viernes, 11 de diciembre de 2009

“EL RAMO DE FLORES”


Texto Bíblico: Salmo 27:10

La semana pasada mi mamá recibió la llamada de una querida hermana en la fe, la misma que le pedía oración por su única hija que iba a ser operada de un tumor en el cerebro.

A esta hermana yo la recuerdo con mucho respeto y admiración porque mi papá la conoció hace 37 años cuando él ingresaba en una iglesia a predicar en una campaña evangelística.
Allí estaba ella: sentada en la vereda de la calle, con su tierna hijita gateando en el pavimento; solas y desamparadas…
Mi papá la invitó a entrar, escuchó el mensaje del evangelio y recibió, en esa campaña evangelística, a Cristo como su Salvador personal.

Desde aquella noche, el futuro incierto que les deparaban las calles de Guayaquil, Dios se los cambió por un trabajo, un techo seguro, y la oportunidad que su hija tomara un rumbo diferente al de su madre.
Así, esta hermana, se caracterizó, desde aquella noche, por su fe, confianza y amor hacia Dios.

Pero aquí no termina la historia, pues una noche yo recordaba que un domingo que en mi país se celebraba el “Día del Padre”, llegó esta hermana a la iglesia con un enorme ramo de flores. De pronto, me percaté que se acercaba al púlpito, pues, su intención era dejarlo en el piso de la plataforma. Mas, le salieron al paso unos hermanos que querían impedir tal acción porque lo consideraban fuera de lugar…
Pasaron unos minutos de discusión hasta que dieron la orden que la dejaran en paz para que ella coloque el ramo donde ella deseaba.
Así, esta hermana, muy sonriente lo colocó en el piso cerca del púlpito.

Después del culto dominical, mi mamá conversó con ella y le preguntó por el ramo, a lo que esta hermana dijo con profunda emoción: “Yo no tengo padres, y como hoy es el Día del Padre, yo vengo a entregarle este arreglo floral a Aquel que es mi padre y madre para mí. ¡Esto es para mi papi!”

¡Cómo no iba a tener tanto amor hacia Su Padre Celestial, si cuando Cristo la salvó, le dio no solamente una nueva vida, sino una identidad, pues un hermano bondadoso la ayudó, ya que ella no constaba en el Registro Civil de nuestro país!
No tenía padres, ni nadie que viera por ella. En todo esto, mi familia y yo hemos sido testigos cómo nuestro Dios bondadoso y amoroso la recogió en sus brazos y la hizo una hija especial, cuidando de ella y su hija en todo momento.

Apreciados lectores, no nos olvidemos que en Dios tenemos a un Padre muy especial que no nos abandona, y que siempre está pendiente de nosotros en todas las circunstancias por las que atravesamos en esta vida; ya sea para disciplinarnos o para extendernos sus tiernos brazos y brindarnos la ayuda que, como hijos especiales que somos, Él está dispuesto a darnos.

“Aunque mi padre y mi madre
me dejaran, con todo,
Jehová me recogerá”
(Salmo 27:10)
¡Dios lo bendiga!

lunes, 23 de noviembre de 2009

“¡PADRE, ENSÉÑAME A ORAR!”

Texto Bíblico: Santiago 5:16b
El lunes de la semana que pasó tuvimos en nuestra iglesia el acostumbrado culto de oración, y una vez más fui esa noche con un gran entusiasmo, pues, desde hace algún tiempo, el mismo, viene siendo de bendición para mi vida.

Ya en la parte final del programa, la persona que dirigía el culto nos pidió que nos sentáramos en parejas para orar unos por otros. Y en esta ocasión me tocó orar con una sencilla hermana, quien comenzó disculpándose porque ella
“no sabía orar como los demás…”

Así, entre sus peticiones de oración estaba una que me llamó fuertemente la atención, y fue la siguiente:
“mi petición es que Dios me enseñe a orar”.

De esta manera, las dos oramos por esta petición, y cuando a ella le tocó el turno de orar por mí, de su sencillo lenguaje brotaron las más hermosas y espirituales palabras. Fueron tan llenas de sabiduría Divina que me sentí edificada y profundamente agradecida a Dios por el privilegio que me dio de orar junto a una hermana que apenas sabe leer y escribir, pero que su corazón y mente están llenándose cada día del conocimiento de Cristo.

Amigo que ha leído esta publicación, ¿está usted pidiendo a Dios que cada día que pasa le enseñe a orar?; o piensa que porque llevamos años en la fe de Jesucristo, eso nos hace expertos en la oración…

No nos engañemos, necesitamos día a día que nuestro Señor nos perfeccione en la oración, y en nuestro contacto diario con Él, no nos olvidemos de agregar los ingredientes indispensables para una oración eficaz:

- La gratitud: que nos permite dar gracias en todo momento y por todo a nuestro Dador de todo bien.

- La fe: para que tengamos la certeza que nuestras oraciones son escuchadas y serán respondidas por Dios de acuerdo con su soberana voluntad.

- Llenura del conocimiento de Cristo: para aprender a pedir como conviene.
“…la oración eficaz del justo puede mucho.”
(Santiago 5:16b)
¡Dios lo bendiga!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

“¡EL MEJOR CIRUJANO!”

Texto Bíblico: Juan 14:27
Estimados lectores, aprovecho este espacio para compartir con ustedes el testimonio de lo que sucedió el día que sometieron a una cirugía a mi mamá.

Como todos sabemos, una cirugía siempre nos llena de temores; el solo hecho de escuchar la fecha, día y hora, hace que nos pongamos a meditar si saldremos con vida o no de la misma.

Pues, esto es lo que pasaba por mi mente cuando supe la fecha exacta en que mi mamá sería intervenida quirúrgicamente. Un día antes tuvimos una reunión entre mi hermana, mi padre y yo, para, entre otras cosas, encomendar a mi mamá en las manos de Dios. Como ser humano que soy, confieso que no pude dormir, pues, en mi mente persistía la hora de ingreso al quirófano de mi madre. Entonces, decidí, ya al clarear la mañana, pedirle a Dios que me diera a mí y a toda mi familia la paz que necesitábamos para enfrentar todo lo que vendría en ese día.

Así, a primera hora de la mañana mi mamá ya estaba internada en el hospital, y a las pocas horas era ingresada en el quirófano….

