jueves, 1 de marzo de 2012

“UNA MIRADA…”


Texto Bíblico: Mateo 14:14a.

Una mirada basta para que el niño comprenda cuál es el ánimo del día de su maestra de clases; con una mirada nuestros padres pueden poner fin a nuestras más elaboradas travesuras; una mirada puede marcar el inicio o el final de una relación; una mirada puede restaurar o hundir en la depresión para siempre.

Es que existen miradas con muchos matices: miradas de odio, rencor, burla, escepticismo, incredulidad, dolor, tristeza, resignación, vergüenza, amor, respeto, compasión, perdón, condenación. Y no sólo esto, sino que si analizamos con mayor profundidad encontramos personas que sin que otros las miren, ellas se miran a sí mismas de diferentes formas, marcando con esto las decisiones que tomen en sus vidas. Ya que hay gente que se mira a sí misma con mucha culpa, con odio, repugnancia, con orgullo, con dolor, sin perdón, con condenación, y es en este punto que vale la pena preguntarnos: ¿Cómo Jesús miró a los que lo rodearon en su paso por este mundo?

Al respecto, brevemente deseo centrarme en tres casos de la Biblia en que la mirada de Jesús impactó la vida de tres personas, las mismas que después de este encuentro tomaron tres rumbos distintos.

El primer caso: el joven rico (Marcos 10:17-22). Este joven quería seguir a Jesús y emocionado le dijo que llevaba una vida santa desde que era muy joven. Y es aquí cuando Jesús, viendo la sinceridad de él  le miró con amor (vr.20); pero al pedirle el Maestro que vendiera todas sus posesiones, el joven se fue triste porque esto no  estaba dentro de sus planes. Me puedo imaginar al joven rico bajando su mirada y alejándose del Maestro para siempre…

El segundo caso: Judas Iscariote, quien fue uno de los doce discípulos de Cristo, y en una noche, previo complot con las autoridades judías, lo entregó para que lo  maten (Mateo 26:47-50). Más lo interesante es que Jesús, a ése mal amigo, mal discípulo, traidor, lo miró con ternura y lo llamó amigo (vr.50). Imagínense el rostro lleno de asombro de Judas: “¿me llamó amigo?”…

El tercer caso: Cuando esa misma noche Jesús fue entregado, otro de sus discípulos le dio un nuevo golpe. Pedro,  presa del miedo comenzó a negar al Maestro y con maldiciones. Pero una vez más el Señor posa su mirada de perdón en Pedro de modo  que éste, no pudiendo más, salió de aquel lugar y lloró amargamente… (Lucas 22:61-62)

Son tres momentos distintos, tres personajes, pero una sola mirada, la del Salvador que les dice: “te amo porque tienes deseos de seguirme”, “te llamo amigo aunque tú me traiciones”, “te perdono porque sé que no lo querías hacer…” Y según las Sagradas Escrituras las tres respuestas fueron distintas: “Señor, te amo pero no lo suficiente como para seguirte” (el joven rico); “te he traicionado por eso no merezco vivir” (Judas); “necesito tú perdón, quiero restaurarme” (Pedro)

Estimados amigos, sólo uno de estos tres personajes tomó el camino correcto, y ese fue Pedro, pues, no sólo que se topó con la mirada restauradora y perdonadora de Jesús, sino que se mantuvo mirando a Cristo hasta el final de sus días, y ese encuentro marcó el gran ministerio que posteriormente tendría este gran Apóstol. Los demás, se miraron a sí mismos y no al Salvador, perdiéndose las inmensas bendiciones que sin duda pudieron tener a lado de Jesús.

¿Usted y el Salvador ya se han mirado?, ¿Ya permitió que la mirada compasiva y amorosa del Señor llene su vida?, ¡Qué espera!, levante su rostro, no lo baje nunca, y pose sus ojos en la mirada que salva: la mirada del Salvador, Jesucristo.

“Y saliendo Jesús,
vio una gran multitud,
y tuvo compasión de ellos…”
(Mateo 14:14a)


¡Dios lo bendiga!