jueves, 29 de diciembre de 2011

“¡NO MIRES ATRÁS!”


Texto Bíblico: Génesis 19:26

Revisando el capítulo 19 del libro de Génesis, me detuve en el versículo 26 que dice: “Entonces la esposa de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.” Y me puse a pensar cuántas veces nosotros, como la esposa de Lot, miramos atrás, ansiamos la vida que antes teníamos; extrañamos los lujos, amistades, trabajo; en fin, todo aspecto material, y lo ponemos por encima de lo espiritual, convirtiéndonos en estatuas de sal.

Cuando recibimos a Cristo en nuestras vidas, Él nos rescató de Sodoma y de Gomorra, ese lugar que era parte de nuestras vidas y que día a día nos hundía en pecados que nos impedían acercarnos a Dios libremente. Ahora somos libres, fuimos rescatados de nuestra vana manera de vivir ( 1 Pedro 1:18-20  ) y vamos caminando por un sendero más deleitoso que nos permite crecer en santidad y acercarnos cada vez más a Dios.

Pero, los afanes de esta vida, las pruebas y dificultades hacen que pensemos que: “antes estábamos mejor, antes no teníamos estos problemas”. Y así, si no estamos fuertes en la fe, podemos mirar atrás y volvernos estatuas de sal como la mujer de Lot.

Sí estimados lectores, nos volvemos estatuas de sal en el sentido que ese mirar atrás nos estanca; nos deja parados en plena vía; nos deja sin aliento; sin ánimo para movernos, sin fuerzas para avanzar por el camino de la santificación.

¿Qué le parece hermano en la gloriosa fe de Jesucristo si para este nuevo año 2012 que está por comenzar se propone metas espirituales que lo ayuden a crecer en la gracia de nuestro Dios y ser, de esta manera de bendición para todos aquellos que lo rodean?

Le propongo, por lo tanto lo siguiente:
·         No recuerde situaciones negativas de su pasado
·         Si su pasado ya fue perdonado por Dios, no siga culpándose
·         No añore lo que tenía, sea agradecido con Dios por lo que posee ahora
·         Predique con el ejemplo
·         Busque actuar como Jesús actuaría en su lugar
·         Mire las necesidades espirituales de los que lo rodean y sea un canal de bendición para ellos.
·         Siempre esté “online” para los que necesiten hablar con usted
·         Cultive  y cuide las amistades que ahora, en el Señor, posee y no las deje ir, pues, ellas son la provisión de Dios para su vida.
·         Involúcrese en su iglesia de manera más activa y apoye las iniciativas de su pastor y únase a él en oración para que estas iniciativas o proyectos se cumplan.
·         No se detenga ante las personas que viven de manera negativa y quieren obstaculizar su trabajo de amor en la iglesia, siga adelante que Dios está de su lado y lo va a recompensar.

Así, amigos, a lo mencionado anteriormente usted puede añadir mucho más según sus propias experiencias y proponerse como metas para este nuevo año 2012.

Estimado lector, ¿ha estado mirando atrás?, ¿ha mirado su pasada manera de vivir con nostalgia?, ¿siente deseos de correr y regresar a su antigua vida?. No lo haga hermano en la fe de Jesucristo, no se convierta en estatua de sal. Camine como Lot siempre adelante y su vida salvará por la Gracia de Dios.



 “Puestos los ojos en Jesús,
el autor y consumador de la fe,…”
(Hebreos 12:2a)

¡Dios lo bendiga!




miércoles, 9 de noviembre de 2011

“¡TÍA, TÍA!”


Texto Bíblico: Salmos 68:6a

Domingos atrás, antes que comenzara el culto de nuestra iglesia, llegó una mujer joven con unos cuantos niños, ellos saludaron de manera respetuosa a los asistentes, y juntos se sentaron a escuchar la prédica de ese día…
Aparentemente esta historia no tiene nada de extraordinario, pero si consideramos que los niños son de diferentes edades, razas, y que todos ellos le dicen a esta mujer joven “Tía”, entonces, el panorama cambia, y nos entra la curiosidad de saber ¿cómo así tantos sobrinos?