Durante el tiempo que nos tocó esperar la conclusión de la cirugía, así como en la sala de recuperación, pude sentir una paz que sobrepasó todo mi entendimiento. Aun cuando veía el ir y venir de los pacientes que ingresaban de emergencia al quirófano; familiares derramando lágrimas de desesperación; yo me sentía muy tranquila, pues, Dios había respondido mi oración y me llenó de su paz. Incluso, sucedió que mientras mi papá estaba esperando en la sala del hospital, se quedó profundamente dormido y su rostro irradiaba tranquilidad. Lo que me recordó a Jesucristo durmiendo tranquilo en medio de la tempestad.
(Marcos 4:35-40)

Estoy segura que muchos de los familiares en espera se habrán dicho: ¡cómo es posible que puedan estar tan tranquilos en momentos como éstos! Y la respuesta es muy sencilla, nosotros entregamos a mi mamá en las manos del mejor cirujano, Aquel que puede realizar las cirugías más complicadas y terminarlas con éxito. Ese cirujano es Dios.

Amigos y hermanos en la fe de Jesucristo, ese día aprendí que: cuando dejamos que Él tome el control de todo lo relacionado con nuestras vidas, podemos vivir confiados en Sus tranquilizadoras promesas. Y si nos falta fe, podemos pedírsela para que Él nos la dé en abundancia, con la seguridad que nos escuchará y afirmará nuestros pasos, como lo fue en mi caso.

Actualmente, mi mamá está de vuelta con nosotros, agradecida a Dios por permitirle continuar junto a su familia y en el ministerio que Dios le ha dado junto a mi padre.

Amigo(a) que ha leído estas líneas, le animo a que permita que el mejor Médico de este mundo realice la cirugía que usted necesita en su corazón, para que Él se encargue de sacar todo aquello que daña su salud espiritual. Entréguese en sus manos y tenga la seguridad que cuando despierte, Él habrá hecho de usted una persona nueva, con un corazón distinto, lleno del gozo y de la paz que sólo en Jesucristo su Hijo usted puede hallar.
“La paz os dejo, mi paz os doy;
Yo no os la doy como el mundo la da.
No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
(Juan 14:27)
¡Dios lo bendiga!

lunes, 12 de octubre de 2009

“¡BENDITA ENFERMEDAD!”

Texto Bíblico: Salmos 37:25
La otra noche, mientras esperaba el cambio de hora para dictar mis clases en el Seminario Bíblico de la Alianza, de la ciudad de Guayaquil, me encontré con un ex alumno, quien es un hombre de Dios, y junto a su esposa están culminando los estudios en esta Institución Teológica.

Pues bien, le pregunté cómo estaba su salud, ya que él sufrió un accidente (es albañil) y se lesionó unos discos de su columna vertebral, al caer de una considerable altura mientras trabajaba en una construcción. Así, este hermano en la fe, con sus ojos brillantes y con voz firme me dijo lo siguiente:

“Aunque hace tres meses que no puedo trabajar, no puedo ser el sostén de mi hogar, y no puedo dar de comer a mi esposa y cuatro niños; no me quejo, pues la mano misericordiosa de Dios siempre ha estado conmigo y mi familia. Nunca nos ha faltado un plato de comida, pues, siempre hay alguien que, sin que yo le pida, llega a nuestra casa con una funda de víveres.

Sabe, hermana, me dijo mi ex alumno, esta enfermedad ha sido de mucha bendición para mí porque Dios ha moldeado mi carácter. Yo siempre era orgulloso en lo concerniente a ser jefe del hogar, yo velaba por mi familia y creía que yo era el sustento de mi esposa e hijos. Mas ahora, he comprendido que el sustento de mi hogar no soy yo, sino Dios, pues él es el que da la comida, el vestido, y todo lo que uno necesita. He comprendido que yo sólo soy un instrumento de él para sustentar a los míos y, si por alguna razón, yo no puedo hacerlo, como ahora, él se encarga de buscar otras personas para que nos sustenten mientras yo me recupero.

Finalmente, el Señor me ha mostrado que los hermanos en la fe estamos para ayudarnos y darnos una mano en tiempos de angustia, y mientras yo no abuse de mi situación, cada hermano que nos ayude será grandemente bendecido por Dios.

Así que hermana, estoy en paz y gozoso con lo que he aprendido a través de esta enfermedad, pues es el entrenamiento perfecto para mi fe y confianza en Dios para cuando mi familia y yo vayamos, después de terminar nuestros estudios aquí, a predicar el evangelio al Oriente ecuatoriano…”

De pronto tocó el timbre del cambio de hora, y entre el ir y venir de los estudiantes se despidió, y me dejó con un ánimo inmenso, pues pocas veces puedo sentirme tan bendecida con las palabras del que padece una enfermedad.

Al día siguiente visité como en otras ocasiones, desde que me enteré de su situación económica, a esta humilde familia.
Y ustedes, apreciados lectores, ya podrán imaginar cuál fue el motivo de mi visita…

“Joven fui, y he envejecido,
Y no he visto justo desamparado,
ni su descendencia que mendigue pan”

¡Dios lo bendiga!

lunes, 21 de septiembre de 2009

"¡SÁLVENME QUE ME ARRASTRAN!"

Texto Bíblico: Efesios 2: 1; Isaías 55:6-7

¡Sálvenme que me arrastran! Fueron las últimas palabras que gritó una mujer, de edad madura, antes de morir. Levantaba su brazo, volvía a gritar la misma frase, y mirando al vacío, con sus ojos desorbitados por el terror, dejó de existir. Fue en ese preciso momento que, una joven cristiana evangélica corrió y se acercó a la moribunda para hablarle de Cristo, pero fue muy tarde…
La escena que les acabo de narrar, se desarrolló en un hospital del sector popular de mi ciudad Guayaquil, donde cada día los enfermos hacen largas filas para obtener un turno que les permita ser atendidos por los médicos de ese lugar.

Pues bien, la joven cristiana, con mucha tristeza miró cómo esta mujer se fue sin Cristo en cuestión de segundos. Sus familiares la llevaban de emergencia en una improvisada camilla y trataron, inútilmente, de salvarla.

Pero, ¿quién era la fallecida?, porque cabe recalcar, que mientras esta escena se desarrollaba en el hospital, la gente les abría camino y los miraba con mucho temor.
Esta mujer fue una temida delincuente, quien por muchos años sembró el terror en los sectores pobres de la ciudad. Era madre de delincuentes, y líder de bandas que se dedicaban a: asaltar, violar y matar. Los pacientes comentaban que era una mujer muy cruel y malvada.

De pronto, entre un comentario y otro, surgió una voz femenina que decía que no debían lamentarse por su muerte, que esta mujer no merecía la salvación de Dios, era justo que muera y se vaya al infierno. Estas fueron las palabras de una mujer que había llevado algún tiempo observando (de lejos) la agonía de la enferma, y que con Biblia en mano, cada día va al hospital para hablar de Cristo a los enfermos; pero, en este día, ella había decidido quién debía, o quién merecía ser salvo…

Triste historia, estimados lectores, no sólo porque la fallecida se fue sin Cristo, y en sus últimas palabras estaba claro que ella sabía que la arrastraban a un lugar de tormento, sino porque hay personas que hacen el papel de Dios: condenan, juzgan y deciden quién debe ser salvo, como el caso de la otra mujer que a diario acudía al hospital a “predicar el evangelio”.

