viernes, 12 de noviembre de 2010

“¡GRITA MÁS ALTO, HIJA!”

Texto Bíblico: 2 Corintios 2:14

¡Grita más alto, hija, grita más alto!, eran las palabras de un padre vendedor de comidas, que le decía a su joven hija en medio del grito de los demás vendedores de diferentes productos que en el mercado de víveres de nuestra ciudad pugnaban por vender su mercadería.

Y es que esta joven necesitaba del apoyo y ánimo de sus progenitores, pues, es madre soltera y en ese entonces sus tres hijos eran muy pequeños y necesitaba llevarles el sustento diario.

Cada día, esta joven madre se levantaba muy temprano para, en compañía de sus padres, acudir al mercado y vender un plato típico de nuestro país: “la fritada”. Pero conforme avanzaban las horas, los demás comerciantes se desesperaban por vender sus productos, y ella al ver el éxito de los demás, se desanimaba y perdía las ganas de luchar.

Era en esos momentos que su padre le decía: “¡grita más alto, grita más alto, hija!”. Ella, entonces, cobraba ánimo y elevaba su voz, de tal forma que, captaba la atención de los clientes, vendía su producto y ganaba el dinero suficiente para poder llevar un plato de comida para el sustento de ella y de sus pequeños hijos.

Actualmente esa jovencita de antaño es una mujer muy trabajadora, emprendedora, que aprendió una gran lección para su vida:
“si gritas más alto, y no dejas de hacerlo, serás una persona triunfadora en esta vida.”

Así es, mis estimados lectores, si queremos escalar los sitiales más altos en nuestra vida necesitamos tener las agallas suficientes para gritar tan alto que el mundo entero nos escuche, y se detenga por un momento en sus apretadas agendas, y vean todo lo que somos capaces de realizar.

Cada día que pasa busco gritar más y más fuerte, como la joven de esta historia, y cuando las fuerzas me faltan, tengo un Padre Celestial que me dice: “¡grita más alto, Zoila, no te desanimes!”. Y es por estas palabras de ánimo que recibo cada día al leer Su Santa Palabra, que me mantengo firme sin desmayar, con la seguridad que al otro lado del río, me espera una vida llena de triunfos en Cristo Jesús.

Y usted, amigo lector, también puede alcanzar el éxito en esta vida, si permite de todo corazón que Dios lo sostenga y guie su camino. Y si decide hacerlo, estoy segura que pronto escuchará Su voz animándolo también, y diciéndole: “¡grita más alto, hijo; no te desanimes, grita más alto!”.
“Mas a Dios gracias,
el cual nos lleva siempre
en triunfo en Cristo Jesús…”
(2 Corintios 2:14)

¡Dios lo bendiga!

miércoles, 25 de agosto de 2010

“HOSPITALES PARA EL ALMA…”

Textos Bíblicos: 2 Crónicas 6:25-26
Mateo 11:28

“A esa iglesia no vayas porque sólo hay gente con problemas. Acude a una iglesia donde la gente esté sana…”
Hace unas semanas atrás escuché que a un hermano en la fe le habían dado este consejo. Y este razonamiento me llevó a meditar sobre cuál es la verdadera función de nuestras iglesias evangélicas para con todos los que asisten a ellas.

Si leemos 2 Crónicas 6:25-26 podemos ver que en la oración de dedicación del templo, el rey Salomón le dice a Dios para qué fue construido el templo. Y entre las razones están: para orar, para pedir perdón por los pecados, para pedir por el sustento diario, para pedir guía y dirección, para pedir protección. De esta manera podemos ver que a los templos de ésa época acudían personas con necesidades de orden espiritual, pues, sabían que en estos lugares podrían encontrar la medicina necesaria y vital para el alma: Dios.

Imagínese, amable lector, una iglesia llena de gente saludable, espiritualmente, que no tienen necesidad de crecimiento espiritual, que no tienen problemas personales, no tienen la necesidad de cambiar ningún aspecto de sus vidas. Entonces, ¿no les parece que estos templos estarían de más?, porque no habría la necesidad de un pastor que les predique la Palabra de Dios, ya que ésta, tiene como función principal el tocar mentes y corazones para llevar al hombre a una transformación integral. Así, no tendría ninguna lógica que el pastor preparase sermones cada domingo esperando tocar el corazón de los oyentes. Con las características antes mencionadas tendríamos, en lugar de una iglesia, un club social, donde la gente “sana” se codea con personas afines a ellos y comparten una hora del día domingo.

