sábado, 11 de abril de 2009

¡LA MEJOR CELEBRACIÓN!

Texto: Hechos 20: 35

La otra vez bromeaba con un amigo con respecto a que si celebrábamos el día de la mujer, por qué no se debía hacer lo mismo con los hombres. Y en ese ir y venir de emails me puse a pensar en lo siguiente, y que se los comparto a continuación.

Pues bien, yo estaba pensando que a todos nosotros nos gusta que nos agasajen; nos agrada recibir honores, elogios, especialmente en días señalados mundialmente por el calendario anual, es más, a mí me agradan los agasajos.
Así, hacemos grandes fiestas; unos salimos a comer, otros a pasear con los amigos, en fin, todo en función de un homenaje, en donde al menos recibiremos, como poco, las felicitaciones de los que nos conocen.

Mas, entrando en una autorreflexión, me he dado cuenta que, celebramos cuando vamos a recibir, o hemos recibido algo a cambio, y es aquí donde me pregunto lo siguiente:
Cuando nosotros damos algo a los demás, ¿celebramos?, cuando tenemos la posibilidad de donarnos a los demás, ¿lo celebramos?
No quiero decir con esto que debemos contarle a todo el mundo las buenas acciones que realizamos (“…no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” Mateo: 6:3).

Pero, ¿nuestro corazón celebra cuando ayudamos a alguien a superar un problema?, ¿Cuando nuestros ingresos nos permiten ayudar a otros?, ¿cuando en nuestras labores diarias hacemos un trabajo de calidad, y el lugar donde laboramos se ve favorecido con nuestro esfuerzo?, ¿Nos acordamos de darle gracias a Dios por permitirnos ser de bendición a los demás? O sólo sentimos satisfacción por el bien realizado.

Cuando tenemos la oportunidad de compartir nuestra vida con los demás, y a través de ella ser un caudal de bendiciones, toda nuestra alma, espíritu y cuerpo deben ser una continua celebración. Recordemos que dar “nos asemeja a Dios”, quien derrama sus bendiciones de forma abundante y sin esperar nada a cambio.
Y tenemos el mejor ejemplo, Jesucristo, quien disfrutaba cuando se donaba a los demás. La Biblia no nos habla de un Jesús triste y amargado porque debía sanar enfermos, curar heridas espirituales, despertar conciencias, salvar almas. Él se regocijaba en Dios su Padre Celestial, y vivía agradecido por el enorme privilegio que le había dado, el de ser ¡Salvador y Rey de reyes!, aún cuando sabía que su fin era morir en una cruz.

Así, mis amigos y hermanos, en la fe de Jesucristo, no nos olvidemos que la mejor celebración debe ser cuando tenemos la oportunidad de donarnos a los demás y, a través de esa donación, que podamos ser como hermanos en todo momento, o en toda circunstancia de nuestras vidas.
Por lo tanto, esta celebración no debe acabar nunca, debemos hacerla parte de nuestro diario vivir.

No nos olvidemos que:
“…más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35)


¡Dios los bendiga!

4 comentarios:

  1. Zoila,gracias por este mensaje!
    Dios te bendiga muchooooo!!!
    Raciel

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  2. Zoila,muchas gracias por este mensaje!
    Dios te bendiga muchoooooo!!!
    Raciel

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  3. De nada Raciel, es un enorme placer y bendición acercarme a cada uno de ustedes a través de este espacio, ya que lo que les comparto cada semana es parte de mi caminar como hija de Dios.
    Dios te bendiga!
    Zoila

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