sábado, 15 de diciembre de 2012

“¡PADRE, PERDÓNAME!”


Texto Bíblico: Malaquías 3:17; 1 Juan 1:9

La otra vez escuché el relato de una madre quien muy emocionada contaba que uno de sus hijos se había acercado a su padre para pedirle perdón, y entre las palabras expresadas por este hijo, había frases como estas:
- Perdóname papá por no valorar tu esfuerzo para con nosotros
- Perdóname por no haber sido tan bueno contigo
-Quiero decirte lo mucho que te amo
- Papá, quiero que sepas lo mucho que te necesito.

Acto seguido, el padre de familia dejó rodar por sus mejillas lágrimas de gozo y de profunda emoción. Abrazó a su hijo y en ese momento no sólo que se derribó todo muro emocional entre los dos, sino que este acto de pedir perdón y perdonar, fortaleció los lazos entre padre e hijo, y por qué no, los lazos con el resto de la familia.

De esta historia aprendí algunas importantes lecciones, las mismas que deseo compartirlas con ustedes:

1. Para que haya perdón, el ofensor debe reconocer su ofensa.
2. El acto de pedir perdón requiere de humildad y valentía
3. Es necesario que el ofensor reconozca los valores que tiene la persona ofendida.
4. Es necesario que el ofendido sienta lo mucho que usted lo aprecia y ama en el Señor.
5. El ofensor debe demostrar lo mucho que necesita de la persona a la que ofendió.

A la luz de todo lo mencionado antes podemos concluir que haciendo esto podremos derribar muros de odios, rencores, resentimientos o venganzas; y en su lugar habrá lágrimas, heridas curadas y abrazos tan fuertes que serán capaces de derribar los más grandes muros.

Estimado amigo, ¿ha derribado los muros emocionales y espirituales que lo separan de Dios?, ¿ya le ha pedido perdón por todas las ofensas hechas a Él?, ¿ha reconocido lo mucho que necesita de Él y cuánto lo ama?

Si su respuesta es negativa, lo invito a acercarse a su Padre celestial y, con corazón humilde y un espíritu lleno de valentía, acérquese a su santa presencia, pídale perdón y déjese abrazar por Él; derramen lágrimas juntos y rompan todo muro que los separa. Y una vez que haya hecho esto, le recomiendo que piense en algún amigo o miembro de su familia a quien usted haya ofendido y siga los mismos pasos: reconcíliense, derrumbe muros y cree lazos de amor tan fuertes que nada ni nadie los destruya o separe.


“Si confesamos nuestros pecados,
él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,
y limpiarnos de toda maldad.”
(1 Juan 1:9)


Y serán para mí especial tesoro,
ha dicho Jehová de los ejércitos,
en el día en que yo actúe;
y los perdonaré,
como el hombre que perdona
a su hijo que le sirve”
(Malaquías 3:17)


¡Dios lo bendiga!



jueves, 8 de noviembre de 2012

“CUESTIÓN DE FE…”


Texto Bíblico: Hebreos 11:1

Una maestra me comentó que hace unos días atrás se encontró en el parque con una adorable niñita de unos cuatros años de edad.
A la niñita le encantaba correr a toda velocidad con su tierno perrito, y dejando que el viento levante sus abundantes rizos dorados, ella y su mascota, se divertían sin parar.

No pasó mucho tiempo que la niñita se acercó a la maestra y se presentó de la siguiente manera:

Niña: ¡Hola!, te presento a mi perrito y a mi mejor amigo.
(La profesora saludó a la niña, al perrito, y…)

Profesora: Un gusto conocerlos, pero… ¿dónde está tu amigo?

Niña: está junto a mí. (Dijo la niña sonriendo y “señalando orgullosa a su amigo)

Profesora: (miró preocupada para todos lados) Este…no veo a tu amigo, ¿seguro que vino?