No, mis estimados amigos, esa persona que hizo el comentario que escribí al inicio está muy equivocada, ya que el mismo Jesús vino a este mundo para entablar amistad y recibir a gente muy necesitada: el endemoniado gadareno, la mujer adúltera, Zaqueo, algunos fariseos, los apóstoles (que no eran perfectos), María Magdalena, etc., y la lista es bastante larga; y si a esos les sumamos su nombre y el mío, la lista se hace infinita…
Los templos, no son lugares élites, no son clubes sociales donde se reúnen personas que se creen perfectas. Los templos de nuestro Dios donde se reúne su pueblo son para aquellas personas que están trabajadas y cargadas, aquellas que sienten un vacío existencial; seres humanos que desean cambiar y que día a día luchan contra el maligno que busca destruir sus vidas.

Estos lugares son dedicados a nuestro Dios; son lugares donde la gente puede encontrar refugio por medio de la predicación de la Palabra; donde encuentran consuelo y palabras de ánimo; donde se les dice que sí hay esperanza para el hombre pecador, sí hay perdón para el hermano caído. Son Hospitales para el alma, donde las heridas se curan con aceite, donde hay médicos y enfermeras guiados por el mayor de los médicos: Dios. Allí se le da gratis al enfermo la mejor medicina del mundo:
el amor de Dios.

Así que, amigo, busque ese hermoso lugar, la casa de Dios, salga de los clubes sociales; venga a lo pies del mejor de los médicos, y déjese curar por su mano misericordiosa y amorosa.

Yo estoy feliz de asistir a una iglesia donde todos nosotros tenemos diversas necesidades espirituales. ¡Qué bien que se siente asistir a cada culto y salir con las heridas vendadas! Con la garantía que van a cicatrizar y que no volverán a abrirse, pues, tenemos la seguridad que el médico de los médicos: Dios, siempre estará allí pendiente de nosotros mientras estemos en esta tierra.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,
y yo os haré descansar.”
(Mateo 11:28)
¡Dios lo bendiga!

miércoles, 11 de agosto de 2010

“LA MESA VACÍA”

Textos Bíblicos: Filipenses 4:11-13
1 Tesalonicenses 5:18
Eran las siete de la noche en uno de los pequeños pueblos de nuestra Costa Ecuatoriana. La gente llegaba poco a poco a sus hogares, después de una larga jornada de trabajo. Algunos logran llevar unos cuantos dólares para comer en la merienda y sustentar a sus familias; pero otros, llegan con las manos vacías, con el semblante decaído y con la única respuesta que alimentará las esperanzas de los suyos: “hoy no hay dinero, mañana será un mejor día…”

Y esta escena se repite cada semana en muchos sectores pobres de mi país; y si a eso le sumamos las lluvias torrenciales que obligan a las nubes a derramar todo su contenido y caer con furia en los sembríos, carreteras y casas, entonces, tenemos un panorama muy desesperante y conmovedor.

Dentro de este triste cuadro hay una casa que en medio de la fuerte lluvia llama la atención, porque en medio de ella pasa, literalmente, un río que se desborda cada invierno con cada lluvia, y se pasea dentro de ella destruyendo todo lo que se pone a su paso.

En esta casa viven dos humildes hermanas que día a día sobreviven vendiendo dulces en el pueblo y sus alrededores. Ellas viven en condiciones infrahumanas. A veces tienen para dos comidas; otras, sólo para una. Comer tres veces al día es un lujo para ellas.
Estas dos hermanas son huérfanas de padre y madre, sólo se tienen la una para la otra. Su vida es una constante y agotadora lucha por sobrevivir…

Un programa de televisión de mi país nos mostró la dura realidad que ellas enfrentan a diario, y les hizo un seguimiento por un par de días para mostrar cómo ellas sobrevivían cada día.
Una noche, después de llegar del trabajo, estas hermanas se sentaron frente a la mesa vacía y, dijeron que el día de hoy no habían vendido nada, por lo tanto, no había alimentos para servirse en la merienda. Y, ante el asombro de los presentes, comenzaron a orar y dar gracias a Dios porque a pesar de no tener alimentos ese día, Él les había dado fuerzas, salud y vida para trabajar…

Las palabras de estas hermanas me recordaron las del apóstol Pablo cuando dijo:
“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4: 11-13)

Así que, hermanos, preguntémonos, ¿nos contentamos y alegramos en el Señor cualquiera que sea nuestra situación?, ¿sabemos vivir humildemente y administrar bien nuestros recursos en la época de la abundancia?, ¿estamos enseñados a tener escasez?

