martes, 13 de septiembre de 2011

“¡QUIERO MORIR COMO NACÍ!”


Texto Bíblico: Ezequiel 36:25-26

El  otro día leía una entrevista que le hacían, en el periódico de mi ciudad, a un personaje muy importante en la poesía ecuatoriana. Y entre otras cosas él manifestaba que deseaba morir como había nacido, refiriéndose a la salud física y limpieza espiritual con la que los bebés nacen; y de esta forma hacía una comparación con la vida que él había llevado, la misma que no le había traído satisfacciones personales.

Así que, leyendo esta entrevista recordaba algunos pasajes en los que Jesucristo instaba a la gente a volverse como niños para así llegar al reino de los cielos.
Y es que un niño no sólo  es un ser lleno de energía y salud física, sino que:
- Su mente es limpia de toda malicia
- Desea tomar solamente la leche materna
- Confía plenamente en sus progenitores
- Ama con sinceridad de espíritu
- Cada día que pasa busca aprender algo nuevo
- Su sueño es tranquilo y reposado
- Disfruta de las cosas sencillas de la vida
- Sólo le basta el amor de sus padres para ser feliz

Como pueden ver, estimados lectores, estas son unas pocas características del niño, ya que pienso que hay más frases calificativas para describir a un bebé. Y es aquí donde todos nos detenemos y, con envidia sana, deseamos algún día “morir como nacimos”, es decir, morir limpios de toda impureza. Pero, esto, dirán muchos, es prácticamente imposible debido a que nuestra vida está siempre matizada de varios colores y algunos nubarrones que manchan y vuelven impura nuestra vida. Así, cuando llegamos al final de nuestro días nos damos cuenta que hay muchas situaciones que pudimos haber evitado y que, al final de cuentas, nos han traído tristeza y dolor. En este punto vale la pena preguntarse: ¿se podrá morir con la pureza de un bebé?, ¿es eso posible?

Y mi respuesta es que sí es posible gracias al sacrificio que el Hijo de Dios, Jesucristo, hizo un día por usted y por mí. Por medio de Jesucristo es posible borrar el pasado, comenzar una nueva vida y crecer cada día en santidad hasta reunir las características de un bebé recién nacido; así como lo expresa 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".

Sólo debe usted creer en Jesucristo, reconocer sus pecados e impurezas, dejar que su sangre preciosa lo limpie y, permitir que día a día Dios, cual alfarero, transforme todo su ser hasta crear una vasija nueva, para que así, con el pasar de los días por esta tierra usted pueda experimentar esa santidad que le permita: ser libre de toda malicia, desear la leche espiritual no adulterada, confiar plenamente en Dios, amar a todos con sinceridad de corazón, buscar aprender algo nuevo y edificante para su alma, tener un sueño tranquilo y reposado, disfrutar de las cosas sencillas que Dios le ofrece en esta vida, y ser feliz con el amor que el Padre Celestial le puede brindar.

Y todo esto es posible porque el Señor dice y escrito está:
 “Esparciré sobre vosotros agua limpia,
y seréis limpiados de todas
vuestras inmundicias…”
(Ezequiel 36:25a)

“Os daré un corazón nuevo,
y pondré espíritu nuevo
dentro de vosotros…”
(Ezequiel 36:26a)


¡Dios lo bendiga!


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