viernes, 26 de marzo de 2010

“¿POR QUÉ DUDAS?”

Texto Bíblico: Mateo 14:22-33

Al leer el pasaje bíblico en el que Pedro camina sobre el mar para ir al encuentro con el Maestro, estuve pensando que la realidad de Pedro es la misma de muchos de nosotros, porque imagínense ustedes si…

¡De pronto!, oigo sonar la puerta de mi casa…Me lleno de temor, porque para tocar la puerta primero se debe sonar el timbre, pasar por la puerta de rejas de la calle, y de allí abrir un enrejado que permite llegar a la puerta de entrada de mi casa. Pero, allí estaba un hombre que yo no había visto antes. Tocaba insistentemente la puerta de mi casa, y yo aunque sentía temor, le abrí, y él me dijo:
-No temas, soy yo Jesús, el Hijo de Dios. Estoy aquí para ayudarte en todo lo que necesites.
Y yo, con duda lo desafío diciéndole, si eres el Hijo de Dios, dame una señal para creer y seguirte adonde quiera que vayas…

Aquel ser especial se despide amablemente, no sin antes decirme:
-Mañana caminarás sobre las aguas y verás mi salvación.

Así, a partir del siguiente día, yo sentía que todos mis problemas tomaban otro giro, que mi vida se enrumbaba; mi economía mejoraba, las relaciones familiares también, me sentía más fuerte espiritualmente. De esta manera me sentía muy gozosa y optimista porque estaba caminando, efectivamente, sobre las aguas del mar de mi vida.

Pero, un día veo cómo el cielo despejado se oscurece, se oyen truenos y hasta puedo ver uno que otro relámpago. Mas, yo sigo mi camino, pues, esto no me impide continuar con mi trabajo, ya que tengo la ropa adecuada y un buen paraguas para protegerme de la lluvia.

Mas, no cuento con que no será una de las tantas lluvias que caen por este mes en mi país, sino que esta lluvia es una tormenta. Fuertes vientos azotan los árboles de mi ciudad, los techos se levantan, y yo comienzo a temblar de miedo, y a sentir un peso enorme dentro de mi ser.

Miro hacia delante y me vuelvo a encontrar con el mismo hombre que fue a mi casa el día anterior. Él me extiende su mano y me dice:
-¡Sigue caminando, conmigo estás a salvo!
Pero, yo miro a mí alrededor: todo es caos, la gente está llena de pánico, todo es un desastre. Así, yo también soy presa fácil de la desesperación y siento que me hundo.

Pero, aquel ser especial me dice: Querida Zoila, yo estoy aquí, siempre estuve a tu lado, ¿Por qué tienes miedo? ¿Por qué dudas?

Apreciados lectores, recordemos que mantener la mirada fija en nuestro Señor Jesucristo nos permite llegar a la meta propuesta. El detenerse a mirar los problemas y tratar de darles una solución nos retrasan en nuestro andar cristiano. Es por esto, que debemos dejar que nuestro Dios solucione nuestras dificultades, y sea Él el que nos dirija con paz por el mar inquieto de nuestra existencia, para que cuando, ya sea que haya tempestad o bonanza, nos mantengamos firmes y confiados siempre, y que cuando toquemos la mano de nuestro Salvador, es porque la meta principal la hemos alcanzado. Y es en ese momento, que podremos decir:

- Señor, peleé la buena batalla, acabé la carrera y guardé la fe.
(II Timoteo 4:7)

Y nuestro Dios nos responderá:

- “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.”
(Mateo 25:23)

¡Dios lo bendiga!

lunes, 1 de marzo de 2010

“¡TIENE TODOS LOS NUTRIENTES!”

Texto Bíblico: Nehemías 9:21

A propósito de la crisis económica mundial, la misma que, actualmente afecta también a nuestro país, escucho muchos comentarios, de hermanos en la fe, que todavía no dejan de asombrarme, por ejemplo:

- “Hoy sólo tuve para comer arroz con carne”
- “Sólo pude desayunar pan con leche”
- “Hoy hubo en la merienda sólo arroz con queso…”
- “Hoy comimos un plato de arroz solo”
- “Hoy nuestro desayuno fue únicamente una taza de café con plátano asado”

Saben, amigos cuando escucho estos comentarios, a mi mente vienen los pasajes Bíblicos que nos informan que Dios alimentó por 40 años al pueblo de Israel en el desierto. Y lo hizo de diferentes maneras. Pero la que más me llama la atención es la etapa en la que el pueblo fue sustentado con una pequeña semilla, que se parecía al culantro, y este alimento se llamaba: “Maná”.

¿Se pueden imaginar? ¡40 años en los que el pueblo de Israel tuvo que comer sólo maná!
Y lo más importante es que este alimento tenía todos los nutrientes que el cuerpo humano necesita.

De esta manera, podemos ver en la Biblia que los israelitas eran personas muy fuertes y sanas, tanto así que podían trabajar muy duro y hasta enfrentar largas y agotadoras batallas en contra de sus enemigos.

Por lo tanto, amados lectores, si trasladamos esos 40 años del pueblo de Israel a nuestros tiempos, debemos concluir que nuestro Señor continúa siendo fiel con su pueblo. Pues no puedo olvidar que hubo épocas en la vida de mi familia, en que la comida escaseaba y no había dinero para comprar todos los alimentos que uno quisiera, pero Dios siempre enviaba a sus “cuervos” para que nos alimentasen.

A veces fue con arroz, carne o pescado. Pero gracias a Dios nuestra salud no fue ni ha sido afectada por esto; pues, aprendimos y seguimos aprendiendo a dar gracias a Dios y a confiar en que los alimentos que nos servimos son de bendición para nuestros cuerpos.

Estimados lectores, no debemos preocuparnos si por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, durante el día podemos comer únicamente un solo plato de comida; o si sólo nos servimos un plato de carne, pollo o arroz. Ni tampoco debemos angustiarnos si es lo único que tendremos para cada día de la semana.

Si usted ora y da gracias a Dios por estos alimentos, y pide la bendición de Dios para ellos, tenga la seguridad que su salud no se verá afectada. Es un plato de comida bendecido por Dios, es el maná que el Señor le envía el día de hoy, por lo tanto, ¡tiene todos los nutrientes que usted necesita!

“Los sustentaste cuarenta años en el desierto;
De ninguna cosa tuvieron necesidad;
Sus vestidos no se envejecieron,
Ni se hincharon sus pies”
(Nehemías 9:21)
¡Dios lo bendiga!