Recordemos que toda situación en nuestras vidas es una enseñanza de nuestro Dios para nosotros. Hay enseñanza en la abundancia; pues, a más de tener para suplir nuestras necesidades, Dios también nos enseña a dar y a proveer para las necesidades de los otros. Hay enseñanza en la escasez, pues, aprendemos que Él nos sustenta y no nos abandona.

Por lo tanto, amigos:

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros en Cristo Jesús”
(1Tesalonicenses 5:18)
¡Dios lo bendiga!

martes, 29 de junio de 2010

“¿SE ACABÓ EL AMOR?”

Texto Bíblico: I Corintios 13
I Juan 4:7-21


Queridos lectores, escribo estas líneas con un gran peso en mi corazón porque soy profesora y, como la mayor parte del tiempo trabajo con niños, he visto durante estas últimas semanas cuadros muy tristes de alumnos con rostros llenos de incertidumbre y de pesar, pues, ven con impotencia destruirse sus hogares y lo más doloroso, son las acciones de los padres que, sin importarles la salud emocional y mental de sus vástagos dan rienda suelta a sus odios, venganzas, resentimientos; agravando con esto la ya difícil separación familiar.

Una de mis pequeñas alumnas me dijo un día que sus abuelos están separados
porque con la edad el amor se acaba...
Tal información me hizo estremecer y meditar en lo que sería de nosotros si Dios nos dejara de amar con el pasar de los años, ¿qué sucedería si Dios sólo nos amara mientras somos jóvenes, mientras con nuestra juventud le podemos servir?, ¿qué hay de aquellos ancianos que por el paso y el peso del tiempo ya no tienen la agilidad de antes para colaborar en la obra de Dios?, ¿Dios los seguirá amando como cuando eran jóvenes fuertes y con buena salud?

Frente a tantas interrogantes decidí buscar una respuesta o respuestas a las mismas, y abrí mi Biblia en I de Corintios 13 y en I de Juan 4: 7-21. Y encontré las siguientes respuestas:

- Que puedo tener la mayor capacidad del mundo, tener los mejores dones y talentos; pero si no tengo el amor de Dios, nada soy. Porque el que tiene el amor de Dios es: sufrido, benigno, sin envidia, no hace maldad, no busca lo suyo, lo soporta todo. (I Corintios 13: 4-7)
- El mundo pasará, pero el amor de Dios “nunca dejará de ser…” (I Corintios 13:8a)
- El mayor sentimiento que podemos tener es el amor. (I Corintios 13:13)
- Dios promete amarnos siempre porque Dios es amor. (Juan 4:8b)
- Dios promete permanecer en nosotros si nosotros permanecemos en Él. (I Juan 4:16)
- Y promete perfeccionar nuestro amor con la presencia de Su amor en nosotros. ( I Juan 4:17)

Estimados lectores, podemos luchar con todas nuestras fuerzas por amar a nuestras familias, pero si no lo hacemos con el amor perfecto: el amor Divino, pronto ese sentimiento se marchitará, morirá y no podrá sobrevivir.

Dios nos da el mejor entrenamiento para poder amar a los que nos rodean, y es con su ejemplo: Él envió a su Hijo a este mundo por amor a nosotros; asimismo, por amor nos ha dado la oportunidad de ser salvos y adquirir la categoría de hijos de Dios; y si nos extraviamos de sus caminos, Él sale a buscarnos, nos extiende su mano amorosa y no nos abandona; por último, Dios cada día nos colma de bendiciones sin importar el paso de los años, y esto es porque Él permanece para siempre, Él nunca cambia, y su fidelidad es por toda la eternidad. ¡Y todo esto por el amor eterno que Él nos tiene!

Amigo que ha leído esta publicación, lo invito a que se llene del amor de Dios para que pueda amar con él a los suyos con la certeza que el amor que les brindará no se terminará con el paso de los años, al contrario, se hará más fuerte, no se apagará, y se mantendrá siempre como una llama viva.

"El amor nunca deja de ser..."
.............................................
(I Corintios 13:8a)
¡Dios lo bendiga!

miércoles, 28 de abril de 2010

“¡SOY LIBRE!”

Texto Bíblico: Juan 8:36

“¡Soy libre madre, no importan las cadenas en mis manos, no importa el veredicto de los jueces, Dios me perdonó, Él me absolvió, soy libre!”