Niña: ¡Claro!, él está siempre conmigo. Si tú no lo ves es porque no tienes fe. Debes tener fe, cerrar bien los ojos, creer con todo tu corazón y podrás verlo como yo (y la niña cerraba bien sus ojitos y acotó lo siguiente)
Si no tienes fe, ¡nunca lo verás!

Así, la profesora comprendió que la niña le estaba hablando de su “amigo imaginario”.
Entonces, la maestra sonrió y le dijo:
- Pues, dale mis saludos a tu amigo…que pases bien, nos vemos otro día…
(La niña sonriendo se despidió y, acto seguido continuaron jugando: la niña, el perrito, y “su amigo”…)

¿Saben, estimados lectores?,  yo pensaba cómo serían en realidad nuestras vidas si pudiéramos sentir a diario la presencia de Jesucristo en nosotros, de modo que, con esa fe y convicción de un niño podamos presentar a los demás a Jesucristo, con tal claridad y seguridad que los demás puedan verlo reflejado en nuestras vidas.

Sólo necesitamos tener fe que Él vive, pues,  Él no es imaginario, que cada día camina junto a nosotros; que nos extiende su mano amorosa y misericordiosa como muestra de su eterna y sincera amistad hacia nosotros.

¿Cómo está su fe, estimado amigo?, ¿Cree que Dios existe?,  ¿Cree que Jesucristo es su mejor amigo?, ¿Puede sentir la presencia de Él en su vida?, ¿La gente que lo rodea puede ver a Cristo reflejado en usted?

Recuerde que:

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,
 la convicción de lo que no se ve.”
(Hebreos 11:1)

 ¡Dios lo bendiga!


viernes, 28 de septiembre de 2012

“¿SEMANA GRIS?”


Texto Bíblico: Isaías 58:9-10

Hace un par de semanas tuve, lo que muchos denominan, una “semana gris”. Desde que comenzó aquel lunes, hasta el día viernes no hubo un solo día en que no recibiera alguna noticia triste o alarmante. Noticias de matrimonios desechos, posibles pérdidas de trabajos, enfermedades, diferentes pruebas de amados hermanos en la fe. Y estas situaciones, aunque no afectaban directamente a mi familia o a mí,  no dejaron de entristecerme y preocuparme. Llegué a un punto en que le dije a Dios: ¡ahora qué, Señor, otra mala noticia!, ¡cuándo va a parar esto!

Y bueno, estuve pensando todo el fin de semana que realmente había tenido unos días muy grises con todo esto; pero, de pronto, el Señor me llevó a meditar en  estos sucesos y a concluir que en realidad la semana fue positiva, productiva, con rayos de luz y esperanza.
Me imagino, apreciado lector, que usted se preguntará dónde está lo positivo entre tantas malas y tristes noticias. Pero, saben amigos, en nosotros está el vivir nuestros días con un color gris, o transformarlos, a pesar de todo, en una semana muy radiante, llena de luz.

Así que, basándome en las Sagradas Escrituras, permítanme mostrarles tres casos de la Biblia, donde a pesar de todo, hubo hombres de fe que aprovecharon los días oscuros para dejar rayos de luz y de esperanza en los demás.

Primer caso: Daniel (Daniel 6:10-11, 22-23). Como todos sabemos el Rey Darío promulgó un edicto que prohibía al pueblo adorar a otro dios que no fuera él. Aquí vemos a un Daniel que pese a la sentencia de muerte que había por desobedecer, decide dar lecciones de fidelidad, fe y confianza en Dios, ya que no sólo que se arrodilló y adoró a Dios como lo solía hacer, sino que después de sobrevivir en el foso de los leones, tuvo el valor para testificar al rey y demostrarle que sólo hay un Dios: Jehová de los ejércitos.