Al respecto, Jesucristo, como hijo de Dios, nos dejó una hermosa enseñanza de amor, misericordia y perdón. Él estuvo crucificado al lado de un delincuente y, sin embargo, cuando éste le pidió que se acordara de él cuando volviera en Su Reino, Jesús, mirándolo con compasión, lo perdonó y le dio la oportunidad de tener la vida eterna, diciéndole:
“hoy estarás conmigo en el paraíso”

De esta historia, apreciados lectores, saco dos conclusiones:
1. No rechaces la voz de Dios cuando Él llama hoy a la puerta de tu corazón y te pide que te arrepientas de tus pecados; porque mañana, puede ser tarde, como lo fue para la mujer que falleció. ¡Cuántas oportunidades tendría en su vida de arrepentirse, y no las aprovechó!

2. Dios no nos ha puesto en el papel de jueces, por lo tanto, nuestra misión como hijos de Él, salvados, restaurados por la sangre de su Hijo Jesucristo, es compartir con todos esta salvación que un día sin merecerla, Dios en su infinita misericordia, nos la dio. (Efesios 2:1)

Si después de leer esta publicación usted siente que Dios está hablando a su corazón, no espere más, busque a Dios y deje que Él limpie su corazón, lo transforme y le dé el mejor regalo:
¡la vida eterna!

"Buscad a Jehová mientras puede ser hallado,
llamadle en tanto que está cercano.
Deje el impío su camino,
y el hombre inicuo sus pensamientos,
y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia,
y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar"
(Isaías 55: 6-7)

¡Dios lo bendiga!

sábado, 29 de agosto de 2009

“LA HARINA Y EL ACEITE”

I Reyes. 17: 14-16

Estaba leyendo I de Reyes capítulo 17, cuando Dios ordena al profeta Elías que vaya a Sarepta de Sidón porque una viuda lo iba a sustentar, y me llamaron fuertemente la atención los versos 14 al 16, por los siguientes aspectos, los mismos que en esta ocasión paso a compartirlos con ustedes, apreciados lectores.

Sucede que en aquella época no había llovido por muchos días sobre la tierra, por tanto, no había cosecha alimentaria. La sequía había sido larga, tres años y seis meses. Es en esta situación que Dios le ordena al profeta Elías que vaya a Sarepta de Sidón porque Él, allá ha ordenado a una viuda pobre que lo sustente.

Lo interesante de este capítulo es la obediencia de Elías al ir a aquel lugar; y también, la obediencia de la viuda al acceder a tener en su casa al profeta. Y es aquí, donde Dios prueba la fe de ambos y les muestra cómo de lo poco, Él, con su poder absoluto, puede sustentar a sus hijos por mucho tiempo.

Notemos que Dios usó dos ingredientes para alimentarlos: la harina y el aceite. Incluso, estos dos alimentos, la viuda no los almacenaba en grandes cantidades, porque en el versículo 14 nos habla de dos utensilios para guardarlos, los mismos que no eran grandes: una tinaja y una vasija.

Estimados lectores, cuando Dios provee para sus hijos y satisface sus necesidades humanas básicas, no lo hace a partir de grandes cantidades; pues, es aquí, donde Él quiere mostrarnos todo su gran poder, favoreciéndonos.
Es decir, mostrándonos que lo que aparentemente es poco para el hombre, Dios lo puede multiplicar hasta que sobreabunde, y es aquí donde podemos ver la mano milagrosa y bendita de nuestro Salvador.

Por último, debemos tomar en cuenta otro detalle muy importante de este capítulo, y es que en los tiempos de crisis es cuando nuestro Señor nos pide que sustentemos a los que necesitan de nosotros.

Hagamos como la viuda que con sólo una pequeña tinaja de harina, y una pequeña vasija de aceite, depositó su fe y confianza en el Dios que todo lo puede, y decidió alimentar una boca más, sabiendo que Él no la desampararía, por el contrario, le proveería de todo lo necesario para el sustento de todos (Elías, la viuda y su hijo), hasta que terminara la época de crisis.

Estimados lectores, actualmente vivimos en un tiempo de crisis económica. Aprovechemos esta época difícil para ayudar y sustentar a los que lo necesitan, y a aquellos a los que Dios pone en nuestro camino. Dejemos que el Dios de los imposibles se encargue de mantener llena la tinaja de harina y la vasija de aceite, las mismas que sin duda alguna, y lo afirmo con mi propia experiencia, que no se acabarán, servirán para muchos días, hasta que Dios decida que el tiempo de la crisis ha terminado.

"Y la harina de la tinaja no escaseó,
ni el aceite de la vasija menguó,
conforme a la Palabra que
Jehová había dicho por Elías"
(I de Reyes 17:16)
¡Dios lo bendiga!

sábado, 22 de agosto de 2009

“DEJE EL RESULTADO AL SEÑOR”

Texto Bíblico: I Corintios 3: 6-7.
Estimados lectores, hace unos días atrás terminé de dictar un curso a los estudiantes del Seminario Bíblico de la Alianza en mi ciudad Guayaquil. Y decidí dedicarles el tema de esta semana, el mismo que paso a compartirlo con todos ustedes.

Todos nosotros, los que de alguna u otra manera trabajamos para el Señor, sea dentro de una iglesia o en sectores fuera de ella, hacemos nuestro trabajo con mucho entusiasmo. A todos los que nos rodean deseamos contarles lo que Dios hace en nuestras vidas, y es por esto que en muchos de los casos trabajamos incansablemente para obtener frutos a corto plazo.

Mas, quisiera que consideren lo siguiente, y que lo guarden en lo más profundo de sus corazones: es necesario que después de haber sembrado arduamente,
le dejen el resultado al Señor.

En el capítulo 3 de la primera carta a los Corintios, podemos leer que el apóstol Pablo tenía una gran preocupación por los hermanos de los Corintios, y es que cada uno de ellos tenía un orgullo espiritual muy elevado. Y éste era más fuerte si su líder era alguien de renombre.

Verdad amigos, que hoy nos sentimos orgullosos de las iglesias a donde asistimos, incluso, se ha llegado a hablar de congregaciones de élite, porque tienen a tal o cual pastor prestigioso, o sus miembros son de clase social elevada. Y muchas veces, damos por sentado que habrá un excelente resultado en nuestras iglesias si participa en determinado programa el grupo tal, y si predica alguien importante a nuestro parecer.