Y la respuesta es muy sencilla, esta hermana en la fe no es casada, pero Dios le ha dado la bendición de ser tía de algunos niños y niñas que han sido rescatados de las calles de Guayaquil. Ella vive con ellos en una fundación para niños desamparados y vela por ellos como si fueran sus propios hijos, no en vano una de las niñas le dice que ella es su mamá.

Este hermoso cuadro, el mismo que he visto repetirse algunos domingos en nuestra iglesia, me llevó a recordar que Dios nunca nos desampara, siempre tiene a alguien en esta tierra que se preocupa por nosotros, que nos cuida; no en vano Jesucristo dice en Su Palabra: “¿No valéis vosotros mucho más que las aves? (Lucas12:24b)
Y si valemos más que las aves, es una realidad que siempre estaremos bajo el amparo y protección de nuestro Dios.

Es que cuando entregamos nuestras vidas a Dios,  inmediatamente venimos a ser hijos de Él, llegamos a tener una nueva identidad; una identidad mucho más valiosa que la que teníamos antes. Ahora tenemos un nombre que está escrito en el Libro de la Vida, y juntos con todos los salvados venimos a ser ¡una gran familia!

¡Qué hermosa y alentadora realidad!: “Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el Señor me recogerá." (Salmos 27:10)

Actualmente, gracias a esta fundación que rescata niños de la calle,  y el deseo de esta hermana en la fe de cuidar de ellos, cada niño que acude a este lugar tiene un techo, comida, y lo que es más importante el amor de Cristo reflejado en el accionar de cada uno de los miembros de ese lugar.

El domingo que pasó me dio gusto ver a estos niños en la iglesia, pues observé sus rostros llenos de felicidad, seguros de que esa “Tía” los ama con el amor de Jesucristo, ese amor que excede a todo conocimiento; esa Tía vela por ellos en el aspecto espiritual y material; esa Tía no los va a dejar, pues, el amor de Cristo que es el que ella posee, nunca abandona, sino que cuida y protege.

Y es que esta amada Tía comprende que ella es un instrumento que nuestro Señor utiliza para que la promesa escrita en Su Palabra se cumpla:

“Dios hace habitar en familia
a los desamparados…”
(Salmos 68:6a)

¡Dios lo bendiga!


miércoles, 12 de octubre de 2011

“LA RED SALVADORA”


Texto Bíblico: Juan 21:1-14

Leyendo Juan capítulo 21: 1-14, meditaba en el episodio en que Jesús, ya resucitado, visitó a sus discípulos mientras ellos pescaban o trataban de pescar algo para comer; y de esta historia me llamó la atención el versículo 11 que dice que cuando Jesús les dijo que echen las redes al mar, Pedro sacó la red llena de grandes peces, y aún así, la red no se rompió.

Como todos sabemos, la figura del pescador se relaciona también con la de los predicadores y con todo aquel que anuncia las buenas nuevas de salvación. Y pensando en esto, meditaba que hay muchos pastores que día tras día echan las redes de la Palabra de Dios al mar de este mundo, y no pescan nada de calidad. Sus iglesias están aparentemente llenas, pero pocas son las personas que han entrado a la red salvadora. La red que echan estos pastores fácilmente se rompe, y los depredadores de este mundo devoran a los recién convertidos.

Entonces, en su afán de que la red salvadora no se les rompa, y mantener a los “nuevos” en sus iglesias, preparan sermones light, y espectáculos para mantener a la audiencia entretenida, porque temen que si comienzan a predicar la Palabra tal y como lo hizo Jesucristo, sus iglesias se quedarán sin quórum.

Si observamos el versículo 3 vemos que Simón Pedro y sus amigos decidieron ir solos a pescar, sin la ayuda del Señor, y como consecuencia de ello pasaron toda las noche sin una pesca exitosa; sólo cuando aparece Jesucristo y toma el control de la situación, es que el panorama cambia, y obtienen tal cantidad de peces cual nunca habían pescado en toda su vida.

