miércoles, 15 de agosto de 2012

“LA MEJOR COMPOSICIÓN”


Texto bíblico: Filipenses 1:6

El otro día recordaba al gran compositor George Frederich Haendel y su más grande composición: el oratorio “El Mesías”, obra que goza de gran aceptación por parte de los que apreciamos la música clásica. Y al respecto, recordaba mis clases de música donde los maestros hacían alusión a la hermosura del texto utilizado (la Biblia), a la perfección en el círculo tonal que permitían las más bellas y sublimes Arias, y ni qué decir de la presencia imponente del gran coro cuyas voces hacen vibrar cada célula de nuestro cuerpo.

Todos estos recuerdos me llevaron a pensar en ¿qué significó para Haendel El Mesías?, ¿era sólo su obra máxima?, ¿era el deseo de escribir buena música que impactara a los oyentes?

Yo pienso que a este compositor lo movió el hecho que había llegado a conocer a un ser maravilloso quien vivió entre nosotros, y al final entregó su vida para que seamos salvos. Y es que si meditamos en quién fue Jesucristo y la forma cómo se condujo en esta tierra, entonces, podremos comprender el por qué Haendel escribió una obra tan sublime y hermosa como ésta.
Toda la composición se centra en la figura de Jesucristo, desde la profecía de su nacimiento, sigue su recorrido por su nacimiento, crecimiento, cruel muerte, y culmina con la resurrección más, la esperanza que nosotros, los que creemos en Jesús, un día le veremos cara a cara.

Así, la obra “El Mesías”, es un retrato de Jesucristo donde el amor, la compasión, la humildad, la obediencia, el sacrificio y la recompensa se pueden apreciar en cada nota musical, en cada acorde.
Jesucristo, al llevar una vida digna de imitar, obtuvo como resultado el privilegio de ser el protagonista de la más hermosa composición musical escrita en su nombre. Esta obra ha sido apreciada por siglos, y estoy segura que lo seguirá siendo hasta el fin del mundo, como un legado e inspiración para la humanidad.

Así que, la mejor composición no es sólo la compuesta por un experto, también es aquella que no tiene sonidos ni palabras, es escrita con cada sonrisa, cada lágrima, cada experiencia de vida. Experiencias de vida que han sido guiadas de principio a fin por Dios, por lo tanto, han dejado huellas imborrables a su paso por este mundo.

Amigo lector, le pido que eche una mirada a su pasado; ahora a su presente; imagine su futuro, ¿cómo va  hasta ahora?, ¿está sonando bien su composición existencial?, si todavía no se escucha bien, entonces es tiempo de hacerle retoques y enmendar notas musicales; dígale a Dios que le preste su borrador Divino y continúe escribiendo con su vida, con la guía del Maestro, una hermosa alabanza digna de su creador, y aun cuando ya haya dejado esta tierra, estoy segura que su vida, cual bella melodía, seguirá escuchándose y siendo de mucha inspiración para los demás, y será un verdadero deleite musical recordar su paso por este mundo.

Dios desea que así como fue la vida de su Hijo Jesucristo en esta tierra,  nuestras vidas se conviertan en la mejor alabanza jamás compuesta. Aquella que no tiene necesidad de ser patentada, pues,  desde que nacimos comenzamos a escribirla con la dirección de nuestro Dios, y no se colocará la barra doble, símbolo del final, hasta que la composición esté terminada y quede perfecta. Así, cuando lleguemos hasta su presencia, Él podrá percibir y deleitarse de la mejor composición, una alabanza inédita, sin copia ni plagio, y con sello de original.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó
para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo…”
(Romanos 8:29a)

“…el que comenzó en vosotros la buena obra,
la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”
(Filipenses 1:6)


¡Dios lo bendiga!