Segundo caso: Pablo y Silas (Hechos 16:25, 30-34). Aquí vemos a Pablo y a Silas encarcelados en Filipos. Estos hombres de fe habían sido azotados, echados en el calabozo de más adentro,  con cepos en los pies, con frío, con hambre; y pese a todo este dolor y sufrimiento, tuvieron las fuerzas y el gozo del Señor para entonar himnos de modo que los presos los oían, y después pudieron testificar al carcelero y su familia sobre Cristo quienes también se bautizaron, y al final toda la familia estaba reunida junto a Pablo y Silas regocijándose, y dando gracias a Dios por la cosecha espiritual en ese “día gris”.

El tercer caso: Jesucristo. (Lucas 23:26-43). Ya en esta etapa de la crucifixión de Cristo, el hijo de Dios tenía su cuerpo adolorido, casi no podía proferir palabra alguna; estaba viviendo su propio “día gris”, sin embargo, tuvo la fortaleza para consolar, pedir misericordia por los que lo maltrataban, dar fortaleza a su madre y resto de seguidores; y, al final, tuvo fuerzas para salvar a uno de los condenados a muerte.

Como les decía líneas atrás, estos tres casos me hicieron reflexionar en que podrá haber días grises en nuestras vidas, pero depende cómo los asumamos, qué acciones tomemos para que los mismos se conviertan en rayos de luz. En mi caso reconozco que aquella semana no fue gris, porque en cada caso y situación hubo la oportunidad de aconsejar, consolar, fortalecer las vidas de amigos y hermanos que me contaron sus necesidades, por lo tanto, si pude ayudar a otros, entonces, cada día tuvo  rayos de luz que impidieron que la semana se torne gris. Por lo tanto, ¡Doy gracias a Dios por permitirme en esa semana ser luz para los demás!


“Entonces invocarás, y te oirá Jehová;
Clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si
Quitares de en medio de ti el yugo, el
Dedo amenazador, y el hablar vanidad;
Y si dieres tu pan al hambriento, y
Saciares al alma afligida, en las
Tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad
Será como el medio día”
(Isaías 58:9-10)


¡Dios lo bendiga!


miércoles, 15 de agosto de 2012

“LA MEJOR COMPOSICIÓN”


Texto bíblico: Filipenses 1:6

El otro día recordaba al gran compositor George Frederich Haendel y su más grande composición: el oratorio “El Mesías”, obra que goza de gran aceptación por parte de los que apreciamos la música clásica. Y al respecto, recordaba mis clases de música donde los maestros hacían alusión a la hermosura del texto utilizado (la Biblia), a la perfección en el círculo tonal que permitían las más bellas y sublimes Arias, y ni qué decir de la presencia imponente del gran coro cuyas voces hacen vibrar cada célula de nuestro cuerpo.

Todos estos recuerdos me llevaron a pensar en ¿qué significó para Haendel El Mesías?, ¿era sólo su obra máxima?, ¿era el deseo de escribir buena música que impactara a los oyentes?

Yo pienso que a este compositor lo movió el hecho que había llegado a conocer a un ser maravilloso quien vivió entre nosotros, y al final entregó su vida para que seamos salvos. Y es que si meditamos en quién fue Jesucristo y la forma cómo se condujo en esta tierra, entonces, podremos comprender el por qué Haendel escribió una obra tan sublime y hermosa como ésta.
Toda la composición se centra en la figura de Jesucristo, desde la profecía de su nacimiento, sigue su recorrido por su nacimiento, crecimiento, cruel muerte, y culmina con la resurrección más, la esperanza que nosotros, los que creemos en Jesús, un día le veremos cara a cara.

Así, la obra “El Mesías”, es un retrato de Jesucristo donde el amor, la compasión, la humildad, la obediencia, el sacrificio y la recompensa se pueden apreciar en cada nota musical, en cada acorde.
Jesucristo, al llevar una vida digna de imitar, obtuvo como resultado el privilegio de ser el protagonista de la más hermosa composición musical escrita en su nombre. Esta obra ha sido apreciada por siglos, y estoy segura que lo seguirá siendo hasta el fin del mundo, como un legado e inspiración para la humanidad.