Saben, estimados lectores, las más gratas experiencias desde el púlpito las he recibido, precisamente, de humildes pastores, de sencillas siervas de Dios que, sin mayores ademanes, ni rebuscado vocabulario, al abrir sus labios, han hablado con sabiduría Divina, y todos los presentes hemos sentido la presencia del Espíritu Santo, de modo que, hemos salido con la certeza de haber crecido más en el conocimiento de Jesucristo.

¡Cuánto nos afanamos por presentar los mejores programas en nuestras iglesias! Cuidamos hasta el más mínimo detalle; incluso, fijamos las metas a corto y largo plazo. Mas, cuando no vemos el crecimiento espiritual que esperamos en nuestros hermanos en Cristo, nos frustramos, y nos preguntamos qué salió mal, y qué está mal.

Amigos, recordemos que somos colaboradores de Dios, es decir, los encargados de plantar y regar la Palabra de Dios en el corazón del hombre; pero debemos dejar el crecimiento o el resultado al Señor. Porque los resultados no los vamos a lograr en nuestro tiempo, sino en el tiempo de Él.

Los animo, entonces, a que nos preocupemos por plantar y regar con calidad y fidelidad, unidos, sin distinciones Denominacionales, sin orgullos espirituales de ninguna índole, porque la Iglesia de Cristo es una sola. Y cuando Jesucristo venga en gloria, espera encontrar una iglesia fuerte, con un solo sentir; con frutos derivados de una buena siembra, y un crecimiento muy sólido, producto de
haber dejado el resultado al Señor.

“Sembraré la simiente Preciosa,
Del glorioso evangelio de amor.
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor”
(Himno "Sembraré la Simiente Preciosa")

¡Dios lo bendiga!

miércoles, 19 de agosto de 2009

“DIOS ACABA LO QUE COMIENZA”

Texto Bíblico: Job 23: 10-14
Escribo estas palabras en momentos que el ser humano se encuentra en constante lucha contra su propio destino, contra lo que le toca vivir o experimentar.

No aceptamos la realidad que nos toca vivir. Luchamos contra los designios de Dios: cuestionamos su actuar e incluso, nos negamos a vivir bajo su soberana voluntad, porque según nuestro pensar, somos seres con libre albedrío, autosuficientes, y con la capacidad para lograr todo lo que nos proponemos en esta tierra.

Mas, todo esto no es otra cosa que el temor a lo desconocido, al qué nos sucederá en manos de Dios, a qué pruebas o situaciones complicadas nos someterá nuestro Creador.

Y es en este punto que deseo comentarles lo que hizo Job en medio de su grande situación calamitosa, ya que él fue un hombre al cual Dios amó mucho, y por ese amor que le tenía, un día decidió probar su fidelidad hacia Él.

Así, Job reconocía que Dios era el único que conocía su vida en lo más profundo de su ser (versículo 10a). Sabía que después de la tormenta su condición espiritual sería mucho mejor que antes (v. 10b).

Job conocía que la clave de todo triunfo espiritual es el guardar las palabras de Dios, y no apartarse de ellas (v. 12). Tenía confianza que Dios cuando determina una cosa para nuestras vidas, nada ni nadie lo hace cambiar (v.13). Job reconoció que Dios nunca deja una obra sin terminar, pues Él acaba lo que empieza (v.14)

Mi estimado lector, ¿está usted luchando contra Dios?, ¿se niega a ponerse bajo la poderosa mano de Él?

Recuerde, no cierre su corazón a la voz del Dios Todopoderoso, ni a sus perfectas determinaciones para su vida en este mundo. Dios lo conoce cabalmente en su pasado, presente y futuro, y no lo va a dejar hasta completar en usted la obra que en Su soberana voluntad desde la eternidad determinó e inició.

“Él, pues, acabará lo que ha determinado de mí…” (Job 23:14a)


¡Dios lo bendiga!

domingo, 26 de julio de 2009

¿LE PREOCUPA EL FUTURO?

Texto Bíblico: Isaías 35:10

La semana que pasó fue llena de tristes noticias para mí, porque me enteré que apreciados amigos y hermanos en la fe de Jesucristo están pasando por duras pruebas. Tan fuertes son las experiencias por las que pasan, que en muchos de los casos sus ojos están cansados de tanto derramar lágrimas; su ánimo ha decaído, y no entienden el por qué de la situación difícil por la que están pasando actualmente.

Para ellos, quiero dedicar estas líneas, pues, hubo un tiempo de mi vida cuando no sabía lo que me depararía el futuro.

Es verdad que muchas veces el peso de la tribulación es tan grande que sentimos que nos aplasta; en otros casos, nuestra colorida vida se llena de un momento a otro de peligrosos y dolorosos nubarrones. Mas, debemos estar confiados que nuestro Dios se encuentra a nuestro lado, Él no nos abandona, y no va a dejar que padezcamos más allá de lo que nuestro ser puede soportar.

Pensemos siempre que al final de la prueba hay un sin número de bendiciones que nos aguardan, pues el crecimiento espiritual que obtengamos, es producto de ese difícil momento por el que pasamos. Es necesario pasar por los tragos amargos para llegar a apreciar las bendiciones que nuestro Dios nos tiene preparadas, que no son otra cosa que los planes de Él para cada una de nuestras vidas.

Nada sabemos sobre el futuro, pero una cosa sí debemos saber y, es que Dios tiene en sus sabias y poderosas manos nuestro futuro, y que si nos mantenemos fieles a Él, y no permitimos que nuestra fe se quebrante, al final, siempre seremos triunfantes en Cristo, porque nuestro espíritu se habrá perfeccionado y veremos con claridad los planes de Dios para nosotros.

Así que, como dice el profeta Isaías, “Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles” (Isaías 35:3), porque tenemos en Jesucristo un amigo que sostiene nuestra mano y comprende nuestro pesar; pues, un día Él sufrió muchos quebrantos, pero tuvo una mano a la que se aferró: la mano de su Padre celestial. Entonces, sigamos su ejemplo, aferrémonos fuertemente de la mano de nuestro poderoso Salvador.

Para finalizar, les comparto la primera estrofa y el coro de un himno muy antiguo, cuya letra nos deja un mensaje de esperanza y confianza en nuestro futuro.

“Nada sé sobre el futuro”

Nada sé sobre el futuro,
Desconozco lo que habrá,
Es probable que las nubes,
Mi luz venga a opacar.
Nada temo del futuro
Pues Jesús conmigo está,
Yo le sigo decidido
Pues Él sabe lo que habrá.

Muchas cosas no comprendo
Del mañana con su afán,
Mas un dulce Amigo tengo,
Que mi mano sostendrá.
¡Dios lo bendiga!

miércoles, 22 de julio de 2009

"VISITAS ALECCIONADORAS"


Texto Bíblico: Salmos 103: 1-2

El fin de semana que pasó, recibimos la grata visita de unos humildes y sencillos esposos, amigos de nuestra familia, y miembros de la iglesia donde asistimos. Así, estos queridos amigos, vinieron a conversar sobre algunos asuntos con mi padre.

