verdad y, esto no sólo trajo vergüenzas y deshonras personales; sino  tristeza, y el sentimiento de traición por parte de todas las personas que apoyaban sus trabajos y proyectos en los lugares donde ellos laboraban.

Entonces, recurrí a  la historia bíblica de Adán y Eva, y recordé que ellos también pasaron por la vergüenza y deshonra, al verse descubiertos. Trataron de ocultarse, pero Dios, que todo lo sabe y ve, les salió al encuentro con esta pregunta: ¿Dónde estás tú?
Así, la cronología de esta historia, a la luz de las Escrituras, podría anotarse de la siguiente manera:

1.      Tanto Adán como Eva cedieron a la tentación y pecaron. (vr.6)
2.      Después de ceder al pecado se dieron cuenta de la magnitud del mismo. (vr.7a)
3.      Trataron de cubrir su pecado con todo lo que estaba a su alcance. (vr.7b)
4.    Se ocultaron de la presencia de Dios tratando de esta forma de acallar sus propias conciencias. (vr.8)
5.   Aún así, Dios continuó llamándolos para recordarles que Él sí conoce nuestros más internos pensamientos; nuestra “doble cara”. (vr.9-10)
6.      Aunque ellos trataron de esconder lo malo que habían  hecho, Dios se encargó de sacar a la luz lo que con tanto afán escondían. (vr. 11)
7.    Dios nunca solapó el pecado de Adán y Eva, Él no fue cómplice de lo malo que ellos hicieron. (vr.16-19)

Estimados amigos, no gastemos tiempo inventando excusas para ocultar nuestro pecado ante los hombres, porque lo más importante es lo que Dios opine de nosotros, no lo que el mundo entero piense de usted y de mí. Confesar a tiempo nuestro pecado ante Dios,  apartarnos del mismo, y rectificar lo malo que hemos hecho,  evitará que caigamos en vergüenza frente al resto del mundo.

Al final, estimado lector, lo invito a que se plantee las siguientes preguntas: ¿qué escondo ante los demás?, ¿cuánto tiempo lo llevo ocultando?
Recuerde que: “no hay mentira perfecta; algún día se sabrá  toda la verdad”, y sus malos actos quedarán al descubierto junto con las funestas e inevitables consecuencias.



“Porque nada hay encubierto,
que no haya de descubrirse;
ni oculto, que no haya de saberse.
Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas,
a la luz se oirá;
y lo que habéis hablado al oído en los aposentos,
se proclamará en las azoteas.”
(Lucas 12:2-3)

¡Dios lo bendiga!



martes, 8 de enero de 2013

“NO PERDAMOS EL PRIVILEGIO”


Texto Bíblico: Lucas 2:8-20

Varias veces hemos leído el pasaje navideño en que los pastores recibieron nuevas de gran gozo por parte del ángel del Señor. Incluso se han creado algunas composiciones basadas en el versículo 14: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Mas, yo he observado que muy poco se habla de los pastores que recibieron ese maravilloso mensaje. Así que, creo necesario  hacerles justicia en esta ocasión y darles el sitial que también se merecen en esta historia, por lo tanto, empecemos respondiendo a la pregunta:
¿Quiénes eran los pastores?
Eran gente muy humilde, de baja categoría social, eran grupos marginados por la sociedad, no tenían la opción de crecer en ningún aspecto, hacían los trabajos más humildes. Y lo interesante es que precisamente a ellos el Señor les dio el más alto privilegio: ¡ver los cielos abiertos y a los ángeles cantando!

Mas, allí no queda todo, es importante resaltar la actitud de los pastores ante semejante noticia, la misma que a continuación detallo:

1. Oyeron la Palabra de Dios (vr. 9-12). Cuando ellos oyeron las Palabras Divinas abrieron sus oídos internos para recibir, sin ninguna traba, el mensaje de Dios, y con mucho temor y reverencia se quedaron escuchando hasta el final, no cerraron sus oídos, no hicieron oídos sordos, sino que detuvieron sus labores pastoriles para escuchar lo que Dios tenía para ellos.

2. Obedecieron Su Palabra (vr.15). Un aspecto importante de ellos fue la obediencia, pues, no esperaron al día siguiente o la semana entrante para comprobar aquellas palabras sino que inmediatamente salieron a buscar al niño. El Señor, cuando nos habla, nos pide no sólo que escuchemos, sino que obedezcamos inmediatamente a Su Palabra.

3. Creyeron en Su Palabra (vr.16-19). En este versículo, nos habla que los pastores fueron a buscar al niño “apresuradamente”, y al llegar y comprobar el mensaje de los ángeles, compartieron las buenas nuevas con los padres del niño. Un detalle importante del que cree en la Palabra de Dios, es que comparte el evangelio con otros, no se guarda un regalo tan grande y edificante; precisamente porque cree en ese mensaje, le es imposible callarlo.

4. Glorificaron a Dios (vr.20). Al final, el mensaje de salvación produjo un gozo inexplicable en los pastores quienes se retiraron alabando a Dios y glorificando su nombre por haberles permitido ver al Salvador. Semejante privilegio sólo está destinado para aquellos que son humildes de corazón, para quienes el mundo menosprecia, quienes no tienen ninguna opción de vida. A este grupo el Señor los escoge y se manifiesta de manera especial, y si, nosotros deseamos ser parte de este especial grupo, debemos imitar a los pastores oyendo la Palabra de Dios, obedeciendo, creyendo y permitiendo que nuestros labios y corazones alaben y glorifiquen el nombre de Dios.

La narración de los pastores no es sólo para ocasiones navideñas, es una historia atemporal, que traspasa las barreras del tiempo; historia que nos invita a no perder el privilegio de ser hijos de Dios, y recibir de sus abundantes bendiciones, de antemano preparadas, para cada uno de nosotros.

“Mirad cuán gran amor
nos ha otorgado el Padre,
para que seamos llamados
 hijos de Dios…”
(1 Juan 3:1a)


¡Dios lo bendiga!