La lección que Jesucristo quiso dejar a sus discípulos y que indudablemente nos deja en la actualidad es que debemos animarnos a echar la red salvadora del evangelio de Cristo, pero con la ayuda y guía de Él, sólo así podremos ver cómo esta red comienza a llenarse de personas necesitadas de Cristo, de personas que buscan la paz y seguridad que Dios puede brindar a todo aquel que le busca de corazón, sin la preocupación de que esta red se rompa.

El Señor nos dice en Lucas 5:10b: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”, y ese  “no temas” implica que Dios tiene el control de toda la pesca, de modo que, si confiamos en Él y pescamos junto a Él,  podremos experimentar lo que Pedro vivió en ese entonces: ¡una pesca exitosa, y una red resistente!

“Subió Simón Pedro,
y sacó la red a tierra,
llena de grandes peces,
ciento cincuenta y tres;
y aun siendo tantos,
la red no se rompió”
(Juan 21: 11)


¡Dios lo bendiga!




martes, 13 de septiembre de 2011

“¡QUIERO MORIR COMO NACÍ!”


Texto Bíblico: Ezequiel 36:25-26

El  otro día leía una entrevista que le hacían, en el periódico de mi ciudad, a un personaje muy importante en la poesía ecuatoriana. Y entre otras cosas él manifestaba que deseaba morir como había nacido, refiriéndose a la salud física y limpieza espiritual con la que los bebés nacen; y de esta forma hacía una comparación con la vida que él había llevado, la misma que no le había traído satisfacciones personales.

Así que, leyendo esta entrevista recordaba algunos pasajes en los que Jesucristo instaba a la gente a volverse como niños para así llegar al reino de los cielos.
Y es que un niño no sólo  es un ser lleno de energía y salud física, sino que:
- Su mente es limpia de toda malicia
- Desea tomar solamente la leche materna
- Confía plenamente en sus progenitores
- Ama con sinceridad de espíritu
- Cada día que pasa busca aprender algo nuevo
- Su sueño es tranquilo y reposado
- Disfruta de las cosas sencillas de la vida
- Sólo le basta el amor de sus padres para ser feliz

Como pueden ver, estimados lectores, estas son unas pocas características del niño, ya que pienso que hay más frases calificativas para describir a un bebé. Y es aquí donde todos nos detenemos y, con envidia sana, deseamos algún día “morir como nacimos”, es decir, morir limpios de toda impureza. Pero, esto, dirán muchos, es prácticamente imposible debido a que nuestra vida está siempre matizada de varios colores y algunos nubarrones que manchan y vuelven impura nuestra vida. Así, cuando llegamos al final de nuestro días nos damos cuenta que hay muchas situaciones que pudimos haber evitado y que, al final de cuentas, nos han traído tristeza y dolor. En este punto vale la pena preguntarse: ¿se podrá morir con la pureza de un bebé?, ¿es eso posible?

Y mi respuesta es que sí es posible gracias al sacrificio que el Hijo de Dios, Jesucristo, hizo un día por usted y por mí. Por medio de Jesucristo es posible borrar el pasado, comenzar una nueva vida y crecer cada día en santidad hasta reunir las características de un bebé recién nacido; así como lo expresa 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".

Sólo debe usted creer en Jesucristo, reconocer sus pecados e impurezas, dejar que su sangre preciosa lo limpie y, permitir que día a día Dios, cual alfarero, transforme todo su ser hasta crear una vasija nueva, para que así, con el pasar de los días por esta tierra usted pueda experimentar esa santidad que le permita: ser libre de toda malicia, desear la leche espiritual no adulterada, confiar plenamente en Dios, amar a todos con sinceridad de corazón, buscar aprender algo nuevo y edificante para su alma, tener un sueño tranquilo y reposado, disfrutar de las cosas sencillas que Dios le ofrece en esta vida, y ser feliz con el amor que el Padre Celestial le puede brindar.