Al pasar el tiempo, me decidí brindarles un refresco, ya que la tarde estaba muy calurosa y, seguramente, les vendría bien aquellos vasos con una fresca limonada.

Entonces, me acerqué a la sala, les brindé el refresco y, cuando me estaba retirando, escuché que los esposos le pedían a mi padre que diera gracias a Dios por la limonada que se iban a beber.

La verdad es que me quedé asombrada por la reacción de la pareja, porque en mi hogar y en la mayoría de familias cristianas se acostumbra orar cuando nos vamos a servir las respectivas comidas diarias, pero no se suele orar por un vaso con refresco.

Mas, me quedé meditando en el actuar de ellos, y en el gesto de esos dos esposos, que en actitud muy reverente, daban gracias a Dios por el beneficio recibido con esos dos vasos de refresco.

Saben, mis estimados amigos, debemos imitar el gesto de ellos, el mismo que no es un mero acto de religiosidad, al contrario, es la gratitud sincera, y el reconocimiento que todo lo recibimos de Dios, aunque sea sólo un vaso de agua fría.

Nuestro ser debe siempre agradecer a Dios por el sustento diario, aún en sus expresiones aparentemente muy pequeñas e insignificantes, y cómo Él se manifiesta en todas y cada una de nuestras vidas: en los pequeños y grandes momentos, en las pequeñas y grandes cosas, brindándonos así su generosa bendición .

Digamos, entonces, como el salmista:
"Bendice, alma mía a Jehová, y
bendiga todo mi ser su santo nombre,
Bendice, alma mía a Jehová,
y no olvides ninguno de sus beneficios"


¡Dios lo bendiga!

lunes, 13 de julio de 2009

"LA NIÑA Y EL TRICICLO"


Texto Bíblico. Hebreos 12:2

Una vez una madre me contó una anécdota interesante de una de sus hijas cuando ésta tenía alrededor de dos años de edad (ahora ya es adulta).
Sucede que a esta mamá siempre le llamó la atención la actitud perseverante de su hija y, cómo se podían observar los rasgos de la perseverancia en su carácter, aún a tan corta edad.

Así, me contaba que a su hijo mayor (entonces de tres años), sus abuelos le obsequiaron un hermoso triciclo. El pequeño se deleitaba pedaleando en él, y pronto descubrió que podía llevar, en la parte trasera del triciclo, a su pequeña hermanita.

Pues bien, esta actividad le venía de perlas a la mamá de los niños, porque sabía que estaban entretenidos, por lo tanto, no harían ninguna travesura, y dejarían a su madre hacer los quehaceres del hogar con tranquilidad.

Un día, esta madre descubrió a su pequeña hijita tratando de subir al triciclo. Al principio la madre sentía pánico, pues, pensaba que su hijita se caería y golpearía. Pero, pronto advirtió que ésta pequeña era muy cuidadosa, pues, empujaba el triciclo contra la pared, para que el mismo no se moviera.

Así, pasaron algunos días en que a la niña sólo le interesaba aprender a subirse y sentarse en el triciclo. Nada la distraía de su meta. Y así lo hizo, hasta que logró subir y bajar a la perfección. Una vez alcanzada la primera etapa, ésta pequeña se propuso aprender a pedalear. Y otra vez, con la paciencia y perseverancia que le caracterizaban, insistió día tras día, hasta que logró pedalear. Sólo, entonces, la niña estaba feliz y contenta, porque sin importar los obstáculos propios de la edad, había logrado alcanzar la meta sin desviarse ni distraerse un minuto.

Estimados lectores, busquemos tener la paciencia, agallas, fuerza de voluntad o perseverancia para alcanzar nuestras metas y objetivos en la vida.
Hagamos como la niñita de nuestra historia. No distraigamos nuestra mente en aquello que nos va a impedir llegar a la meta; por el contrario, esforcémonos y estemos dispuestos a subirnos y bajarnos del triciclo las veces que sean necesarias, hasta que logremos alcanzar nuestros objetivos. Pero recuerde, que usted ni yo lo lograremos solos, sino con la ayuda de Dios, quien guiará cada paso suyo y mío, no permitiendo que nuestros pies resbalen ni se desvíen de la meta que nos hemos propuesto.

Por lo tanto, “puestos los en Jesús el autor y consumador de nuestra fe…” tenemos la garantía que lo lograremos.
¡Dios lo bendiga!

viernes, 3 de julio de 2009

LA MESITA ANTIGUA

Texto Bíblico: 2 Timoteo 2: 19-21

Existía en mi casa, desde que tengo uso de razón, una mesita de sala, la misma que había sido parte de un viejo juego de muebles. Estos muebles, con el pasar del tiempo fueron reemplazados por unos nuevos, y mis padres decidieron obsequiarlos a otra familia; pero mi madre decidió conservar con nosotros aquella pequeña mesita de centro.

Con el pasar de los años, la mesita de centro quedó arrumada y, un tanto olvidada por todos. Mas, cuando tuvimos la oportunidad de mudarnos a otra casa, nos acordamos de ella, porque pensamos regalarla, pues, no había un lugar para la misma en nuestro nuevo hogar. Pero mamá, con voz enérgica reaccionó diciéndonos que la mesita se iba con nosotros, y que ella se encargaría de encontrarle un lugar digno. A regañadientes, todos aceptamos la propuesta, y mi padre se ofreció llevarla adonde el ebanista para que la dejara como nueva.

Al fin, llegó el tan esperado día de la mudanza, y nos llevamos con nosotros todo lo que Dios nos había dado durante todos nuestros años de vida. Pasaron unas semanas, y nosotros seguíamos insistiendo que no había lugar para la antigua mesita. Mamá, sin mirarnos continuaba con los quehaceres de la casa, y con firme seguridad nos decía:
“ya le encontraré un lugar donde sea útil”.

A las pocas semanas llegó la mesita. Estaba como nueva; es más, el ebanista le había colocado un labrado en el mesón que, prácticamente, no la reconocíamos. De pronto, vimos cómo mamá la llevó a un sector de la biblioteca de papá, y la ubicó en medio de dos antiguos sillones (apreciados regalos de nuestros abuelos maternos), y como por arte de magia observamos que la mesita quedaba perfecta.
Actualmente, este sector de la biblioteca de mi padre, es uno de mis lugares preferidos para leer, porque la mesita le da elegancia al lugar, y es útil para colocar encima de ella los libros que consultamos.