Estas fueron las asombrosas palabras que dejaron atónitos a más de un transeúnte que pasaban cerca del bus que llevaba de regreso a la Penitenciaría de mi ciudad a un grupo de presidiarios que, como cada miércoles, son llevados al Palacio de Justicia para sus respectivos juicios.

Saben, amigos lectores, cada miércoles el Palacio de Justicia de mi ciudad, ofrece un cuadro poco alentador, pues las esposas, madres e hijas de los reos se agolpan en la entrada de este lugar para poder ver aunque sea de lejos a sus parientes.
Estos son los momentos en que estas mujeres pugnan por tocar a sus seres queridos; tratan de gritarles palabras de ánimo o enviar mensajes secretos a los reos. Todo esto en medio de un gran cerco policial, los transeúntes que caminan por ese lugar, y los carros que con sus impacientes conductores hacen casi imposible el poder transitar en paz.

De repente, en medio de todo este bullicio, salen los reos, y hay uno que llama la atención por su rostro y caminar tranquilo. Detrás lo sigue una anciana con su pequeña nieta. Y, al subirse al bus que los llevaría de regreso a la cárcel, esta madre grita: “¡Dios te bendiga hijo, ten ánimo!”, y es aquí donde este reo levanta sus manos encadenadas y, sosteniendo una Biblia, grita a través de la ventana:
“No te preocupes madre, estoy tranquilo. Yo estoy pagando por mis pecados, estoy pagando justamente, pero no importa, ¡soy libre madre, no importan las cadenas en mis manos, no importa el veredicto de los jueces, Dios me perdonó, Él me absolvió, soy libre!"
Acto seguido, el autobús parte de regreso con destino a la Penitenciaría…

Todos los que pudieron observar este cuadro, quedaron estupefactos. ¿Cómo es posible que un hombre encadenado se sienta libre?, ¿Cómo es posible que alguien que vive encarcelado experimente libertad en su vida?

Estimado lector, la verdadera libertad no consiste en estar fuera de una cárcel, en poder salir y hacer lo que queramos; tampoco la libertad consiste en poseer bienes materiales que nos exoneren de apremios e incomodidades. La libertad es una situación o estado interno que nos permite sentirnos bien, en paz, aún si nuestro cuerpo es privado de moverse de un lugar a otro. Y esa libertad sólo se la puede alcanzar si Cristo mora en nuestras vidas; si pedimos perdón a Dios por nuestros pecados y dejamos que la sangre bendita de Su Hijo Jesucristo limpie nuestros corazones de todo mal. Sólo allí, sin importar las circunstancias, seremos verdaderamente libres.

Amigo que ha leído esta publicación, lo invito a que busque a Dios y que permita que Él lo transforme, y a través de la sangre Bendita de su Hijo Jesucristo usted experimente libertad; esa poderosa libertad capaz de romper las cadenas más gruesas del pecado, y dejar libre, sin ninguna carga el alma de todo el que le busca con corazón sincero.

“Así que, si el Hijo os libertare, seréis
Verdaderamente libres.”
(Juan 8:36)

¡Dios lo bendiga!








viernes, 26 de marzo de 2010

“¿POR QUÉ DUDAS?”

Texto Bíblico: Mateo 14:22-33

Al leer el pasaje bíblico en el que Pedro camina sobre el mar para ir al encuentro con el Maestro, estuve pensando que la realidad de Pedro es la misma de muchos de nosotros, porque imagínense ustedes si…

¡De pronto!, oigo sonar la puerta de mi casa…Me lleno de temor, porque para tocar la puerta primero se debe sonar el timbre, pasar por la puerta de rejas de la calle, y de allí abrir un enrejado que permite llegar a la puerta de entrada de mi casa. Pero, allí estaba un hombre que yo no había visto antes. Tocaba insistentemente la puerta de mi casa, y yo aunque sentía temor, le abrí, y él me dijo:
-No temas, soy yo Jesús, el Hijo de Dios. Estoy aquí para ayudarte en todo lo que necesites.
Y yo, con duda lo desafío diciéndole, si eres el Hijo de Dios, dame una señal para creer y seguirte adonde quiera que vayas…

Aquel ser especial se despide amablemente, no sin antes decirme:
-Mañana caminarás sobre las aguas y verás mi salvación.

Así, a partir del siguiente día, yo sentía que todos mis problemas tomaban otro giro, que mi vida se enrumbaba; mi economía mejoraba, las relaciones familiares también, me sentía más fuerte espiritualmente. De esta manera me sentía muy gozosa y optimista porque estaba caminando, efectivamente, sobre las aguas del mar de mi vida.