Así que, la mejor composición no es sólo la compuesta por un experto, también es aquella que no tiene sonidos ni palabras, es escrita con cada sonrisa, cada lágrima, cada experiencia de vida. Experiencias de vida que han sido guiadas de principio a fin por Dios, por lo tanto, han dejado huellas imborrables a su paso por este mundo.

Amigo lector, le pido que eche una mirada a su pasado; ahora a su presente; imagine su futuro, ¿cómo va  hasta ahora?, ¿está sonando bien su composición existencial?, si todavía no se escucha bien, entonces es tiempo de hacerle retoques y enmendar notas musicales; dígale a Dios que le preste su borrador Divino y continúe escribiendo con su vida, con la guía del Maestro, una hermosa alabanza digna de su creador, y aun cuando ya haya dejado esta tierra, estoy segura que su vida, cual bella melodía, seguirá escuchándose y siendo de mucha inspiración para los demás, y será un verdadero deleite musical recordar su paso por este mundo.

Dios desea que así como fue la vida de su Hijo Jesucristo en esta tierra,  nuestras vidas se conviertan en la mejor alabanza jamás compuesta. Aquella que no tiene necesidad de ser patentada, pues,  desde que nacimos comenzamos a escribirla con la dirección de nuestro Dios, y no se colocará la barra doble, símbolo del final, hasta que la composición esté terminada y quede perfecta. Así, cuando lleguemos hasta su presencia, Él podrá percibir y deleitarse de la mejor composición, una alabanza inédita, sin copia ni plagio, y con sello de original.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó
para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo…”
(Romanos 8:29a)

“…el que comenzó en vosotros la buena obra,
la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”
(Filipenses 1:6)


¡Dios lo bendiga!


domingo, 1 de julio de 2012

“DIAGNÓSTICO: ¡CONCIENCIA ENFERMA!”


Texto Bíblico: 1 Pedro 3:8-17

Había una vez un hombre que yéndole (aparentemente) bien en todo lo que hacía, un buen día amaneció enfermo. Sentía su cuerpo pesado, no tenía deseos de salir de su casa, ni de hablar con persona alguna. Como pensó que se trataría de un resfriado pasajero decidió tomarse un par de días y no fue a su trabajo. Mas, pasados esos días se sintió peor.

No soportando más la situación acudió al médico y éste le recetó unas medicinas. De regreso a su casa las tomó con la esperanza que su malestar termine, pero al día siguiente, poco o nada había dormido, y su cuerpo se debilitaba aún más. Sus familiares, viéndolo en ese estado, le recomendaron que visitara un psiquiatra para que lo ayudara, pues, pensaban que el buen hombre lo que tenía era un estrés muy fuerte producto de su arduo trabajo.

Así, este hombre acudió a la cita con el psiquiatra quien después de conversar con él le dijo que sabía cuál era el diagnóstico. Acto seguido le dijo:
- Señor, su diagnóstico es: Conciencia Enferma
El paciente abrió los ojos, frunció su ceño y le dijo al doctor:
- ¡Pero cómo es posible que usted se atreva a decir semejante disparate!

El médico sonrió amablemente y le dijo a su paciente:
- Siéntese mi estimado señor, no se altere, que ahora mismo le detallo las razones para haber llegado a esta conclusión.
(Y continuó diciendo…)
- Cuando usted llegó a mi consultorio, observé que trató a mi secretaria de manera poco amigable, sin ninguna compasión ni misericordia; también hizo muecas de repugnancia al resto de mis pacientes. En el momento que usted entró a mi despacho me trató como si yo fuera su peón; y cuando conversamos sobre cómo ha sido su trabajo y el ascenso que obtuvo, usted me dijo que era simple, que ponía el pie a todo el que se pusiera en su camino y si era necesario, devolvía mal por mal.
Después le pregunté cómo eran sus relaciones familiares con sus hermanos y el resto de la familia, y usted, no refrenó su lengua y habló mal de ellos. Inmediatamente me di cuenta que usted no es un hombre que busca la paz, peor una persona justa.