Así, mis estimados amigos, ¡cuántas veces rechazamos a los que nos rodean porque los subestimamos; porque no pensamos que llegarán muy alto; porque creemos que no nos son útiles!

Cuando Dios toma en sus manos a un hombre, o a una mujer, los transforma de tal manera que, los hace instrumentos útiles para su obra, y los ubica en sitios de honor en la vida. Dejemos que la mesita de nuestra vida- aparentemente inútil-, el Ebanista Divino la transforme,
haciéndola útil y enteramente preparada para toda buena obra.

“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra”

¡Dios los bendiga!

martes, 23 de junio de 2009

“EL ANILLO DE GRADUACIÓN”

Texto Bíblico: Juan 3: 16-17
Hace muchos años atrás conocí la historia de una joven pareja que llevaba poco tiempo de casados, la misma que se vio bendecida por la llegada de su primogénito.

Como todos sabemos, un bebé demanda gastos, y a estos padres pronto se les acabaron los ahorros. Así, se quedaron sin el dinero para poder comprar el tarro de leche que su pequeño hijo necesitaba.

Una tarde, el padre de familia se fue a su recámara, abrió uno de los cajones, y sacó de un pequeño estuche un hermoso anillo de oro que con mucho cariño guardaba. Ese era el anillo que un día sus padres, con tanto sacrificio, le habían obsequiado al graduarse de bachiller. Entonces, sin pensarlo dos veces, este joven padre se dirigió a la casa de empeño y dejó el anillo a cambio de un poco de dinero para así poder dar de comer a su hijo.
Aún cuando sabía que no volvería a ver el anillo, salió contento de la casa de empeño, porque el amor que tenía a su hijo y esposa, era mayor que cualquier tesoro de este mundo.

Así, mis estimados lectores, Dios nos amó tanto que no dudó en entregar a su único Hijo, su especial tesoro, para rescatar nuestras vidas de la perdición eterna; pues Dios sabía que esa pérdida momentánea, se convertiría en eterna victoria con la resurrección de su Hijo Jesucristo.

¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a desprendernos de lo más preciado que tenemos por amor a los que nos rodean?

“Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla.”(Juan 3:16-17)

¡Dios los bendiga!

lunes, 15 de junio de 2009

EL EX –CONVICTO

Textos Bíblicos: 2 Cor. 5: 17-18

Una vez hubo un anciano muy respetado y amado por todos los que lo rodeaban. Era una persona que con sólo verla inspiraba confianza, de modo que, todos buscaban su compañía y sus consejos.

Una tarde, mientras estaba sentado en el parque, se le acercó un hombre de mediana edad, y le dijo:
-¡Oye tú!, yo te conozco. Tú estuviste en la penitenciaría al igual que yo. Cuando tú salías de la cárcel, yo llevaba pocos meses de haber ingresado a ese lugar.
-El anciano sonrió amablemente, y sus ojos miraron al vacío, como si aquellas palabras hubieran sacado a flote recuerdos que él habría deseado no salieran a la luz.

Pero el otro hombre continuó:
- Quiero hacerte una pregunta, ¿por qué, si tú también eres un ex – convicto, a ti la gente te acepta; no te huye? , ¡Mírate!, tú rostro tiene cicatrices, llevas tatuajes en tus brazo. Tienes las huellas de haber vivido una vida de mucha violencia. Dime, ¿cuál es tu secreto? Porque yo soy rehabilitado, pero aún no logro que la gente me mire con confianza.

Entonces el anciano le contestó lo siguiente:
- Cuando yo estuve en la cárcel, recibí a Cristo como mi Salvador personal, y una de las cosas que le pedí a Dios fue que me haga una persona nueva. Así, Dios se encargó de limpiar todo lo malo que estaba dentro de mi corazón. Su sangre bendita purificó todo mi ser, de manera que,
¡he vuelto a nacer!
Es verdad que mi físico lleva las huellas de ese pasado oscuro que no quiero recordar, pero al entrar Dios a mi vida, mi cuerpo ha tomado una apariencia distinta. Es por esto que la gente no me huye, es más, me tiene confianza.

Tú te has preocupado por arreglar tu físico, pero te has olvidado de la parte espiritual, de permitir que Dios transforme tu vida en alguien nuevo; que haya un brillo especial en ti, de manera que puedas hablar y vivir de manera distinta. Y diciendo esto, el anciano, se retiró del parque no sin antes saludar amablemente con todos aquellos que lo conocían y le tenían afecto.

Así, mis estimados amigos, dejemos que Dios sea el que transforme nuestras vidas, para que la vida de Cristo se vea reflejada en todo nuestro ser. De modo que siempre seamos
¡un faro encendido que nunca se apague!
Sin importar cuál haya sido nuestro pasado, Dios tiene el poder para perdonar, salvar, y enterrar en lo más profundo del mar nuestra antigua vida.

¡Dios los bendiga!

miércoles, 3 de junio de 2009

LA GRABADORA DE LA MAESTRA

Textos Bíblicos: Isaías 29:15; Lucas 8:17

De mis años de infancia recuerdo un incidente que se suscitó en la escuelita fiscal donde estudié.

Una tarde soleada de diciembre, como tantas otras de ese mes, la maestra de tercer grado les dijo a los niños que debía salir junto con la Directora a realizar la compra de los juguetes para darles en la fiesta de Navidad que se celebraría la semana entrante.

Así, la maestra pidió a sus pequeños alumnos que en ausencia de ella cumplieran con algunas actividades, las mismas que revisaría a su regreso. De esta manera, antes de retirarse, colocó una radio grabadora sobre su escritorio, e hizo expreso hincapié en que nadie debía hacer travesuras con el “aparato” de lo contrario, recibiría su justo castigo.

Pues bien, la maestra se fue dejando en el aula un ambiente de fingida quietud y obediencia, la misma que se vio interrumpida cuando uno de los niños gritó: “¡se fue la maestra!”. Acto seguido, la clase se transformó con asombrosa rapidez en: cancha de fútbol; área para la rayuela; pista de carreras, y de obstáculos, si tomamos en cuenta que las sillas eran perfectas para tan emocionante juego.
Niños y niñas jugaron hasta la saciedad, teniendo como único testigo la radio grabadora, la misma que no sufrió daño alguno pues los juegos improvisados superaron las ganas de hacerle alguna travesura.

De pronto, un niño que hacía de “campana” saltó en medio del aula y gritó: “¡ahí viene la profe!”, y con una rapidez superior a la del rayo, nuestros amiguitos recibieron a la maestra con la misma “quietud y obediencia” con que ella los había dejado.

