miércoles, 11 de agosto de 2010

“LA MESA VACÍA”

Textos Bíblicos: Filipenses 4:11-13
1 Tesalonicenses 5:18
Eran las siete de la noche en uno de los pequeños pueblos de nuestra Costa Ecuatoriana. La gente llegaba poco a poco a sus hogares, después de una larga jornada de trabajo. Algunos logran llevar unos cuantos dólares para comer en la merienda y sustentar a sus familias; pero otros, llegan con las manos vacías, con el semblante decaído y con la única respuesta que alimentará las esperanzas de los suyos: “hoy no hay dinero, mañana será un mejor día…”

Y esta escena se repite cada semana en muchos sectores pobres de mi país; y si a eso le sumamos las lluvias torrenciales que obligan a las nubes a derramar todo su contenido y caer con furia en los sembríos, carreteras y casas, entonces, tenemos un panorama muy desesperante y conmovedor.

Dentro de este triste cuadro hay una casa que en medio de la fuerte lluvia llama la atención, porque en medio de ella pasa, literalmente, un río que se desborda cada invierno con cada lluvia, y se pasea dentro de ella destruyendo todo lo que se pone a su paso.

En esta casa viven dos humildes hermanas que día a día sobreviven vendiendo dulces en el pueblo y sus alrededores. Ellas viven en condiciones infrahumanas. A veces tienen para dos comidas; otras, sólo para una. Comer tres veces al día es un lujo para ellas.
Estas dos hermanas son huérfanas de padre y madre, sólo se tienen la una para la otra. Su vida es una constante y agotadora lucha por sobrevivir…

Un programa de televisión de mi país nos mostró la dura realidad que ellas enfrentan a diario, y les hizo un seguimiento por un par de días para mostrar cómo ellas sobrevivían cada día.
Una noche, después de llegar del trabajo, estas hermanas se sentaron frente a la mesa vacía y, dijeron que el día de hoy no habían vendido nada, por lo tanto, no había alimentos para servirse en la merienda. Y, ante el asombro de los presentes, comenzaron a orar y dar gracias a Dios porque a pesar de no tener alimentos ese día, Él les había dado fuerzas, salud y vida para trabajar…

Las palabras de estas hermanas me recordaron las del apóstol Pablo cuando dijo:
“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4: 11-13)

Así que, hermanos, preguntémonos, ¿nos contentamos y alegramos en el Señor cualquiera que sea nuestra situación?, ¿sabemos vivir humildemente y administrar bien nuestros recursos en la época de la abundancia?, ¿estamos enseñados a tener escasez?

Recordemos que toda situación en nuestras vidas es una enseñanza de nuestro Dios para nosotros. Hay enseñanza en la abundancia; pues, a más de tener para suplir nuestras necesidades, Dios también nos enseña a dar y a proveer para las necesidades de los otros. Hay enseñanza en la escasez, pues, aprendemos que Él nos sustenta y no nos abandona.

Por lo tanto, amigos:

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros en Cristo Jesús”
(1Tesalonicenses 5:18)
¡Dios lo bendiga!

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