jueves, 26 de enero de 2012

“Y YA NO VIVO YO…”


Texto Bíblico: Gálatas 2:20

“Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” Cuántas veces hemos leído este pasaje de Gálatas 2:20 sin comprender a profundidad lo que el Apóstol Pablo había llegado a experimentar en su diario caminar como creyente en la fe de Jesucristo. Y es que para comprender este pasaje es necesario reflexionar sobre Jesús y sus sacrificios personales, los mismos que lo llevaron por toda una vida de entrega hasta llegar a la mayor de ellas, la entrega física en la cruz y, por consiguiente, su propia vida.

Pero, ¿qué es lo que Jesús crucificó en la cruz del calvario?, ¿acaso sólo su cuerpo fue clavado en esa cruz? Amigos lectores, yo leo, en los cuatro evangelios,  que el Hijo de Dios hizo morir: el hacer su propia voluntad, su libertad para vivir como quisiera, su juventud, su status de hijo de Dios, su posición en la tierra como hijo y hermano, sus amistades. Notemos que Jesús primero crucificó todo aquello que pertenece al Yo y que podía llenarlo de orgullo y vanidad; una vez resuelta esta etapa de su muerte, estaba en condición de hacer su máximo sacrificio: dar su vida por los demás en la cruz, y de esta manera cumplir con la voluntad de su Padre.

Ahora, si volvemos al Apóstol Pablo, podemos comprende por qué él decía que su Yo estaba crucificado con Cristo, porque él había hecho morir toda pasión, deseo, status social y económico, por amor de Cristo. Y ese morir de su propio Yo, le produjo un nuevo nacimiento que cambió y transformó su mente y corazón, de modo que lo que antes tenía valor para él, ahora pasó a un segundo plano, convirtiéndose Cristo en la razón para su vivir (“Para mí el vivir es Cristo…” Filipenses 1:21), experimentando de esta forma otra dimensión de vida; es decir, una vida que se enfoca en lo espiritual y por lo tanto, es divina y eterna. Esto fue lo que el Apóstol Pablo comprendió y desea que nosotros asimilemos también cuando dijo: “Y ya no vivo yo…”

Así, no puede existir entrega si mi Yo no muere; no puedo amar a otros si me amo a mí mismo por sobre todas las cosas; no puedo ser sensible a las necesidades de los demás si no me desprendo de todo lo que poseo;  no puedo ser fiel a la obra que Dios me ha encomendado si más importantes son mis propios planes y proyectos.

El Apóstol Pablo termina este pasaje diciendo: “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí…” reconociendo con ello que si crucificamos nuestro ser interno, entonces, nos llenaremos del amor de Dios que es el que producirá en nosotros esa entrega mayor: el sacrificio de nuestra propia vida, el morir a nosotros mismos.

Amigo lector, Cristo sacrificó todo su Yo por usted y por mí, ¿no le parece que deberíamos hacer lo mismo por la causa de Él?, ¿qué le ha dado usted a Cristo?, ¿ya le entregó su Yo?

Le dejo estos versos de un antiguo himno que estoy segura lo animarán a sacrificar toda su vida por Aquel que lo amó primero y se entregó a sí mismo por usted y por mí.

Mi vida di por ti, mi sangre derramé
Por ti inmolado fui, por gracia te salvé.
Por ti, por ti, inmolado fui ¿y, tú,
qué das por mí?
(Himno Mi vida di por ti)

¡Dios lo bendiga!



2 comentarios:

  1. Hola Zoila...te encontré en Punto Hispano y por acá me tienes. Muy buena reflexión, ciertamente cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, morimos al pecado y nacemos de nuevo. Todos nuestros deseos se reducen a seguir al Maestro. Ya no vivimos para el pecado ni para el mundo, vivimos para Cristo.
    Que Dios te bendiga, recibe un fuerte abrazo.

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  2. Muy buen mensaje amiga... vaya q son pocas las paginas donde uno puede encontrar este tipo de mensajes sin que sean copiadas de libros u otras cosas. Gracias! me bendijo y me animaste a matar tambien mi yo. Si gustas puedes visitar tambien mi blog

    http://viviendoelparaiso.blogspot.com

    Mchas bendiciones!

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