Y todo esto es posible porque el Señor dice y escrito está:
 “Esparciré sobre vosotros agua limpia,
y seréis limpiados de todas
vuestras inmundicias…”
(Ezequiel 36:25a)

“Os daré un corazón nuevo,
y pondré espíritu nuevo
dentro de vosotros…”
(Ezequiel 36:26a)


¡Dios lo bendiga!


sábado, 30 de julio de 2011

“PADRE, LA HORA HA LLEGADO…”

Texto Bíblico: Juan 17.
Estaba leyendo el capítulo 17 del evangelio según San Juan, y me llamó la atención la oración que Jesús pronuncia antes de ser entregado a las autoridades y morir en una cruz, porque no solamente se trata de una oración cargada de muchísima emoción, sino que en ella están resumidos los tres años de ministerio que Él tuvo en esta tierra; y no solamente eso, sino que según el contenido de esta oración, Jesucristo no desea que sea sólo de Él, sino que cada cristiano que se acerca al final de su tiempo pueda componer una oración similar, donde su vida de servicio se vea reflejada en cada palabra.
Hay 11 aspectos interesantes en esta bella oración que paso a compartirlos con ustedes, amables lectores, y son:
1. “Padre, la hora ha llegado”. Jn. 17: 1b
2.”Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti”. Jn. 17:3
3. “He acabado la obra que me diste…”. Jn. 17:4b
4. “He manifestado tu nombre a los hombres…”. Jn. 17:6
5. “Ahora han conocido…”. Jn. 17: 7
6. “…las palabra que me diste, les he dado”. Jn. 17:8
7. “Yo ruego por ellos”. Jn. 17: 9
8. “…guárdalos en tu nombre”. Jn. 17: 11b
9. “No ruego que los quites del mundo” Jn. 17:15
10. “Santifícalos en tu verdad”. Jn. 17:17
11. “Mas no ruego solamente por éstos” Jn.17:20.
Como leemos, este es el ejemplo de trabajo y servicio en esta tierra que Jesús nos dejó y el grado de comunión que tenía con su Padre Celestial, ya que con mucha emoción le pide que sean guardados del mal todos sus discípulos y también pide por todos aquellos que creerán en el evangelio, es decir, que esta oración no sólo se presenta en tiempo presente, sino que busca trascender y traspasar las barreras del tiempo, siempre mirando al futuro.
Al final de esta oración, Jesucristo ya no piensa en Él, sino en los otros; es decir, el Yo ya no existe, sino el Ellos, lo que demuestra su constante preocupación por los demás.
El capítulo 17 de Juan me dejó pensando en la importancia de cumplir el ministerio que Dios nos ha encargado a cada uno de nosotros, y no perder la comunión con nuestro Dios. Sólo así podremos elevar una hermosa oración, similar a la que nuestro amado Jesucristo pronunció a su Padre Eterno.
Yo, espero que al final de mis días pueda decir a mi Padre Celestial esta oración:
“Padre, mi hora ha llegado, mucha gente ha ganado
la vida eterna al conocerte a ti.
Acabé la obra que me diste y he manifestado
a los hombres tu Nombre,
de modo que ahora te conocen, pues,
tu Palabra ha sido dada.
Por lo tanto, yo ruego por ellos,
que en tu Nombre sean guardados.
No los quites de este mundo,
te ruego que los guardes de todo mal.
Santifícalos en tu verdad.
Y no ruego solamente por ellos,
sino por todos los que creerán en ti,
que asimismo sean llenos de tu amor;
ese amor eterno con el que tú me amaste.
Amén”
Estimado amigo, ¿podrá al final de sus días en este mundo componer también una oración similar a la del Señor Jesús?
¡Dios lo bendiga!

miércoles, 29 de junio de 2011

“El CARRITO VIEJO”

Texto Bíblico: I Corintios 1:27-28a

La semana pasada escuché el testimonio que nos contaba un hermano en la fe de cómo Dios utilizó su carrito viejo para beneficio de los demás.