Por lo tanto, (dijo el doctor), todos sus males físicos que actualmente le aquejan son producto de una conciencia muy enferma, la misma que no es capaz de alertarlo de sus malas acciones y, si no busca sanarse se convertirá en conciencia cauterizada y, esto, definitivamente, acabará con su vida…

Así es, estimados lectores, 1 Pedro 3:8-17 habla de la importancia de tener una buena conciencia ante Dios y los hombres para tener días buenos y ganar el favor de nuestro Señor. Y desde los versículos 8-12, hay una descripción de lo que es tener una buena conciencia, haciendo énfasis en que una persona de buena conciencia es: misericordiosa, compasiva, ama a los demás, es amigable, no devuelve mal por mal, bendice, refrena su lengua, no habla engaño, se aparta del mal, busca la paz, y es justa.

Estimado amigo, ¿cuál es su condición?, ¿es usted como el  hombre de la lectura antes relatada?, ¿está su conciencia enferma por no enrumbar sus acciones hacia el bien?
Si su diagnóstico es: Conciencia Enferma, entonces, acuda al mejor de los psiquiatras: Dios. Cuéntele todos sus síntomas y reciba de manos de Él la receta que puede curar su conciencia enferma: La Sangre de Cristo.


¿cuánto más la sangre de Cristo,
el cual mediante el Espíritu eterno
se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios,
limpiará vuestras conciencias de obras
muertas para que sirváis al Dios vivo?
(Hebreos 9:14)

¡Dios lo bendiga!



lunes, 11 de junio de 2012

“EL ABRAZO DIVINO”


Texto Bíblico: Salmo 91

Escuché el relato de una hermana quien daba testimonio de la protección Divina de la que fue objeto una noche que regresaba del trabajo a su hogar. Esta hermana, con lágrimas en los ojos detalló cómo sintió un “extraño” abrazo en el momento de mayor peligro, y al ver a su alrededor se dio cuenta que nadie había puesto su brazo sobre sus hombros. Fue en ese instante que ella comprendió que se trataba del “abrazo Divino”, aquel abrazo que nos permite sentirnos seguros y en paz en los momentos de mayor peligro.

Este testimonio me llevó a recordar las innumerables historias de la Biblia donde Dios, de diferentes maneras, protegió a sus hijos de muchos peligros. Incluso, hice memoria de algunos momentos en los que mi familia y yo fuimos librados de la boca del león.

Así, leyendo el Salmo 91 recordé a ese Padre Protector que promete abrazarnos cual ave a sus polluelos, y, analizando este texto encontré las respuestas que necesitaba por medio de las siguientes preguntas:

1. ¿Quién es ese amado Protector?
- Es un Dios Altísimo
- Es mi Esperanza
- Es Omnipotente
- Es mi Castillo
- Es mi Confianza

2. ¿Hasta dónde  llega su protección?
Él me libra:
- Del lazo del cazador
- De la peste destructora
- Del terror nocturno
- De saeta que vuele de día
- De pestilencia que ande en oscuridad
- De mortandad
- De multitud de enemigos
- De toda clase de mal
- De toda plaga

3. ¿Cuál es la condición para vivir bajo el abrazo del Divino Protector?
- Habitar al abrigo del Altísimo
- Dejarse cuidar bajo la cobertura de sus alas
- Poner a Jehová por nuestra habitación

4. ¿Cuáles son los beneficios de vivir bajo la protección de Dios?
- Miraré con mis ojos la recompensa de los que buscan mi mal
- Sus ángeles estarán cerca de mí, protegiéndome
- Mi pie no tropezará jamás
- Nada ni nadie podrá hacerme frente
- Pondrá en alto mi nombre
- Responderá mis oraciones
- Estará junto a mí en la angustia
- Me librará y glorificará
- Me dará larga vida
- Me mostrará su salvación

Apreciado lector, ¿este escrito ha traído a su memoria algún hecho de su vida en donde usted recibió un “abrazo Divino”?
Espero que esta corta reflexión sobre el Salmo 91 lo anime a buscar siempre la cobertura de Aquel que es poderoso para guardarlo, librarlo y socorrerlo oportunamente. Sólo debe invocar su Santo Nombre y Él promete responderle con un amoroso y poderoso “abrazo Divino”.

