sábado, 29 de agosto de 2009

“LA HARINA Y EL ACEITE”

I Reyes. 17: 14-16

Estaba leyendo I de Reyes capítulo 17, cuando Dios ordena al profeta Elías que vaya a Sarepta de Sidón porque una viuda lo iba a sustentar, y me llamaron fuertemente la atención los versos 14 al 16, por los siguientes aspectos, los mismos que en esta ocasión paso a compartirlos con ustedes, apreciados lectores.

Sucede que en aquella época no había llovido por muchos días sobre la tierra, por tanto, no había cosecha alimentaria. La sequía había sido larga, tres años y seis meses. Es en esta situación que Dios le ordena al profeta Elías que vaya a Sarepta de Sidón porque Él, allá ha ordenado a una viuda pobre que lo sustente.

Lo interesante de este capítulo es la obediencia de Elías al ir a aquel lugar; y también, la obediencia de la viuda al acceder a tener en su casa al profeta. Y es aquí, donde Dios prueba la fe de ambos y les muestra cómo de lo poco, Él, con su poder absoluto, puede sustentar a sus hijos por mucho tiempo.

Notemos que Dios usó dos ingredientes para alimentarlos: la harina y el aceite. Incluso, estos dos alimentos, la viuda no los almacenaba en grandes cantidades, porque en el versículo 14 nos habla de dos utensilios para guardarlos, los mismos que no eran grandes: una tinaja y una vasija.

Estimados lectores, cuando Dios provee para sus hijos y satisface sus necesidades humanas básicas, no lo hace a partir de grandes cantidades; pues, es aquí, donde Él quiere mostrarnos todo su gran poder, favoreciéndonos.
Es decir, mostrándonos que lo que aparentemente es poco para el hombre, Dios lo puede multiplicar hasta que sobreabunde, y es aquí donde podemos ver la mano milagrosa y bendita de nuestro Salvador.

Por último, debemos tomar en cuenta otro detalle muy importante de este capítulo, y es que en los tiempos de crisis es cuando nuestro Señor nos pide que sustentemos a los que necesitan de nosotros.

Hagamos como la viuda que con sólo una pequeña tinaja de harina, y una pequeña vasija de aceite, depositó su fe y confianza en el Dios que todo lo puede, y decidió alimentar una boca más, sabiendo que Él no la desampararía, por el contrario, le proveería de todo lo necesario para el sustento de todos (Elías, la viuda y su hijo), hasta que terminara la época de crisis.

Estimados lectores, actualmente vivimos en un tiempo de crisis económica. Aprovechemos esta época difícil para ayudar y sustentar a los que lo necesitan, y a aquellos a los que Dios pone en nuestro camino. Dejemos que el Dios de los imposibles se encargue de mantener llena la tinaja de harina y la vasija de aceite, las mismas que sin duda alguna, y lo afirmo con mi propia experiencia, que no se acabarán, servirán para muchos días, hasta que Dios decida que el tiempo de la crisis ha terminado.

"Y la harina de la tinaja no escaseó,
ni el aceite de la vasija menguó,
conforme a la Palabra que
Jehová había dicho por Elías"
(I de Reyes 17:16)
¡Dios lo bendiga!

sábado, 22 de agosto de 2009

“DEJE EL RESULTADO AL SEÑOR”

Texto Bíblico: I Corintios 3: 6-7.
Estimados lectores, hace unos días atrás terminé de dictar un curso a los estudiantes del Seminario Bíblico de la Alianza en mi ciudad Guayaquil. Y decidí dedicarles el tema de esta semana, el mismo que paso a compartirlo con todos ustedes.

Todos nosotros, los que de alguna u otra manera trabajamos para el Señor, sea dentro de una iglesia o en sectores fuera de ella, hacemos nuestro trabajo con mucho entusiasmo. A todos los que nos rodean deseamos contarles lo que Dios hace en nuestras vidas, y es por esto que en muchos de los casos trabajamos incansablemente para obtener frutos a corto plazo.

Mas, quisiera que consideren lo siguiente, y que lo guarden en lo más profundo de sus corazones: es necesario que después de haber sembrado arduamente,
le dejen el resultado al Señor.

En el capítulo 3 de la primera carta a los Corintios, podemos leer que el apóstol Pablo tenía una gran preocupación por los hermanos de los Corintios, y es que cada uno de ellos tenía un orgullo espiritual muy elevado. Y éste era más fuerte si su líder era alguien de renombre.

