sábado, 25 de abril de 2009

LA LEALTAD

Texto Bíblico: Daniel Capítulo 1

Estaba leyendo la Biblia, concretamente en el capítulo 1 de Daniel, y me impactó de manera especial esta historia sobre cuatro jóvenes cuya lealtad a Dios, primeramente; después la amistad entre ellos, es digna de imitar.

En los primeros versículos podemos leer que tanto Daniel como Ananías, Misael y Azarías, pertenecían a la tribu de los hijos de Judá. Así que, es posible que ya se conocieran; existía una amistad entre ellos. Mas, lo importante es que los unía la misma fe en Dios. Por esto, cuando Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida que el rey Nabucodonosor les convidaba, sus amigos se unieron a él y lo apoyaron, no comiendo la comida del rey.

Y es que, la lealtad a sus principios religiosos era tal, que estos cuatro amigos arriesgaron aun hasta sus propias vidas con tal de no fallarle a Dios, quien era la persona más importante para ellos. Y en recompensa, Dios los bendijo enormemente delante del rey. Hizo que cayeran en gracia ante los ojos de él; les dio salud e inteligencia envidiables, tanto, que llegaron a ser personas muy importantes para el reinado del rey Nabucodonosor.

Así, de esta historia concluyo lo siguiente:

- Que es importante guardar lealtad absoluta a Dios, sin importar lo difícil que parezca la situación por la que atravesamos.

- Es importante contar con amigos en los momentos más críticos, y si estas amistades tienen la misma fe en Dios, serán de mucho apoyo. ¿Qué hubiera sido de Daniel si sus amigos no hubieran tenido ese mismo sentir?

- Otro punto importante es que Ananías, Misael y Azarías, estuvieron dispuestos a todo con tal de estar junto a su amigo Daniel, es decir, fueron leales hasta el final. Cuán difícil resulta hoy en día el encontrar esas amistades, y que precisamente en los momentos difíciles le digan a uno: “estoy contigo cien por ciento”.

- Los cuatro amigos de esta historia, permanecieron firmes defendiendo su fe en Dios, porque temían a Jehová; conocían de Su grandeza y poder para sacarlos airosos de esa situación. Así, Dios no tardó en recompensar su fidelidad hacia Él, e hizo que los demás glorifiquen el nombre de Jehová por sus actos.
Así, cuando Dios nos recompensa, nos da las cosas “…mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…” (Efesios 3:20), como lo hizo con estos cuatro jóvenes, pues la Biblia menciona que:
“En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en su reino” (v.20)

Recordemos siempre que el ser hijos de Dios nos hace personas distintas, apartadas para buenas obras y para llegar a obtener sitiales especiales en esta tierra. Por lo tanto debemos vivir una vida santa, apartada del mal, para que los que aún no creen en Dios, lo glorifiquen por medio de nuestros actos.

Finalmente, quiero dar gracias a Dios por los amigos y hermanos en la fe de Jesucristo que el Señor me ha permitido cultivar. Aún cuando, en algunos casos, las actividades diarias nos impiden vernos con regularidad, y en otras, las distancias nos separan; estas amistades han sido un gran apoyo en todo momento, pues la lealtad que nos tenemos está fundada en el amor de Cristo, quien es nuestro mejor amigo. Y es en ese contexto, que podemos seguir edificándonos mutuamente y compartiendo las maravillas que el Señor hace por cada uno de nosotros.

¡Dios los bendiga!

sábado, 18 de abril de 2009

¿SE HUNDE LA BARCA?

Texto Bíblico: Marcos 4:35-40

Apreciados lectores, en esta semana pude escuchar que algunos amigos y hermanos en Cristo están pasando por diversas pruebas y dificultades, las mismas que amenazan con hundir “la barca de sus vidas”. Y es que nuestra sociedad sufre un remezón que amenaza destruir la tranquilidad de hasta el más fuerte. Estamos abrumados porque la situación económica es difícil; en lo profesional nos sentimos decepcionados; en lo familiar hay hogares destruidos; hay inseguridad en las calles de nuestra ciudad, etc.
En fin, tantas situaciones que debilitan nuestra fe en Dios. Es por esto, que deseo dedicar esta meditación a todos mis amigos, hermanos en la fe de Jesucristo, y a todos aquellos lectores que piensan, que en cualquier momento, serán un náufrago más en alta mar.

