sábado, 4 de abril de 2009

¿A cuántos gigantes usted ha vencido?

Texto: I Samuel 17.
Énfasis en los versículos: 26; 37; 40; 45; 47.

Apreciados amigos, en esta semana estaba leyendo I de Samuel 17, y aprendí algunas cosas interesantes para aplicarlas a mi vida, y que a continuación paso a compartirlas con ustedes.

- Cuando David, el humilde pastor de ovejas, preguntó a los israelitas por qué estaban asustados ante las amenazas del gigante Goliat, estaba muy molesto porque este soldado filisteo había desafiado al ejército de Jehová, al pueblo escogido (v.26).

- Algo interesante de David es que siempre había sido un hombre de luchas y de combates, es por esto, que no se asustaba ante la presencia del Gigante Goliat (v. 37). ¿Cuántos de nosotros podemos decir como David que somos hombres de guerra y de combate en el área espiritual? No nos ha sucedido que cuando pasamos por pruebas nos detenemos a mirar “la estatura de ese gigante” y hasta nos ponemos a temblar.
A mí me ha ocurrido en muchas ocasiones. Me he detenido a mirar lo grande del problema, me he paralizado, no he mirado lo que hay más allá; mi mente se ha quedado en blanco, y no me he percatado que la solución es más sencilla de lo que me imagino.

- David, no se detuvo a mirar la estatura del enemigo, porque sabía que esto le significaba el debilitamiento de su fe en Jehová de los ejércitos, además, él sabía que detenerse a mirar la estatura del gigante era perder minutos preciosos, y había una batalla que pelear. Él prefirió confiar en el Dios que puede contra todos los gigantes, porque sabía que la victoria dependía de Dios, no de él como ser humano que era.

- Para vencer a los gigantes que desafían nuestra fe, es necesario luchar con los recursos de Dios, pues Él no usa armas o vestiduras especiales de este mundo para librar nuestras batallas. Así, no esperemos encontrar la armadura perfecta para librar las batallas espirituales, Dios usa otro tipo de medios, aparentemente más sencillos, pero eficaces. Y no nos asustemos si lo que tenemos a la mano son: piedras lisas del arroyo, un saco pastoril y una honda, porque precisamente esas son las sencillas herramientas que Dios necesita para mostrarnos toda su gloria y poderío (v.40).

- Cuando luchemos contra los gigantes que acechan nuestras vidas, no confiemos en las armas humanas que tenemos a la mano, sino que invoquemos el nombre de Jehová de los ejércitos, como lo hizo David, para que Él haga uso de esas armas en bien de nosotros (v. 45,47).

Gracias a Dios, porque como cristianos podemos vencer a los Goliat que se nos presentan en la vida y, tal como lo hizo David, podemos confiar en que Jehová peleará nuestras batallas, por lo tanto, podemos tener la certeza de que
¡la victoria es, y será nuestra siempre!

¡Dios lo bendiga!

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