“Con sus plumas te cubrirá,
y  debajo de sus alas estarás seguro…”
(Salmo 91: 4a)



¡Dios lo bendiga!

lunes, 7 de mayo de 2012

“EL SUCESOR”


Texto Bíblico: Josué 1:1-9

Estaba recordando que hace muchos años atrás una reconocida marca de ropa de forma sorpresiva dejó de salir al mercado ocasionando en éste un gran vacío con relación al buen vestir en mi país.
La razón de su sorpresivo cierre fue que el jefe principal dejó su liderato y, curiosamente, no hubo un buen sucesor para tomar el puesto principal. La empresa en mención nunca se preocupó por preparar al futuro sucesor, en su lugar, los hijos de los dueños de la empresa se dedicaron a viajar y a divertirse, gastando el dinero que a la empresa le costaba obtener. Así, cuando llegó el tiempo de buscar un sucesor nadie estaba preparado y todo esto dio paso a la ruina de la empresa y a su inevitable cierre.

Este hecho me recordó la importancia que todo líder debe preocuparse por dejar un buen sucesor si desea que su sueño llámese: proyecto, fundación, empresa o centro religioso, continúe y no muera con la siguiente generación. Y para esto es importante recordar un hecho histórico Bíblico en el que el gran líder Moisés preparó, con la ayuda de Dios, a su sucesor, su mano derecha: Josué.

Así, leyendo el capítulo 1 de libro de Josué encuentro que a la muerte del gran líder Moisés, Josué (su sucesor) ya estaba listo para tomar el mando y guiar a una gran nación hacia la tierra prometida.
Y por supuesto, que este líder tenía requisitos importantes e interesantes que deseo mencionar:
a) Tenía fortaleza y valentía para continuar el trabajo de otros
b) Tenía fortaleza y valentía para mantener la fe en el Dios que hasta ese momento había mostrado fidelidad a su pueblo.

Pero asimismo, este sucesor debía reunir ciertos requisitos espirituales como:
a) Nunca apartar su corazón de la Palabra de Dios
b) Meditar de día y de noche en la Palabra de Dios

La Biblia nos habla en el capítulo 1 de Josué que, aunque él tenía muchos temores propios del ser humano, decidió tomar el reto, pues, recibió la promesa de Dios de apoyarlo,  ayudarlo, pero demandaba de él acción, que no se quede de brazos cruzados, y por supuesto, de una enorme fe en Dios para no desmayar. Y los resultados para este sucesor no se hicieron esperar, pues, todo el pueblo vio en Josué la persona que Dios ponía en lugar de Moisés y, por consiguiente,  le obedecieron y se dejaron guiar en su viaje hacia la tierra de Canaán.

Pero Josué no fue un improvisado en el puesto de líder, basta leer los libros de Éxodo y Deuteronomio para notar que muchos años antes de la muerte de Moisés este valiente hombre estuvo como su mano derecha, aprendiendo cómo dirigir al pueblo de Israel.

Estimado lector, si usted es actualmente líder en su trabajo, tome en cuenta que ese puesto no es eterno, y si es su deseo que su labor continúe, se perfeccione  y trascienda a través de los años, deberá buscar un sucesor y prepararlo para que cuando usted ya no esté al frente, el nuevo líder pueda continuar con ese liderazgo y tomar las mejores decisiones, las mismas que promuevan la continuidad y no el cierre definitivo de un sueño.