Cuando ella entró al aula, los miró fijamente y les preguntó si ellos eran los que habían armado alboroto en su ausencia, a lo que los niños respondieron en coro: “No señorita, estábamos haciendo la tarea…”. Entonces, y para el asombro de todos, la profesora se dirigió hacia la grabadora, aplastó el botón de “retroceder”, y ante el pánico dibujado en el rostro de los niños, aplastó el botón “play”, quedando en el acto, descubierto todo lo que habían hecho y dicho, gracias a que la profesora sutilmente había colocado un casette, y había dejado encendida la grabadora en su ausencia.

Lo que ocurrió después, creo que será mejor dejarlo a la imaginación de los lectores…

Así mis estimados amigos, cuántas veces en nuestro diario vivir actuamos de manera incorrecta sólo porque nadie nos ve. No cumplimos con nuestro trabajo, engañamos a los maestros en los exámenes, y todo porque “nadie nos ve”. Y nos olvidamos que hay un espectador invisible y silencioso que está tomando nota de todo lo que hacemos.
A los hombres podemos engañar, pero a Dios ¡no!, y a su tiempo recibiremos nuestra paga buena o mala, según hayamos obrado en esta tierra.

“Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a la luz” (Lucas 8:17)

¡Dios los bendiga!

sábado, 9 de mayo de 2009

¡DESEO CONCEDIDO!


Texto: I de Reyes 3:3-15

Una vez un hombre visitó una pequeña aldea y mientras la recorría, encontró a un nativo que estaba sentado a la entrada de su casa muy cabizbajo y meditabundo.
El extranjero le preguntó qué le ocurría, entonces el aldeano le respondió:
- ¡Estoy en miseria, me siento arruinado, no tengo bienes, no soy nadie importante aquí!, ¡Ojalá pudiera llegar a tener grandes riquezas y ser alguien de renombre…!

Así, mirándolo fijamente, el extranjero le dijo:
- ¡Deseo concedido!, e inmediatamente desapareció ante sus ojos.

Al día siguiente, la vida del aldeano cambió considerablemente. Su negocio prosperó; obtuvo muchas posesiones; llegó a ser un hombre muy rico y reconocido no sólo en su aldea, sino en lugares aledaños. En fin, se sentía inmensamente feliz, porque lo había logrado todo en esta vida.
Así, pasaron los años, con los cuales también vinieron temporadas difíciles, las mismas que no sólo golpearon a la aldea, sino a nuestro amigo.

Al cabo de un tiempo, volvió a visitar la aldea aquel extranjero, y para su sorpresa, encontró al aldeano en la misma situación de miseria en que lo había dejado años atrás. El extranjero se acercó y le preguntó el por qué de su semblante, si sus deseos habían sido concedidos.
A lo que el aldeano respondió:
- Sí, todo fue concedido. Tuve posesiones; una buena posición social; fui muy importante; pero, no sé qué me pasó, pues llegó un momento en que no tomaba las decisiones acertadas, no obraba de manera inteligente. Por esto, cuando vinieron los años de crisis, ¡lo perdí todo!

Entonces el extranjero le dijo:
- Es que se te olvidó pedir por el deseo más importante: “sabiduría Divina”, pues este deseo es el que te hubiera permitido obrar de manera inteligente y prudente, de modo que todo lo que hubieras ganado, habría alcanzado la bendición de Dios.

Incorporándose, el aldeano, le dijo:
- ¡Ojalá tuviera una segunda oportunidad, para pedir que Dios me dé sabiduría para aprender a vivir como a Él le agrada!

El extranjero lo miró fijamente y le dijo:
- ¡Deseo concedido!, e inmediatamente, desapareció ante sus ojos.

Así, el aldeano no llegó a ser el hombre más rico, pero adquirió una sabiduría y discernimientos tales, que fue, hasta su muerte, una persona muy respetada y de mucha autoridad espiritual para todos los que lo conocieron.

Estimados lectores, procuremos siempre pedir a Dios que primero nos dé sabiduría Divina. Hagamos lo que hizo el rey Salomón en su oración a Dios, cuando le pidió un corazón entendido para gobernar al pueblo de Israel. (I de Reyes 3:9)
Y verán cómo al igual que Salomón, Dios nos prosperará en todos los demás aspectos de nuestras vidas. (I de Reyes 3: 13)

¡Dios los bendiga!


sábado, 25 de abril de 2009

LA LEALTAD

Texto Bíblico: Daniel Capítulo 1

Estaba leyendo la Biblia, concretamente en el capítulo 1 de Daniel, y me impactó de manera especial esta historia sobre cuatro jóvenes cuya lealtad a Dios, primeramente; después la amistad entre ellos, es digna de imitar.

En los primeros versículos podemos leer que tanto Daniel como Ananías, Misael y Azarías, pertenecían a la tribu de los hijos de Judá. Así que, es posible que ya se conocieran; existía una amistad entre ellos. Mas, lo importante es que los unía la misma fe en Dios. Por esto, cuando Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida que el rey Nabucodonosor les convidaba, sus amigos se unieron a él y lo apoyaron, no comiendo la comida del rey.

Y es que, la lealtad a sus principios religiosos era tal, que estos cuatro amigos arriesgaron aun hasta sus propias vidas con tal de no fallarle a Dios, quien era la persona más importante para ellos. Y en recompensa, Dios los bendijo enormemente delante del rey. Hizo que cayeran en gracia ante los ojos de él; les dio salud e inteligencia envidiables, tanto, que llegaron a ser personas muy importantes para el reinado del rey Nabucodonosor.

Así, de esta historia concluyo lo siguiente:

- Que es importante guardar lealtad absoluta a Dios, sin importar lo difícil que parezca la situación por la que atravesamos.

- Es importante contar con amigos en los momentos más críticos, y si estas amistades tienen la misma fe en Dios, serán de mucho apoyo. ¿Qué hubiera sido de Daniel si sus amigos no hubieran tenido ese mismo sentir?

- Otro punto importante es que Ananías, Misael y Azarías, estuvieron dispuestos a todo con tal de estar junto a su amigo Daniel, es decir, fueron leales hasta el final. Cuán difícil resulta hoy en día el encontrar esas amistades, y que precisamente en los momentos difíciles le digan a uno: “estoy contigo cien por ciento”.

- Los cuatro amigos de esta historia, permanecieron firmes defendiendo su fe en Dios, porque temían a Jehová; conocían de Su grandeza y poder para sacarlos airosos de esa situación. Así, Dios no tardó en recompensar su fidelidad hacia Él, e hizo que los demás glorifiquen el nombre de Jehová por sus actos.
Así, cuando Dios nos recompensa, nos da las cosas “…mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…” (Efesios 3:20), como lo hizo con estos cuatro jóvenes, pues la Biblia menciona que:
“En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en su reino” (v.20)

Recordemos siempre que el ser hijos de Dios nos hace personas distintas, apartadas para buenas obras y para llegar a obtener sitiales especiales en esta tierra. Por lo tanto debemos vivir una vida santa, apartada del mal, para que los que aún no creen en Dios, lo glorifiquen por medio de nuestros actos.