Verdad amigos, que hoy nos sentimos orgullosos de las iglesias a donde asistimos, incluso, se ha llegado a hablar de congregaciones de élite, porque tienen a tal o cual pastor prestigioso, o sus miembros son de clase social elevada. Y muchas veces, damos por sentado que habrá un excelente resultado en nuestras iglesias si participa en determinado programa el grupo tal, y si predica alguien importante a nuestro parecer.


Saben, estimados lectores, las más gratas experiencias desde el púlpito las he recibido, precisamente, de humildes pastores, de sencillas siervas de Dios que, sin mayores ademanes, ni rebuscado vocabulario, al abrir sus labios, han hablado con sabiduría Divina, y todos los presentes hemos sentido la presencia del Espíritu Santo, de modo que, hemos salido con la certeza de haber crecido más en el conocimiento de Jesucristo.

¡Cuánto nos afanamos por presentar los mejores programas en nuestras iglesias! Cuidamos hasta el más mínimo detalle; incluso, fijamos las metas a corto y largo plazo. Mas, cuando no vemos el crecimiento espiritual que esperamos en nuestros hermanos en Cristo, nos frustramos, y nos preguntamos qué salió mal, y qué está mal.

Amigos, recordemos que somos colaboradores de Dios, es decir, los encargados de plantar y regar la Palabra de Dios en el corazón del hombre; pero debemos dejar el crecimiento o el resultado al Señor. Porque los resultados no los vamos a lograr en nuestro tiempo, sino en el tiempo de Él.

Los animo, entonces, a que nos preocupemos por plantar y regar con calidad y fidelidad, unidos, sin distinciones Denominacionales, sin orgullos espirituales de ninguna índole, porque la Iglesia de Cristo es una sola. Y cuando Jesucristo venga en gloria, espera encontrar una iglesia fuerte, con un solo sentir; con frutos derivados de una buena siembra, y un crecimiento muy sólido, producto de
haber dejado el resultado al Señor.

“Sembraré la simiente Preciosa,
Del glorioso evangelio de amor.
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor”
(Himno "Sembraré la Simiente Preciosa")

¡Dios lo bendiga!

miércoles, 19 de agosto de 2009

“DIOS ACABA LO QUE COMIENZA”

Texto Bíblico: Job 23: 10-14
Escribo estas palabras en momentos que el ser humano se encuentra en constante lucha contra su propio destino, contra lo que le toca vivir o experimentar.

No aceptamos la realidad que nos toca vivir. Luchamos contra los designios de Dios: cuestionamos su actuar e incluso, nos negamos a vivir bajo su soberana voluntad, porque según nuestro pensar, somos seres con libre albedrío, autosuficientes, y con la capacidad para lograr todo lo que nos proponemos en esta tierra.

Mas, todo esto no es otra cosa que el temor a lo desconocido, al qué nos sucederá en manos de Dios, a qué pruebas o situaciones complicadas nos someterá nuestro Creador.

Y es en este punto que deseo comentarles lo que hizo Job en medio de su grande situación calamitosa, ya que él fue un hombre al cual Dios amó mucho, y por ese amor que le tenía, un día decidió probar su fidelidad hacia Él.

Así, Job reconocía que Dios era el único que conocía su vida en lo más profundo de su ser (versículo 10a). Sabía que después de la tormenta su condición espiritual sería mucho mejor que antes (v. 10b).

Job conocía que la clave de todo triunfo espiritual es el guardar las palabras de Dios, y no apartarse de ellas (v. 12). Tenía confianza que Dios cuando determina una cosa para nuestras vidas, nada ni nadie lo hace cambiar (v.13). Job reconoció que Dios nunca deja una obra sin terminar, pues Él acaba lo que empieza (v.14)

Mi estimado lector, ¿está usted luchando contra Dios?, ¿se niega a ponerse bajo la poderosa mano de Él?

Recuerde, no cierre su corazón a la voz del Dios Todopoderoso, ni a sus perfectas determinaciones para su vida en este mundo. Dios lo conoce cabalmente en su pasado, presente y futuro, y no lo va a dejar hasta completar en usted la obra que en Su soberana voluntad desde la eternidad determinó e inició.

“Él, pues, acabará lo que ha determinado de mí…” (Job 23:14a)


¡Dios lo bendiga!