viernes, 12 de noviembre de 2010

“¡GRITA MÁS ALTO, HIJA!”

Texto Bíblico: 2 Corintios 2:14

¡Grita más alto, hija, grita más alto!, eran las palabras de un padre vendedor de comidas, que le decía a su joven hija en medio del grito de los demás vendedores de diferentes productos que en el mercado de víveres de nuestra ciudad pugnaban por vender su mercadería.

Y es que esta joven necesitaba del apoyo y ánimo de sus progenitores, pues, es madre soltera y en ese entonces sus tres hijos eran muy pequeños y necesitaba llevarles el sustento diario.

Cada día, esta joven madre se levantaba muy temprano para, en compañía de sus padres, acudir al mercado y vender un plato típico de nuestro país: “la fritada”. Pero conforme avanzaban las horas, los demás comerciantes se desesperaban por vender sus productos, y ella al ver el éxito de los demás, se desanimaba y perdía las ganas de luchar.

Era en esos momentos que su padre le decía: “¡grita más alto, grita más alto, hija!”. Ella, entonces, cobraba ánimo y elevaba su voz, de tal forma que, captaba la atención de los clientes, vendía su producto y ganaba el dinero suficiente para poder llevar un plato de comida para el sustento de ella y de sus pequeños hijos.

Actualmente esa jovencita de antaño es una mujer muy trabajadora, emprendedora, que aprendió una gran lección para su vida:
“si gritas más alto, y no dejas de hacerlo, serás una persona triunfadora en esta vida.”

Así es, mis estimados lectores, si queremos escalar los sitiales más altos en nuestra vida necesitamos tener las agallas suficientes para gritar tan alto que el mundo entero nos escuche, y se detenga por un momento en sus apretadas agendas, y vean todo lo que somos capaces de realizar.

Cada día que pasa busco gritar más y más fuerte, como la joven de esta historia, y cuando las fuerzas me faltan, tengo un Padre Celestial que me dice: “¡grita más alto, Zoila, no te desanimes!”. Y es por estas palabras de ánimo que recibo cada día al leer Su Santa Palabra, que me mantengo firme sin desmayar, con la seguridad que al otro lado del río, me espera una vida llena de triunfos en Cristo Jesús.

Y usted, amigo lector, también puede alcanzar el éxito en esta vida, si permite de todo corazón que Dios lo sostenga y guie su camino. Y si decide hacerlo, estoy segura que pronto escuchará Su voz animándolo también, y diciéndole: “¡grita más alto, hijo; no te desanimes, grita más alto!”.
“Mas a Dios gracias,
el cual nos lleva siempre
en triunfo en Cristo Jesús…”
(2 Corintios 2:14)

¡Dios lo bendiga!

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