Tomando como base la historia de Jesús calmando la tempestad, he podido aprender lo siguiente:

- Que la barca que transportaba a Jesús y sus discípulos era pequeña, no era una gran embarcación, por lo tanto esta tempestad debió, según la lógica humana, hundirla.
(v.37)

- Jesús nos enseña que cuando Él nos invita a pasar al otro lado del mar, es porque todo lo tiene calculado; nada ni nadie puede impedir que crucemos, y lleguemos a salvo (v. 35).
Así, no debemos perder el sueño, recordemos que Jesús pudo dormir en medio de una fuerte tormenta. Si nos fijamos en este pasaje, vemos que Él dormía en la popa, junto al timón, donde suele estar el capitán. ¡Jesús estaba a cargo de todo!
A veces pensamos que cuando Dios no nos responde es porque se ha olvidado de nosotros, incluso le reclamamos esto. Los discípulos le reclamaron a Jesús el que durmiera en momentos como éstos (v. 38). Debemos aprender a interpretar el silencio de nuestro Dios, el mismo que no significa su abandono, sino una forma de probar nuestra fe en Él. (v.40)

- Jesús nos da ejemplo que no tenemos que perder la calma frente a los problemas, porque debemos mirar más allá de ellos, y saber que Dios no nos va a soltar para que nos hundamos; porque leo en este pasaje, que la tempestad que les sobrevino fue después de haber tenido un día muy exitoso predicando la Palabra a multitudes. Lo que nos indica, que las pruebas y dificultades vendrán precisamente cuando estemos más en comunión con Dios, cuando nos sintamos más fuertes espiritualmente.

- También, debemos tener la suficiente autoridad espiritual para así, como Jesús reprendió a los vientos y olas, o sea Él enfrentó con firmeza la tempestad, así nosotros también, debemos poner nuestro rostro firme y no bajar la mirada en los momentos difíciles por los que nos toque pasar. La Biblia nos exhorta a portarnos “varonilmente”, y esto quiere decir, con valentía, para que, cuando la tempestad acabe, nuestra barca no haya sufrido daño alguno. Entonces, podremos estar firmes, con fuerzas renovadas, y con nuestra fe más fuerte en nuestro Capitán, Dios.
(v. 39)

Así mis queridos lectores, quisiera pedirles que no se desanimen con los problemas que a diario ustedes enfrentan; se los dice una amiga que ha pasado y seguirá pasando por muchas tempestades, pero que en ese proceso, ha aprendido y sigue aprendiendo a flotar sostenida de la mano de nuestro Salvador. O como dice expresamente las Sagradas Escrituras:
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:2)

Finalmente, les dejo un cántico cristiano acorde con esta reflexión, confiando en que el mensaje será de bendición para todos ustedes.

“Con Cristo en tu barca
Todo marcha feliz,
El viento pasará.
No tendrás temor,
Con Cristo en tu barca
Todo marcha feliz,
El viento pasará.”

¡Dios los bendiga!



sábado, 11 de abril de 2009

¡LA MEJOR CELEBRACIÓN!

Texto: Hechos 20: 35

La otra vez bromeaba con un amigo con respecto a que si celebrábamos el día de la mujer, por qué no se debía hacer lo mismo con los hombres. Y en ese ir y venir de emails me puse a pensar en lo siguiente, y que se los comparto a continuación.

Pues bien, yo estaba pensando que a todos nosotros nos gusta que nos agasajen; nos agrada recibir honores, elogios, especialmente en días señalados mundialmente por el calendario anual, es más, a mí me agradan los agasajos.
Así, hacemos grandes fiestas; unos salimos a comer, otros a pasear con los amigos, en fin, todo en función de un homenaje, en donde al menos recibiremos, como poco, las felicitaciones de los que nos conocen.

Mas, entrando en una autorreflexión, me he dado cuenta que, celebramos cuando vamos a recibir, o hemos recibido algo a cambio, y es aquí donde me pregunto lo siguiente:
Cuando nosotros damos algo a los demás, ¿celebramos?, cuando tenemos la posibilidad de donarnos a los demás, ¿lo celebramos?
No quiero decir con esto que debemos contarle a todo el mundo las buenas acciones que realizamos (“…no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” Mateo: 6:3).

Pero, ¿nuestro corazón celebra cuando ayudamos a alguien a superar un problema?, ¿Cuando nuestros ingresos nos permiten ayudar a otros?, ¿cuando en nuestras labores diarias hacemos un trabajo de calidad, y el lugar donde laboramos se ve favorecido con nuestro esfuerzo?, ¿Nos acordamos de darle gracias a Dios por permitirnos ser de bendición a los demás? O sólo sentimos satisfacción por el bien realizado.