Pero, un día veo cómo el cielo despejado se oscurece, se oyen truenos y hasta puedo ver uno que otro relámpago. Mas, yo sigo mi camino, pues, esto no me impide continuar con mi trabajo, ya que tengo la ropa adecuada y un buen paraguas para protegerme de la lluvia.

Mas, no cuento con que no será una de las tantas lluvias que caen por este mes en mi país, sino que esta lluvia es una tormenta. Fuertes vientos azotan los árboles de mi ciudad, los techos se levantan, y yo comienzo a temblar de miedo, y a sentir un peso enorme dentro de mi ser.

Miro hacia delante y me vuelvo a encontrar con el mismo hombre que fue a mi casa el día anterior. Él me extiende su mano y me dice:
-¡Sigue caminando, conmigo estás a salvo!
Pero, yo miro a mí alrededor: todo es caos, la gente está llena de pánico, todo es un desastre. Así, yo también soy presa fácil de la desesperación y siento que me hundo.

Pero, aquel ser especial me dice: Querida Zoila, yo estoy aquí, siempre estuve a tu lado, ¿Por qué tienes miedo? ¿Por qué dudas?

Apreciados lectores, recordemos que mantener la mirada fija en nuestro Señor Jesucristo nos permite llegar a la meta propuesta. El detenerse a mirar los problemas y tratar de darles una solución nos retrasan en nuestro andar cristiano. Es por esto, que debemos dejar que nuestro Dios solucione nuestras dificultades, y sea Él el que nos dirija con paz por el mar inquieto de nuestra existencia, para que cuando, ya sea que haya tempestad o bonanza, nos mantengamos firmes y confiados siempre, y que cuando toquemos la mano de nuestro Salvador, es porque la meta principal la hemos alcanzado. Y es en ese momento, que podremos decir:

- Señor, peleé la buena batalla, acabé la carrera y guardé la fe.
(II Timoteo 4:7)

Y nuestro Dios nos responderá:

- “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.”
(Mateo 25:23)

¡Dios lo bendiga!

lunes, 1 de marzo de 2010

“¡TIENE TODOS LOS NUTRIENTES!”

Texto Bíblico: Nehemías 9:21

A propósito de la crisis económica mundial, la misma que, actualmente afecta también a nuestro país, escucho muchos comentarios, de hermanos en la fe, que todavía no dejan de asombrarme, por ejemplo:

- “Hoy sólo tuve para comer arroz con carne”
- “Sólo pude desayunar pan con leche”
- “Hoy hubo en la merienda sólo arroz con queso…”
- “Hoy comimos un plato de arroz solo”
- “Hoy nuestro desayuno fue únicamente una taza de café con plátano asado”

Saben, amigos cuando escucho estos comentarios, a mi mente vienen los pasajes Bíblicos que nos informan que Dios alimentó por 40 años al pueblo de Israel en el desierto. Y lo hizo de diferentes maneras. Pero la que más me llama la atención es la etapa en la que el pueblo fue sustentado con una pequeña semilla, que se parecía al culantro, y este alimento se llamaba: “Maná”.

¿Se pueden imaginar? ¡40 años en los que el pueblo de Israel tuvo que comer sólo maná!
Y lo más importante es que este alimento tenía todos los nutrientes que el cuerpo humano necesita.

De esta manera, podemos ver en la Biblia que los israelitas eran personas muy fuertes y sanas, tanto así que podían trabajar muy duro y hasta enfrentar largas y agotadoras batallas en contra de sus enemigos.

Por lo tanto, amados lectores, si trasladamos esos 40 años del pueblo de Israel a nuestros tiempos, debemos concluir que nuestro Señor continúa siendo fiel con su pueblo. Pues no puedo olvidar que hubo épocas en la vida de mi familia, en que la comida escaseaba y no había dinero para comprar todos los alimentos que uno quisiera, pero Dios siempre enviaba a sus “cuervos” para que nos alimentasen.

A veces fue con arroz, carne o pescado. Pero gracias a Dios nuestra salud no fue ni ha sido afectada por esto; pues, aprendimos y seguimos aprendiendo a dar gracias a Dios y a confiar en que los alimentos que nos servimos son de bendición para nuestros cuerpos.

Estimados lectores, no debemos preocuparnos si por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, durante el día podemos comer únicamente un solo plato de comida; o si sólo nos servimos un plato de carne, pollo o arroz. Ni tampoco debemos angustiarnos si es lo único que tendremos para cada día de la semana.

