domingo, 29 de marzo de 2009

"La Petición de Ana"

Texto: I de Samuel capítulo 1
Énfasis en los versículos:11; 15; 17; 18

Queridos amigos y hermanos en Cristo, estaba leyendo la Biblia en el capítulo 1 de Samuel, y el Señor me habló de una manera especial, la misma que les comparto en esta ocasión.

Ana, la madre del profeta Samuel, tenía una gran necesidad, pues por años había deseado hijos y no le había sido posible llegar a tenerlos. Mas, al revisar en este primer capítulo la reacción de ella en el templo, aprendí lo siguiente :

- Que todos nosotros tenemos grandes necesidades como las de Ana; unos tenemos necesidades en lo laboral; otros en cuanto a salud se refiere; y otros en el ámbito familiar.

- Cuando Ana fue al Templo a orar tenía fe de que su petición iba a ser respondida por Dios, porque era una petición justa. Asimismo ella se comprometió a guiar a su hijo (la respuesta de Dios) desde sus primeros años de vida para la obra del Señor, pues Ana sabía que ese hijo no le pertenecía, era del Señor, es decir, comprendió que "las bendiciones, dones y talentos que el Señor nos da no son nuestros" .

- Hay algo interesante que me llamó la atención y fue que, Ana derramó su alma al hacer su petición a Dios en el templo (v.15).
Cuando oremos a Dios, debemos derramar nuestra alma delante de Él, es decir, descubrirle todo nuestro corazón, de modo que, cuando terminemos de hablar con nuestro Señor sintamos que nuestra alma queda vacía de todo peso; que nuestra necesidad pasó a manos del que todo lo puede ( Dios). Y una vez que hemos derramado nuestro ser ante Él, es importante confiar que ha escuchado nuestras peticiones y, por lo tanto, nuestra actitud, después de haber hablado con Dios, debe ser de paz y gozo (v. 17); ese gozo que nos permita comer, dormir, y realizar nuestras actividades normalmente, así como lo hizo Ana (v.18); teniendo la seguridad de que Dios ha escuchado nuestras peticiones y nos contestará conforme a Su voluntad, pues si pedimos como conviene la respuesta vendrá en el tiempo justo y será: buena, agradable y perfecta. Lo único que Dios pide a cambio es vidas santas y decididas a ofrecer el don recibido como ofrenda de olor grato al Señor.

Querido amigo, ¿ha recibido usted de parte de Dios un don o talento especial?, ¿ha respondido Dios sus oraciones mejor de lo que usted esperaba?. Si es así, ¿no cree que ya es tiempo de dedicarle ese regalo tan especial, que un día usted recibió, a Aquel que se lo dió?

Y si es su único regalo, no tema ofrecerlo al Señor, Él lo recompensará al cien por ciento como lo hizo con Ana, la madre del profeta Samuel.

¡Dios lo bendiga!