Sucede que este hermano tenía un carro muy viejito que le sirvió por algunos años para movilizarse él y su familia. Pero, con el pasar del tiempo comenzó (su carro), como era de esperarse, a dar problemas. Había que saber cerrar con fuerza la puerta, por ejemplo, y a cada rato se le quedaba parado; más de una ocasión al salir de la iglesia los hermanos le ayudaban a empujarlo para de esta manera tomar fuerzas y así poder arrancar la máquina.

Lo interesante de esta situación es que esta familia siempre estuvo gozosa con el carrito que Dios les había dado, nunca los oí quejarse, al contrario, servían en lo que podían a los hermanos de la iglesia.

Pasaron los meses y esta familia adquirió un mejor carro, y el jefe del hogar decía que su carro viejito estaba parqueado en su casa hasta decidir qué hacer con él.

De pronto, ese carrito viejo se convirtió en la salvación (por así decirlo) de vecinos y parientes, pues, en algunos casos la batería o el motor fueron de gran ayuda para sacar de apuros a otros automotores. Y este hermano en la fe nos contaba que un día oró al Señor y le dijo: “Señor, el carro está en tus manos, haz lo que tú creas conveniente…” No pasó mucho tiempo y el carro se vendió; y este buen hermano sorprendió a los demás miembros de la iglesia con un cheque que correspondía a la venta de ese carro.

Y lo que me llamó la atención, fue que el jefe del hogar decía en su testimonio: “el carro yo lo entregué en las manos del Señor, por lo tanto, este dinero es para el Señor. Yo nunca me imaginé que este carrito viejo y dañado fuera de mucha bendición para mis vecinos y parientes. ¡Quien creyera, un carrito viejo…”!

Así es estimados lectores, Dios utiliza para sus grandes propósitos aquello que el mundo rechaza; incluso capacita a personas que el mundo no escogería como líderes y, los convierte en grandes hombres y mujeres de fe, cuyo ministerio y testimonio de vida dejan huellas indelebles en su paso por este mundo.

Amigo, ¿usted piensa que no tienes capacidades, dones o talentos?, ¿Qué no está en capacidad para dirigir grandes proyectos? Vuelva a leer esta historia, y tenga presente el carrito viejo de este hermano en la fe, y recuerde que: Dios tiene grandes planes para usted. Sólo déjese guiar y dirigir por Él, porque Dios dice en Su Palabra:

“…lo necio del mundo escogió Dios,

para avergonzar a los sabios;

y lo débil del mundo escogió Dios,

para avergonzar a lo fuerte;

y lo vil del mundo y lo menospreciado

escogió Dios…”

(I Corintios 1: 27- 28 a)


¡Dios lo bendiga!


viernes, 13 de mayo de 2011

“¡SÍGUEME DE CERCA!”

Texto Bíblico: Lucas 22:54-62

Estaba pensando cuán difícil es seguir a Jesucristo y más aún seguirlo de cerca. Y el título de esta reflexión me llevó a recordar a Pedro, cuando prometió que nunca negaría a su Maestro y, al final, como todos sabemos, lo negó tres veces…

Pero, ¿qué fue lo que lo llevó a negarlo con juramento y maldiciones? Si nos fijamos en el relato sobre la negación de Pedro, podemos ver un factor muy importante y decisivo para que este discípulo de Jesús cometiera semejante pecado en su vida. Y este factor interesante fue que esa noche Pedro siguió de lejos a Jesús, y esa fue la causa que su fe haya flaqueado y el terror haya dominado su mente y corazón, al límite de negar a su Maestro.