Si usted ora y da gracias a Dios por estos alimentos, y pide la bendición de Dios para ellos, tenga la seguridad que su salud no se verá afectada. Es un plato de comida bendecido por Dios, es el maná que el Señor le envía el día de hoy, por lo tanto, ¡tiene todos los nutrientes que usted necesita!

“Los sustentaste cuarenta años en el desierto;
De ninguna cosa tuvieron necesidad;
Sus vestidos no se envejecieron,
Ni se hincharon sus pies”
(Nehemías 9:21)
¡Dios lo bendiga!




lunes, 11 de enero de 2010

“AUNQUE LA HIGUERA NO FLOREZCA…”

Texto Bíblico: Habacuc: 3:17-18

Estimados amigos y visitantes de este blog. Al iniciar el año 2010 me es necesario detenerme por unos momentos y echar una mirada a todo lo que significó para mí el año que pasó.

Así que, para dar inicio a estos recuerdos me encuentro sentada en un antiguo sillón que se halla en la biblioteca de mi padre, el mismo que me sirve de inspiración para compartir con ustedes las bendiciones que Dios me ha dado en su infinita misericordia. Y es que son tantos los recuerdos que vienen a mi mente que no sé si entrarán en esta publicación. Así que:

Primero: Quiero agradecer a Dios por ser mi Todo suficiente Salvador, pues, Él en su bondad absoluta un día me rescató de las cadenas del pecado, de manera que puedo decir confiadamente:
“Jesús es mi luz y mi salvación…”(Salm. 27:1)

Segundo: Quiero darle gracias a Dios por todos los momentos amargos y difíciles por los que pasé, pues, gracias a ellos mi fe ha sido sometida a prueba. Ahora estoy aprendiendo a depender más de Dios, y a confiar en su promesa que dice:
“…Y no he visto justo desamparado…”(Salm.37:25)

Tercero: Debo agradecer al Señor porque, aunque el año que pasó mi familia y yo soportamos la tremenda crisis financiera que aqueja a mi país, nunca nos faltó un plato de comida en la mesa. Ya sea porque nuestro Dios nos daba algún trabajo eventual; o porque algún hermano bondadoso tocaba el timbre de nuestra casa para dejarnos algún alimento. Pero en cualquiera de las circunstancias pudimos decir: “Bendice, alma mía, a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios…”(Salm. 103:2) También Dios estuvo con nosotros manteniendo unida a nuestra familia, pues tanto mis hermanos como mis padres, nos hemos mantenido firmes en la fe, soportando juntos toda clase de pruebas, y también festejando juntos cada triunfo que Dios nos ha dado, de esta forma coincidimos con el apóstol Pablo cuando dice:
“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús…”(2 Cor.2:14)

Cuarto: Agradezco infinitamente a Dios porque siempre me permite gozar de la amistad de personas sinceras, y de hermanos en la fe con quienes he llegado a cultivar una edificante amistad, y por quienes me he sentido muy bendecida. Así puedo decir:
“…Y amigo, hay más unido que un hermano”(Prov. 18:24)

Quinto: Por último, doy gracias a Dios por permitirme mantener este espacio: “Hablando con Dios”, por medio del cual he podido bendecirlos y gozarme con cada comentario que ustedes, gentilmente, hacen a mis publicaciones. De esta forma me siento motivada a mantener este blog con la seguridad, que cada publicación será de bendición para ustedes.

Como han podido leer, mis queridos amigos, el lienzo de mi vida en el 2009, ha estado lleno de muchos colores. A veces se han tornado grises, otras veces han sido muy brillantes. Pero en definitiva, es un lienzo que cada día se perfecciona más y más con la poderosa mano de Dios.

Y bien, ustedes se preguntarán, cuáles son mis metas para este 2010. Pues, los invito a que continúen visitando este espacio que desde ya es de ustedes, para que juntos nos regocijemos en las bendiciones que Dios da a sus hijos; porque, seguramente, muchos de ustedes habrán vivido lo mismo que yo, y ya en este punto, aunque no sabemos lo que el futuro nos depara, y aunque los pronósticos para el 2010 no son muy alentadores, podemos decir como el profeta Habacuc:

“Aunque la higuera no florezca,
ni en las vides haya frutos,
aunque falte el producto del olivo,
y los labrados no den mantenimiento,
y las ovejas sean quitadas de la majada,
y no haya vacas en los corrales;
con todo, yo me alegraré en Jehová,
y me gozaré en el Dios de mi salvación.”

(Habacuc 3: 17-18)

¡Dios lo bendiga!