Cuando tenemos la oportunidad de compartir nuestra vida con los demás, y a través de ella ser un caudal de bendiciones, toda nuestra alma, espíritu y cuerpo deben ser una continua celebración. Recordemos que dar “nos asemeja a Dios”, quien derrama sus bendiciones de forma abundante y sin esperar nada a cambio.
Y tenemos el mejor ejemplo, Jesucristo, quien disfrutaba cuando se donaba a los demás. La Biblia no nos habla de un Jesús triste y amargado porque debía sanar enfermos, curar heridas espirituales, despertar conciencias, salvar almas. Él se regocijaba en Dios su Padre Celestial, y vivía agradecido por el enorme privilegio que le había dado, el de ser ¡Salvador y Rey de reyes!, aún cuando sabía que su fin era morir en una cruz.

Así, mis amigos y hermanos, en la fe de Jesucristo, no nos olvidemos que la mejor celebración debe ser cuando tenemos la oportunidad de donarnos a los demás y, a través de esa donación, que podamos ser como hermanos en todo momento, o en toda circunstancia de nuestras vidas.
Por lo tanto, esta celebración no debe acabar nunca, debemos hacerla parte de nuestro diario vivir.

No nos olvidemos que:
“…más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35)


¡Dios los bendiga!

sábado, 4 de abril de 2009

¿A cuántos gigantes usted ha vencido?

Texto: I Samuel 17.
Énfasis en los versículos: 26; 37; 40; 45; 47.

Apreciados amigos, en esta semana estaba leyendo I de Samuel 17, y aprendí algunas cosas interesantes para aplicarlas a mi vida, y que a continuación paso a compartirlas con ustedes.

- Cuando David, el humilde pastor de ovejas, preguntó a los israelitas por qué estaban asustados ante las amenazas del gigante Goliat, estaba muy molesto porque este soldado filisteo había desafiado al ejército de Jehová, al pueblo escogido (v.26).

- Algo interesante de David es que siempre había sido un hombre de luchas y de combates, es por esto, que no se asustaba ante la presencia del Gigante Goliat (v. 37). ¿Cuántos de nosotros podemos decir como David que somos hombres de guerra y de combate en el área espiritual? No nos ha sucedido que cuando pasamos por pruebas nos detenemos a mirar “la estatura de ese gigante” y hasta nos ponemos a temblar.
A mí me ha ocurrido en muchas ocasiones. Me he detenido a mirar lo grande del problema, me he paralizado, no he mirado lo que hay más allá; mi mente se ha quedado en blanco, y no me he percatado que la solución es más sencilla de lo que me imagino.

- David, no se detuvo a mirar la estatura del enemigo, porque sabía que esto le significaba el debilitamiento de su fe en Jehová de los ejércitos, además, él sabía que detenerse a mirar la estatura del gigante era perder minutos preciosos, y había una batalla que pelear. Él prefirió confiar en el Dios que puede contra todos los gigantes, porque sabía que la victoria dependía de Dios, no de él como ser humano que era.

- Para vencer a los gigantes que desafían nuestra fe, es necesario luchar con los recursos de Dios, pues Él no usa armas o vestiduras especiales de este mundo para librar nuestras batallas. Así, no esperemos encontrar la armadura perfecta para librar las batallas espirituales, Dios usa otro tipo de medios, aparentemente más sencillos, pero eficaces. Y no nos asustemos si lo que tenemos a la mano son: piedras lisas del arroyo, un saco pastoril y una honda, porque precisamente esas son las sencillas herramientas que Dios necesita para mostrarnos toda su gloria y poderío (v.40).

- Cuando luchemos contra los gigantes que acechan nuestras vidas, no confiemos en las armas humanas que tenemos a la mano, sino que invoquemos el nombre de Jehová de los ejércitos, como lo hizo David, para que Él haga uso de esas armas en bien de nosotros (v. 45,47).

Gracias a Dios, porque como cristianos podemos vencer a los Goliat que se nos presentan en la vida y, tal como lo hizo David, podemos confiar en que Jehová peleará nuestras batallas, por lo tanto, podemos tener la certeza de que
¡la victoria es, y será nuestra siempre!

¡Dios lo bendiga!