"Entonces llamó Moisés a Josué y
le dijo en presencia de todo Israel:
Sé firme y valiente,
porque tú entrarás  con este pueblo
en la tierra que el Señor
ha jurado a sus padres que les daría, 
y se las dará en heredad.
El Señor irá delante de ti;
Él estará contigo,
no te dejará ni te desamparará;
no temas ni te acobardes."
(Deuteronomio 31:7-8)


¡Dios lo bendiga!



jueves, 1 de marzo de 2012

“UNA MIRADA…”


Texto Bíblico: Mateo 14:14a.

Una mirada basta para que el niño comprenda cuál es el ánimo del día de su maestra de clases; con una mirada nuestros padres pueden poner fin a nuestras más elaboradas travesuras; una mirada puede marcar el inicio o el final de una relación; una mirada puede restaurar o hundir en la depresión para siempre.

Es que existen miradas con muchos matices: miradas de odio, rencor, burla, escepticismo, incredulidad, dolor, tristeza, resignación, vergüenza, amor, respeto, compasión, perdón, condenación. Y no sólo esto, sino que si analizamos con mayor profundidad encontramos personas que sin que otros las miren, ellas se miran a sí mismas de diferentes formas, marcando con esto las decisiones que tomen en sus vidas. Ya que hay gente que se mira a sí misma con mucha culpa, con odio, repugnancia, con orgullo, con dolor, sin perdón, con condenación, y es en este punto que vale la pena preguntarnos: ¿Cómo Jesús miró a los que lo rodearon en su paso por este mundo?

Al respecto, brevemente deseo centrarme en tres casos de la Biblia en que la mirada de Jesús impactó la vida de tres personas, las mismas que después de este encuentro tomaron tres rumbos distintos.

El primer caso: el joven rico (Marcos 10:17-22). Este joven quería seguir a Jesús y emocionado le dijo que llevaba una vida santa desde que era muy joven. Y es aquí cuando Jesús, viendo la sinceridad de él  le miró con amor (vr.20); pero al pedirle el Maestro que vendiera todas sus posesiones, el joven se fue triste porque esto no  estaba dentro de sus planes. Me puedo imaginar al joven rico bajando su mirada y alejándose del Maestro para siempre…

El segundo caso: Judas Iscariote, quien fue uno de los doce discípulos de Cristo, y en una noche, previo complot con las autoridades judías, lo entregó para que lo  maten (Mateo 26:47-50). Más lo interesante es que Jesús, a ése mal amigo, mal discípulo, traidor, lo miró con ternura y lo llamó amigo (vr.50). Imagínense el rostro lleno de asombro de Judas: “¿me llamó amigo?”…

El tercer caso: Cuando esa misma noche Jesús fue entregado, otro de sus discípulos le dio un nuevo golpe. Pedro,  presa del miedo comenzó a negar al Maestro y con maldiciones. Pero una vez más el Señor posa su mirada de perdón en Pedro de modo  que éste, no pudiendo más, salió de aquel lugar y lloró amargamente… (Lucas 22:61-62)

Son tres momentos distintos, tres personajes, pero una sola mirada, la del Salvador que les dice: “te amo porque tienes deseos de seguirme”, “te llamo amigo aunque tú me traiciones”, “te perdono porque sé que no lo querías hacer…” Y según las Sagradas Escrituras las tres respuestas fueron distintas: “Señor, te amo pero no lo suficiente como para seguirte” (el joven rico); “te he traicionado por eso no merezco vivir” (Judas); “necesito tú perdón, quiero restaurarme” (Pedro)

Estimados amigos, sólo uno de estos tres personajes tomó el camino correcto, y ese fue Pedro, pues, no sólo que se topó con la mirada restauradora y perdonadora de Jesús, sino que se mantuvo mirando a Cristo hasta el final de sus días, y ese encuentro marcó el gran ministerio que posteriormente tendría este gran Apóstol. Los demás, se miraron a sí mismos y no al Salvador, perdiéndose las inmensas bendiciones que sin duda pudieron tener a lado de Jesús.

