lunes, 23 de noviembre de 2009

“¡PADRE, ENSÉÑAME A ORAR!”

Texto Bíblico: Santiago 5:16b
El lunes de la semana que pasó tuvimos en nuestra iglesia el acostumbrado culto de oración, y una vez más fui esa noche con un gran entusiasmo, pues, desde hace algún tiempo, el mismo, viene siendo de bendición para mi vida.

Ya en la parte final del programa, la persona que dirigía el culto nos pidió que nos sentáramos en parejas para orar unos por otros. Y en esta ocasión me tocó orar con una sencilla hermana, quien comenzó disculpándose porque ella
“no sabía orar como los demás…”

Así, entre sus peticiones de oración estaba una que me llamó fuertemente la atención, y fue la siguiente:
“mi petición es que Dios me enseñe a orar”.

De esta manera, las dos oramos por esta petición, y cuando a ella le tocó el turno de orar por mí, de su sencillo lenguaje brotaron las más hermosas y espirituales palabras. Fueron tan llenas de sabiduría Divina que me sentí edificada y profundamente agradecida a Dios por el privilegio que me dio de orar junto a una hermana que apenas sabe leer y escribir, pero que su corazón y mente están llenándose cada día del conocimiento de Cristo.

Amigo que ha leído esta publicación, ¿está usted pidiendo a Dios que cada día que pasa le enseñe a orar?; o piensa que porque llevamos años en la fe de Jesucristo, eso nos hace expertos en la oración…

No nos engañemos, necesitamos día a día que nuestro Señor nos perfeccione en la oración, y en nuestro contacto diario con Él, no nos olvidemos de agregar los ingredientes indispensables para una oración eficaz:

- La gratitud: que nos permite dar gracias en todo momento y por todo a nuestro Dador de todo bien.

- La fe: para que tengamos la certeza que nuestras oraciones son escuchadas y serán respondidas por Dios de acuerdo con su soberana voluntad.

- Llenura del conocimiento de Cristo: para aprender a pedir como conviene.
“…la oración eficaz del justo puede mucho.”
(Santiago 5:16b)
¡Dios lo bendiga!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

“¡EL MEJOR CIRUJANO!”

Texto Bíblico: Juan 14:27
Estimados lectores, aprovecho este espacio para compartir con ustedes el testimonio de lo que sucedió el día que sometieron a una cirugía a mi mamá.

Como todos sabemos, una cirugía siempre nos llena de temores; el solo hecho de escuchar la fecha, día y hora, hace que nos pongamos a meditar si saldremos con vida o no de la misma.

Pues, esto es lo que pasaba por mi mente cuando supe la fecha exacta en que mi mamá sería intervenida quirúrgicamente. Un día antes tuvimos una reunión entre mi hermana, mi padre y yo, para, entre otras cosas, encomendar a mi mamá en las manos de Dios. Como ser humano que soy, confieso que no pude dormir, pues, en mi mente persistía la hora de ingreso al quirófano de mi madre. Entonces, decidí, ya al clarear la mañana, pedirle a Dios que me diera a mí y a toda mi familia la paz que necesitábamos para enfrentar todo lo que vendría en ese día.

Así, a primera hora de la mañana mi mamá ya estaba internada en el hospital, y a las pocas horas era ingresada en el quirófano….

Durante el tiempo que nos tocó esperar la conclusión de la cirugía, así como en la sala de recuperación, pude sentir una paz que sobrepasó todo mi entendimiento. Aun cuando veía el ir y venir de los pacientes que ingresaban de emergencia al quirófano; familiares derramando lágrimas de desesperación; yo me sentía muy tranquila, pues, Dios había respondido mi oración y me llenó de su paz. Incluso, sucedió que mientras mi papá estaba esperando en la sala del hospital, se quedó profundamente dormido y su rostro irradiaba tranquilidad. Lo que me recordó a Jesucristo durmiendo tranquilo en medio de la tempestad.
(Marcos 4:35-40)

Estoy segura que muchos de los familiares en espera se habrán dicho: ¡cómo es posible que puedan estar tan tranquilos en momentos como éstos! Y la respuesta es muy sencilla, nosotros entregamos a mi mamá en las manos del mejor cirujano, Aquel que puede realizar las cirugías más complicadas y terminarlas con éxito. Ese cirujano es Dios.

Amigos y hermanos en la fe de Jesucristo, ese día aprendí que: cuando dejamos que Él tome el control de todo lo relacionado con nuestras vidas, podemos vivir confiados en Sus tranquilizadoras promesas. Y si nos falta fe, podemos pedírsela para que Él nos la dé en abundancia, con la seguridad que nos escuchará y afirmará nuestros pasos, como lo fue en mi caso.

Actualmente, mi mamá está de vuelta con nosotros, agradecida a Dios por permitirle continuar junto a su familia y en el ministerio que Dios le ha dado junto a mi padre.

Amigo(a) que ha leído estas líneas, le animo a que permita que el mejor Médico de este mundo realice la cirugía que usted necesita en su corazón, para que Él se encargue de sacar todo aquello que daña su salud espiritual. Entréguese en sus manos y tenga la seguridad que cuando despierte, Él habrá hecho de usted una persona nueva, con un corazón distinto, lleno del gozo y de la paz que sólo en Jesucristo su Hijo usted puede hallar.
“La paz os dejo, mi paz os doy;
Yo no os la doy como el mundo la da.
No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
(Juan 14:27)
¡Dios lo bendiga!