viernes, 28 de septiembre de 2012

“¿SEMANA GRIS?”


Texto Bíblico: Isaías 58:9-10

Hace un par de semanas tuve, lo que muchos denominan, una “semana gris”. Desde que comenzó aquel lunes, hasta el día viernes no hubo un solo día en que no recibiera alguna noticia triste o alarmante. Noticias de matrimonios desechos, posibles pérdidas de trabajos, enfermedades, diferentes pruebas de amados hermanos en la fe. Y estas situaciones, aunque no afectaban directamente a mi familia o a mí,  no dejaron de entristecerme y preocuparme. Llegué a un punto en que le dije a Dios: ¡ahora qué, Señor, otra mala noticia!, ¡cuándo va a parar esto!

Y bueno, estuve pensando todo el fin de semana que realmente había tenido unos días muy grises con todo esto; pero, de pronto, el Señor me llevó a meditar en  estos sucesos y a concluir que en realidad la semana fue positiva, productiva, con rayos de luz y esperanza.
Me imagino, apreciado lector, que usted se preguntará dónde está lo positivo entre tantas malas y tristes noticias. Pero, saben amigos, en nosotros está el vivir nuestros días con un color gris, o transformarlos, a pesar de todo, en una semana muy radiante, llena de luz.

Así que, basándome en las Sagradas Escrituras, permítanme mostrarles tres casos de la Biblia, donde a pesar de todo, hubo hombres de fe que aprovecharon los días oscuros para dejar rayos de luz y de esperanza en los demás.

Primer caso: Daniel (Daniel 6:10-11, 22-23). Como todos sabemos el Rey Darío promulgó un edicto que prohibía al pueblo adorar a otro dios que no fuera él. Aquí vemos a un Daniel que pese a la sentencia de muerte que había por desobedecer, decide dar lecciones de fidelidad, fe y confianza en Dios, ya que no sólo que se arrodilló y adoró a Dios como lo solía hacer, sino que después de sobrevivir en el foso de los leones, tuvo el valor para testificar al rey y demostrarle que sólo hay un Dios: Jehová de los ejércitos.

Segundo caso: Pablo y Silas (Hechos 16:25, 30-34). Aquí vemos a Pablo y a Silas encarcelados en Filipos. Estos hombres de fe habían sido azotados, echados en el calabozo de más adentro,  con cepos en los pies, con frío, con hambre; y pese a todo este dolor y sufrimiento, tuvieron las fuerzas y el gozo del Señor para entonar himnos de modo que los presos los oían, y después pudieron testificar al carcelero y su familia sobre Cristo quienes también se bautizaron, y al final toda la familia estaba reunida junto a Pablo y Silas regocijándose, y dando gracias a Dios por la cosecha espiritual en ese “día gris”.

El tercer caso: Jesucristo. (Lucas 23:26-43). Ya en esta etapa de la crucifixión de Cristo, el hijo de Dios tenía su cuerpo adolorido, casi no podía proferir palabra alguna; estaba viviendo su propio “día gris”, sin embargo, tuvo la fortaleza para consolar, pedir misericordia por los que lo maltrataban, dar fortaleza a su madre y resto de seguidores; y, al final, tuvo fuerzas para salvar a uno de los condenados a muerte.

Como les decía líneas atrás, estos tres casos me hicieron reflexionar en que podrá haber días grises en nuestras vidas, pero depende cómo los asumamos, qué acciones tomemos para que los mismos se conviertan en rayos de luz. En mi caso reconozco que aquella semana no fue gris, porque en cada caso y situación hubo la oportunidad de aconsejar, consolar, fortalecer las vidas de amigos y hermanos que me contaron sus necesidades, por lo tanto, si pude ayudar a otros, entonces, cada día tuvo  rayos de luz que impidieron que la semana se torne gris. Por lo tanto, ¡Doy gracias a Dios por permitirme en esa semana ser luz para los demás!


“Entonces invocarás, y te oirá Jehová;
Clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si
Quitares de en medio de ti el yugo, el
Dedo amenazador, y el hablar vanidad;
Y si dieres tu pan al hambriento, y
Saciares al alma afligida, en las
Tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad
Será como el medio día”
(Isaías 58:9-10)


¡Dios lo bendiga!


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