Si miramos retrospectivamente la vida de Pedro, podemos ver a un hombre fuerte de carácter, decidido, que cree firmemente en su Maestro y, dispuesto a dar su vida por Él. Y este Pedro de carácter tan fuerte, decidido, sentía esa enorme fortaleza porque cada día que pasaba se sentaba y caminaba a lado del Señor, por esto, su fe crecía y se fortalecía día a día. Mas, cuando él decidió caminar lejos de su Maestro, es decir, seguirlo a una “distancia prudente”, entonces, Satanás tomó ventaja y lo hizo pecar.

Estimados lectores, ¿verdad que mientras caminamos junto a Jesús nuestra fe se fortalece, nuestros temores desaparecen y somos tan fuertes como Pedro? Pero, ¿qué pasa cuando las circunstancias que nos rodean no son las mejores, cuando los problemas nos agobian, cuando el mundo entero se vuelve contra nosotros por causa de Jesucristo? Muchos de nosotros perdemos la fe, la esperanza, nos alejamos de Él y decidimos seguirlo de lejos, si es posible negándolo para, según nuestro concepto, sobrevivir en este mundo.

Pues, déjeme decirle, estimado amigo, que es allí donde el diablo toma ventaja y nos lleva de fracaso en fracaso, hasta que en un momento dado, como Pedro, lloramos amargamente por habernos alejado del Maestro.

Pero saben, apreciados lectores, la mejor parte de esta historia no es que Pedro negó a Jesús y su vida terminó hundida, sino que supo levantarse, reconocer sus errores, y continuó caminando junto a su Maestro. Lo más admirable es que Jesús no lo rechazó, sino que lo recibió y lo convirtió en uno de los discípulos más importantes de la historia del evangelio. Sólo bastó la tierna mirada de nuestro Salvador para que Pedro comprendiera la importancia de caminar junto a Él y cuánto lo amaba a pesar de su fracaso. Y de aquella amarga experiencia nació un nuevo y mejor Pedro.

Amigo que lee esta reflexión, ¿qué espera para seguir de cerca al Maestro? No importa cuánto usted lo haya negado u ofendido, Él conoce sus debilidades y quiere, a partir de esta dura experiencia suya, convertirlo en una nueva persona, más fuerte, más santa y apta para toda buena obra.


“Y prendiéndole le trajeron, y le metieron en casa
del príncipe de los sacerdotes.
Y Pedro le seguía de lejos.”
(Lucas 22:54)


¡Dios los bendiga!






miércoles, 6 de abril de 2011

“TODO LO QUE TENGO TE DOY”

Texto Bíblico: Marcos 12:44b
Leyendo el versículo 44 de Marcos capítulo 12, acerca de la viuda que dio a Dios todo lo que tenía, y que dice: “…de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”. Vino a mi memoria el hermoso avivamiento que hace un par de meses tuvimos en nuestra iglesia, pues, Dios nos mostró un terreno para edificar allí su templo, y nos embarcamos en un acto de fe, ya que sólo teníamos la mitad del dinero y un mes para conseguir el resto y poder adquirir el terreno.


Amigos lectores, no se imaginan cómo muchos hermanos donaron importantes sumas de dinero. Muchas mujeres de nuestra congregación realizaron actividades para recaudar fondos; familias que se comprometían (y lo cumplieron) a donar parte de su sueldo para esta causa. Incluso hermanos en la fe del exterior, se unieron económicamente para ayudar a conseguir el terreno.


Pero la donación que más me impacto, fue la que hizo un joven, que una noche en un culto de oración y testimonios, dijo a los hermanos que estábamos en la iglesia, que Dios le había hablado y que sentía en su corazón donar todos sus ahorros para la compra del terreno para construir la casa para Dios. Y lo más interesante es que esta donación la hacía con mucho gozo y con la certeza que Dios se lo iba a devolver cuadruplicado.


De esta manera, los casos similares de donaciones se repetían. Y lo importante era que los que donaban el dinero no se preocupaban por el día de mañana; si tendrían o no qué comer, pues, su fe era tan grande que sabían que Dios no los iba a desamparar.


