sábado, 15 de diciembre de 2012

“¡PADRE, PERDÓNAME!”


Texto Bíblico: Malaquías 3:17; 1 Juan 1:9

La otra vez escuché el relato de una madre quien muy emocionada contaba que uno de sus hijos se había acercado a su padre para pedirle perdón, y entre las palabras expresadas por este hijo, había frases como estas:
- Perdóname papá por no valorar tu esfuerzo para con nosotros
- Perdóname por no haber sido tan bueno contigo
-Quiero decirte lo mucho que te amo
- Papá, quiero que sepas lo mucho que te necesito.

Acto seguido, el padre de familia dejó rodar por sus mejillas lágrimas de gozo y de profunda emoción. Abrazó a su hijo y en ese momento no sólo que se derribó todo muro emocional entre los dos, sino que este acto de pedir perdón y perdonar, fortaleció los lazos entre padre e hijo, y por qué no, los lazos con el resto de la familia.

De esta historia aprendí algunas importantes lecciones, las mismas que deseo compartirlas con ustedes:

1. Para que haya perdón, el ofensor debe reconocer su ofensa.
2. El acto de pedir perdón requiere de humildad y valentía
3. Es necesario que el ofensor reconozca los valores que tiene la persona ofendida.
4. Es necesario que el ofendido sienta lo mucho que usted lo aprecia y ama en el Señor.
5. El ofensor debe demostrar lo mucho que necesita de la persona a la que ofendió.

A la luz de todo lo mencionado antes podemos concluir que haciendo esto podremos derribar muros de odios, rencores, resentimientos o venganzas; y en su lugar habrá lágrimas, heridas curadas y abrazos tan fuertes que serán capaces de derribar los más grandes muros.

Estimado amigo, ¿ha derribado los muros emocionales y espirituales que lo separan de Dios?, ¿ya le ha pedido perdón por todas las ofensas hechas a Él?, ¿ha reconocido lo mucho que necesita de Él y cuánto lo ama?

Si su respuesta es negativa, lo invito a acercarse a su Padre celestial y, con corazón humilde y un espíritu lleno de valentía, acérquese a su santa presencia, pídale perdón y déjese abrazar por Él; derramen lágrimas juntos y rompan todo muro que los separa. Y una vez que haya hecho esto, le recomiendo que piense en algún amigo o miembro de su familia a quien usted haya ofendido y siga los mismos pasos: reconcíliense, derrumbe muros y cree lazos de amor tan fuertes que nada ni nadie los destruya o separe.


“Si confesamos nuestros pecados,
él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,
y limpiarnos de toda maldad.”
(1 Juan 1:9)


Y serán para mí especial tesoro,
ha dicho Jehová de los ejércitos,
en el día en que yo actúe;
y los perdonaré,
como el hombre que perdona
a su hijo que le sirve”
(Malaquías 3:17)


¡Dios lo bendiga!



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