Texto Bíblico: Ezequiel 36:25-26
El
otro día leía una entrevista que le hacían, en el periódico de mi
ciudad, a un personaje muy importante en la poesía ecuatoriana. Y entre otras
cosas él manifestaba que deseaba morir como había nacido, refiriéndose a la
salud física y limpieza espiritual con la que los bebés nacen; y de esta forma
hacía una comparación con la vida que él había llevado, la misma que no le
había traído satisfacciones personales.
Así que, leyendo esta entrevista
recordaba algunos pasajes en los que Jesucristo instaba a la gente a volverse
como niños para así llegar al reino de los cielos.
Y es que un niño no sólo es un ser lleno de energía y salud física,
sino que:
- Su mente es limpia de toda malicia
- Desea tomar solamente la leche
materna
- Confía plenamente en sus
progenitores
- Ama con sinceridad de espíritu
- Cada día que pasa busca aprender
algo nuevo
- Su sueño es tranquilo y reposado
- Disfruta de las cosas sencillas de
la vida
- Sólo le basta el amor de sus padres
para ser feliz
Como pueden ver, estimados lectores,
estas son unas pocas características del niño, ya que pienso que hay más frases
calificativas para describir a un bebé. Y es aquí donde todos nos detenemos y,
con envidia sana, deseamos algún día “morir como nacimos”, es decir, morir
limpios de toda impureza. Pero, esto, dirán muchos, es prácticamente imposible
debido a que nuestra vida está siempre matizada de varios colores y algunos
nubarrones que manchan y vuelven impura nuestra vida. Así, cuando llegamos al
final de nuestro días nos damos cuenta que hay muchas situaciones que pudimos
haber evitado y que, al final de cuentas, nos han traído tristeza y dolor. En
este punto vale la pena preguntarse: ¿se podrá morir con la pureza de un bebé?,
¿es eso posible?
Y mi respuesta es que sí es posible
gracias al sacrificio que el Hijo de Dios, Jesucristo, hizo un día por usted y
por mí. Por medio de Jesucristo es posible borrar el pasado, comenzar una nueva
vida y crecer cada día en santidad hasta reunir las características de un bebé
recién nacido; así como lo expresa 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".
Sólo debe usted creer en Jesucristo,
reconocer sus pecados e impurezas, dejar que su sangre preciosa lo limpie y,
permitir que día a día Dios, cual alfarero, transforme todo su ser hasta crear una
vasija nueva, para que así, con el pasar de los días por esta tierra usted
pueda experimentar esa santidad que le permita: ser libre de toda malicia,
desear la leche espiritual no adulterada, confiar plenamente en Dios, amar a
todos con sinceridad de corazón, buscar aprender algo nuevo y edificante para
su alma, tener un sueño tranquilo y reposado, disfrutar de las cosas sencillas
que Dios le ofrece en esta vida, y ser feliz con el amor que el Padre Celestial
le puede brindar.
Y todo esto es posible porque el Señor
dice y escrito está:
y seréis limpiados de todas
vuestras inmundicias…”
(Ezequiel 36:25a)
“Os daré un corazón nuevo,
y pondré espíritu nuevo
dentro de vosotros…”
(Ezequiel 36:26a)
¡Dios lo bendiga!
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