Y así ha sido, cada lunes de oración y testimonios, estos hermanos se paran a testificar y a compartir cómo Dios los ha bendecido; nunca les ha faltado un plato de comida, y lo más maravilloso es que he visto en ellos y sus familias un crecimiento espiritual enorme, el mismo que ha hecho que nuestra iglesia cada día se fortalezca más en el Señor.


Estimado amigo, nunca olvide que las bendiciones de Dios son ilimitadas, Dios nunca nos da ni nos dará todo lo que tiene, pues, sus bondades no tienen límite. Pero, como nosotros somos seres limitados, no somos Dios, Él espera que le demos toda nuestra capacidad, todo nuestro talento, toda nuestra vida para el servicio a Él. Y no debemos preocuparnos si al dar todo lo que tenemos vamos a padecer necesidad, pues, Dios que es un ser infinito siempre estará dispuesto a llenar nuestras vidas con nuevas y mayores bendiciones, suficientes para nosotros, nuestras familias y para compartir con el que padece necesidad.


Para terminar quiero compartirles el coro de un hermoso Himno que cantamos en nuestras iglesias evangélicas, y que espero sea de bendición para todos ustedes.



“Cuando combatido por la adversidad”


Coro:

“¡Bendiciones, cuántas tienes ya!

¡Bendiciones, Dios te manda más;

Bendiciones, te sorprenderás

Cuando veas lo que Dios por ti hará.”



¡Dios lo bendiga!




miércoles, 19 de enero de 2011

“¿QUIÉN TOCÓ MI MANTO?”

Texto Bíblico: Marcos 5:21-34


Estimados hermanos y amigos lectores. La otra noche vino a mi mente la historia Bíblica de aquella mujer que padecía de flujo de sangre y que con sólo tocar el borde del manto de Jesús fue sanada de toda su dolencia.

Y es que al volver a releer Marcos 5:21-34, pude ver algunas verdades interesantes que fueron de mucha bendición para mi vida y, por lo tanto, deseo compartirlas con todos ustedes.

Como podemos observar desde el versículo 21, Jesús siempre estaba rodeado de multitudes, mucha gente lo seguía y buscaba estar lo más cerca posible de Él. Pero sólo una persona tomó la determinación de tocar su manto, pues, tenía fe que sólo tocando el borde del manto de Jesús sería salva y libre de toda dolencia (Vr. 27-28).

¡Cuántos de nosotros sólo nos acercamos a Jesús para decir que profesamos una fe, que creemos en su existencia, pero no podemos sentir Su poder obrando en nuestras vidas!

Y no podemos sentir Su poder porque no tocamos Su manto con fe. Queremos que Jesús sane nuestras dolencias físicas y existenciales usando grandes recursos, haciendo uso de grandes espectáculos y si no vemos esto, entonces, no sentimos su poder…

Amigos lectores, la mujer de esta historia de la Biblia sabía del poder sanador de Jesucristo, creía firmemente en Él, y en un acto de fe sólo necesitó tocar su manto. Le bastaba con eso. Así, pudo experimentar sanidad y limpieza de su espíritu por el resto de su vida.

El Señor Jesús no quiere que lo sigamos solamente; no quiere que lo apretujemos, Él desea que nos acerquemos con fe y creamos que con sólo tocar Su manto con fe seremos sanados de todo lo que nos aqueja y agobia. Y no piense que al tocar el borde del manto del Señor, él no se volteará a ver quién lo tocó, pues, Jesús se interesa tanto por los que le buscan de corazón que estoy segura, tal y como sucedió en la historia de la Biblia (Vr. 30-32), detendrá su caminar, mirará a la multitud que le sigue y preguntará:
¿Quién tocó mi manto?

Cuando esto suceda, amigo lector, acérquese a Él confiadamente y cuéntele las razones por las que decidió acudir en su ayuda.
Y tal como sucedió a la mujer de esta historia, Jesús le responderá:
“Hija/o, tu fe te ha hecho salva/o;
Ve en paz, y queda sana/o de tu azote”
(Marcos 5:34)
¡Dios lo bendiga!