¿Usted y el Salvador ya se han mirado?, ¿Ya permitió que la mirada compasiva y amorosa del Señor llene su vida?, ¡Qué espera!, levante su rostro, no lo baje nunca, y pose sus ojos en la mirada que salva: la mirada del Salvador, Jesucristo.

“Y saliendo Jesús,
vio una gran multitud,
y tuvo compasión de ellos…”
(Mateo 14:14a)


¡Dios lo bendiga!


jueves, 26 de enero de 2012

“Y YA NO VIVO YO…”


Texto Bíblico: Gálatas 2:20

“Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” Cuántas veces hemos leído este pasaje de Gálatas 2:20 sin comprender a profundidad lo que el Apóstol Pablo había llegado a experimentar en su diario caminar como creyente en la fe de Jesucristo. Y es que para comprender este pasaje es necesario reflexionar sobre Jesús y sus sacrificios personales, los mismos que lo llevaron por toda una vida de entrega hasta llegar a la mayor de ellas, la entrega física en la cruz y, por consiguiente, su propia vida.

Pero, ¿qué es lo que Jesús crucificó en la cruz del calvario?, ¿acaso sólo su cuerpo fue clavado en esa cruz? Amigos lectores, yo leo, en los cuatro evangelios,  que el Hijo de Dios hizo morir: el hacer su propia voluntad, su libertad para vivir como quisiera, su juventud, su status de hijo de Dios, su posición en la tierra como hijo y hermano, sus amistades. Notemos que Jesús primero crucificó todo aquello que pertenece al Yo y que podía llenarlo de orgullo y vanidad; una vez resuelta esta etapa de su muerte, estaba en condición de hacer su máximo sacrificio: dar su vida por los demás en la cruz, y de esta manera cumplir con la voluntad de su Padre.

Ahora, si volvemos al Apóstol Pablo, podemos comprende por qué él decía que su Yo estaba crucificado con Cristo, porque él había hecho morir toda pasión, deseo, status social y económico, por amor de Cristo. Y ese morir de su propio Yo, le produjo un nuevo nacimiento que cambió y transformó su mente y corazón, de modo que lo que antes tenía valor para él, ahora pasó a un segundo plano, convirtiéndose Cristo en la razón para su vivir (“Para mí el vivir es Cristo…” Filipenses 1:21), experimentando de esta forma otra dimensión de vida; es decir, una vida que se enfoca en lo espiritual y por lo tanto, es divina y eterna. Esto fue lo que el Apóstol Pablo comprendió y desea que nosotros asimilemos también cuando dijo: “Y ya no vivo yo…”

Así, no puede existir entrega si mi Yo no muere; no puedo amar a otros si me amo a mí mismo por sobre todas las cosas; no puedo ser sensible a las necesidades de los demás si no me desprendo de todo lo que poseo;  no puedo ser fiel a la obra que Dios me ha encomendado si más importantes son mis propios planes y proyectos.

El Apóstol Pablo termina este pasaje diciendo: “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí…” reconociendo con ello que si crucificamos nuestro ser interno, entonces, nos llenaremos del amor de Dios que es el que producirá en nosotros esa entrega mayor: el sacrificio de nuestra propia vida, el morir a nosotros mismos.

Amigo lector, Cristo sacrificó todo su Yo por usted y por mí, ¿no le parece que deberíamos hacer lo mismo por la causa de Él?, ¿qué le ha dado usted a Cristo?, ¿ya le entregó su Yo?

Le dejo estos versos de un antiguo himno que estoy segura lo animarán a sacrificar toda su vida por Aquel que lo amó primero y se entregó a sí mismo por usted y por mí.

Mi vida di por ti, mi sangre derramé
Por ti inmolado fui, por gracia te salvé.
Por ti, por ti, inmolado fui ¿y, tú,
qué das por mí?
(Himno Mi vida di por ti)

¡Dios lo bendiga!