viernes, 11 de diciembre de 2009

“EL RAMO DE FLORES”


Texto Bíblico: Salmo 27:10

La semana pasada mi mamá recibió la llamada de una querida hermana en la fe, la misma que le pedía oración por su única hija que iba a ser operada de un tumor en el cerebro.

A esta hermana yo la recuerdo con mucho respeto y admiración porque mi papá la conoció hace 37 años cuando él ingresaba en una iglesia a predicar en una campaña evangelística.
Allí estaba ella: sentada en la vereda de la calle, con su tierna hijita gateando en el pavimento; solas y desamparadas…
Mi papá la invitó a entrar, escuchó el mensaje del evangelio y recibió, en esa campaña evangelística, a Cristo como su Salvador personal.

Desde aquella noche, el futuro incierto que les deparaban las calles de Guayaquil, Dios se los cambió por un trabajo, un techo seguro, y la oportunidad que su hija tomara un rumbo diferente al de su madre.
Así, esta hermana, se caracterizó, desde aquella noche, por su fe, confianza y amor hacia Dios.

Pero aquí no termina la historia, pues una noche yo recordaba que un domingo que en mi país se celebraba el “Día del Padre”, llegó esta hermana a la iglesia con un enorme ramo de flores. De pronto, me percaté que se acercaba al púlpito, pues, su intención era dejarlo en el piso de la plataforma. Mas, le salieron al paso unos hermanos que querían impedir tal acción porque lo consideraban fuera de lugar…
Pasaron unos minutos de discusión hasta que dieron la orden que la dejaran en paz para que ella coloque el ramo donde ella deseaba.
Así, esta hermana, muy sonriente lo colocó en el piso cerca del púlpito.

Después del culto dominical, mi mamá conversó con ella y le preguntó por el ramo, a lo que esta hermana dijo con profunda emoción: “Yo no tengo padres, y como hoy es el Día del Padre, yo vengo a entregarle este arreglo floral a Aquel que es mi padre y madre para mí. ¡Esto es para mi papi!”

¡Cómo no iba a tener tanto amor hacia Su Padre Celestial, si cuando Cristo la salvó, le dio no solamente una nueva vida, sino una identidad, pues un hermano bondadoso la ayudó, ya que ella no constaba en el Registro Civil de nuestro país!
No tenía padres, ni nadie que viera por ella. En todo esto, mi familia y yo hemos sido testigos cómo nuestro Dios bondadoso y amoroso la recogió en sus brazos y la hizo una hija especial, cuidando de ella y su hija en todo momento.

Apreciados lectores, no nos olvidemos que en Dios tenemos a un Padre muy especial que no nos abandona, y que siempre está pendiente de nosotros en todas las circunstancias por las que atravesamos en esta vida; ya sea para disciplinarnos o para extendernos sus tiernos brazos y brindarnos la ayuda que, como hijos especiales que somos, Él está dispuesto a darnos.

“Aunque mi padre y mi madre
me dejaran, con todo,
Jehová me recogerá”
(Salmo 27:10)
¡Dios lo bendiga!

3 comentarios:

  1. Hola Hna. Zoila. Que hermosa historia y testimonio a la vez, de lo que Dios puede hacer en la vida de las personas. No hay mayor milagro, que la salvación de un alma. No solo somos salvos de estar en el infierno por la eternidad, sino además, se nos hace hijos, de un Padre amoroso, fiel, misericordioso, justo... bueno, son incontables todos sus atributos. Gracias por compartir este testimonio, que nos hace ver lo grandioso de nuestro Padre celestial, y ver también, nuestra necesidad de amarle cada vez más.

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    Diego

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