domingo, 1 de julio de 2012

“DIAGNÓSTICO: ¡CONCIENCIA ENFERMA!”


Texto Bíblico: 1 Pedro 3:8-17

Había una vez un hombre que yéndole (aparentemente) bien en todo lo que hacía, un buen día amaneció enfermo. Sentía su cuerpo pesado, no tenía deseos de salir de su casa, ni de hablar con persona alguna. Como pensó que se trataría de un resfriado pasajero decidió tomarse un par de días y no fue a su trabajo. Mas, pasados esos días se sintió peor.

No soportando más la situación acudió al médico y éste le recetó unas medicinas. De regreso a su casa las tomó con la esperanza que su malestar termine, pero al día siguiente, poco o nada había dormido, y su cuerpo se debilitaba aún más. Sus familiares, viéndolo en ese estado, le recomendaron que visitara un psiquiatra para que lo ayudara, pues, pensaban que el buen hombre lo que tenía era un estrés muy fuerte producto de su arduo trabajo.

Así, este hombre acudió a la cita con el psiquiatra quien después de conversar con él le dijo que sabía cuál era el diagnóstico. Acto seguido le dijo:
- Señor, su diagnóstico es: Conciencia Enferma
El paciente abrió los ojos, frunció su ceño y le dijo al doctor:
- ¡Pero cómo es posible que usted se atreva a decir semejante disparate!

El médico sonrió amablemente y le dijo a su paciente:
- Siéntese mi estimado señor, no se altere, que ahora mismo le detallo las razones para haber llegado a esta conclusión.
(Y continuó diciendo…)
- Cuando usted llegó a mi consultorio, observé que trató a mi secretaria de manera poco amigable, sin ninguna compasión ni misericordia; también hizo muecas de repugnancia al resto de mis pacientes. En el momento que usted entró a mi despacho me trató como si yo fuera su peón; y cuando conversamos sobre cómo ha sido su trabajo y el ascenso que obtuvo, usted me dijo que era simple, que ponía el pie a todo el que se pusiera en su camino y si era necesario, devolvía mal por mal.
Después le pregunté cómo eran sus relaciones familiares con sus hermanos y el resto de la familia, y usted, no refrenó su lengua y habló mal de ellos. Inmediatamente me di cuenta que usted no es un hombre que busca la paz, peor una persona justa.

Por lo tanto, (dijo el doctor), todos sus males físicos que actualmente le aquejan son producto de una conciencia muy enferma, la misma que no es capaz de alertarlo de sus malas acciones y, si no busca sanarse se convertirá en conciencia cauterizada y, esto, definitivamente, acabará con su vida…

Así es, estimados lectores, 1 Pedro 3:8-17 habla de la importancia de tener una buena conciencia ante Dios y los hombres para tener días buenos y ganar el favor de nuestro Señor. Y desde los versículos 8-12, hay una descripción de lo que es tener una buena conciencia, haciendo énfasis en que una persona de buena conciencia es: misericordiosa, compasiva, ama a los demás, es amigable, no devuelve mal por mal, bendice, refrena su lengua, no habla engaño, se aparta del mal, busca la paz, y es justa.

Estimado amigo, ¿cuál es su condición?, ¿es usted como el  hombre de la lectura antes relatada?, ¿está su conciencia enferma por no enrumbar sus acciones hacia el bien?
Si su diagnóstico es: Conciencia Enferma, entonces, acuda al mejor de los psiquiatras: Dios. Cuéntele todos sus síntomas y reciba de manos de Él la receta que puede curar su conciencia enferma: La Sangre de Cristo.


¿cuánto más la sangre de Cristo,
el cual mediante el Espíritu eterno
se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios,
limpiará vuestras conciencias de obras
muertas para que sirváis al Dios vivo?
(Hebreos 9:14)

¡Dios lo bendiga!



1 comentario:

  1. Muy buena reflexión...Dios le bendiga hna. Zoila.

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