Finalmente, quiero dar gracias a Dios por los amigos y hermanos en la fe de Jesucristo que el Señor me ha permitido cultivar. Aún cuando, en algunos casos, las actividades diarias nos impiden vernos con regularidad, y en otras, las distancias nos separan; estas amistades han sido un gran apoyo en todo momento, pues la lealtad que nos tenemos está fundada en el amor de Cristo, quien es nuestro mejor amigo. Y es en ese contexto, que podemos seguir edificándonos mutuamente y compartiendo las maravillas que el Señor hace por cada uno de nosotros.

¡Dios los bendiga!

sábado, 18 de abril de 2009

¿SE HUNDE LA BARCA?

Texto Bíblico: Marcos 4:35-40

Apreciados lectores, en esta semana pude escuchar que algunos amigos y hermanos en Cristo están pasando por diversas pruebas y dificultades, las mismas que amenazan con hundir “la barca de sus vidas”. Y es que nuestra sociedad sufre un remezón que amenaza destruir la tranquilidad de hasta el más fuerte. Estamos abrumados porque la situación económica es difícil; en lo profesional nos sentimos decepcionados; en lo familiar hay hogares destruidos; hay inseguridad en las calles de nuestra ciudad, etc.
En fin, tantas situaciones que debilitan nuestra fe en Dios. Es por esto, que deseo dedicar esta meditación a todos mis amigos, hermanos en la fe de Jesucristo, y a todos aquellos lectores que piensan, que en cualquier momento, serán un náufrago más en alta mar.

Tomando como base la historia de Jesús calmando la tempestad, he podido aprender lo siguiente:

- Que la barca que transportaba a Jesús y sus discípulos era pequeña, no era una gran embarcación, por lo tanto esta tempestad debió, según la lógica humana, hundirla.
(v.37)

- Jesús nos enseña que cuando Él nos invita a pasar al otro lado del mar, es porque todo lo tiene calculado; nada ni nadie puede impedir que crucemos, y lleguemos a salvo (v. 35).
Así, no debemos perder el sueño, recordemos que Jesús pudo dormir en medio de una fuerte tormenta. Si nos fijamos en este pasaje, vemos que Él dormía en la popa, junto al timón, donde suele estar el capitán. ¡Jesús estaba a cargo de todo!
A veces pensamos que cuando Dios no nos responde es porque se ha olvidado de nosotros, incluso le reclamamos esto. Los discípulos le reclamaron a Jesús el que durmiera en momentos como éstos (v. 38). Debemos aprender a interpretar el silencio de nuestro Dios, el mismo que no significa su abandono, sino una forma de probar nuestra fe en Él. (v.40)

- Jesús nos da ejemplo que no tenemos que perder la calma frente a los problemas, porque debemos mirar más allá de ellos, y saber que Dios no nos va a soltar para que nos hundamos; porque leo en este pasaje, que la tempestad que les sobrevino fue después de haber tenido un día muy exitoso predicando la Palabra a multitudes. Lo que nos indica, que las pruebas y dificultades vendrán precisamente cuando estemos más en comunión con Dios, cuando nos sintamos más fuertes espiritualmente.

- También, debemos tener la suficiente autoridad espiritual para así, como Jesús reprendió a los vientos y olas, o sea Él enfrentó con firmeza la tempestad, así nosotros también, debemos poner nuestro rostro firme y no bajar la mirada en los momentos difíciles por los que nos toque pasar. La Biblia nos exhorta a portarnos “varonilmente”, y esto quiere decir, con valentía, para que, cuando la tempestad acabe, nuestra barca no haya sufrido daño alguno. Entonces, podremos estar firmes, con fuerzas renovadas, y con nuestra fe más fuerte en nuestro Capitán, Dios.
(v. 39)

Así mis queridos lectores, quisiera pedirles que no se desanimen con los problemas que a diario ustedes enfrentan; se los dice una amiga que ha pasado y seguirá pasando por muchas tempestades, pero que en ese proceso, ha aprendido y sigue aprendiendo a flotar sostenida de la mano de nuestro Salvador. O como dice expresamente las Sagradas Escrituras:
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:2)

Finalmente, les dejo un cántico cristiano acorde con esta reflexión, confiando en que el mensaje será de bendición para todos ustedes.

“Con Cristo en tu barca
Todo marcha feliz,
El viento pasará.
No tendrás temor,
Con Cristo en tu barca
Todo marcha feliz,
El viento pasará.”

¡Dios los bendiga!



sábado, 11 de abril de 2009

¡LA MEJOR CELEBRACIÓN!

Texto: Hechos 20: 35

La otra vez bromeaba con un amigo con respecto a que si celebrábamos el día de la mujer, por qué no se debía hacer lo mismo con los hombres. Y en ese ir y venir de emails me puse a pensar en lo siguiente, y que se los comparto a continuación.

Pues bien, yo estaba pensando que a todos nosotros nos gusta que nos agasajen; nos agrada recibir honores, elogios, especialmente en días señalados mundialmente por el calendario anual, es más, a mí me agradan los agasajos.
Así, hacemos grandes fiestas; unos salimos a comer, otros a pasear con los amigos, en fin, todo en función de un homenaje, en donde al menos recibiremos, como poco, las felicitaciones de los que nos conocen.

Mas, entrando en una autorreflexión, me he dado cuenta que, celebramos cuando vamos a recibir, o hemos recibido algo a cambio, y es aquí donde me pregunto lo siguiente:
Cuando nosotros damos algo a los demás, ¿celebramos?, cuando tenemos la posibilidad de donarnos a los demás, ¿lo celebramos?
No quiero decir con esto que debemos contarle a todo el mundo las buenas acciones que realizamos (“…no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” Mateo: 6:3).

Pero, ¿nuestro corazón celebra cuando ayudamos a alguien a superar un problema?, ¿Cuando nuestros ingresos nos permiten ayudar a otros?, ¿cuando en nuestras labores diarias hacemos un trabajo de calidad, y el lugar donde laboramos se ve favorecido con nuestro esfuerzo?, ¿Nos acordamos de darle gracias a Dios por permitirnos ser de bendición a los demás? O sólo sentimos satisfacción por el bien realizado.

Cuando tenemos la oportunidad de compartir nuestra vida con los demás, y a través de ella ser un caudal de bendiciones, toda nuestra alma, espíritu y cuerpo deben ser una continua celebración. Recordemos que dar “nos asemeja a Dios”, quien derrama sus bendiciones de forma abundante y sin esperar nada a cambio.
Y tenemos el mejor ejemplo, Jesucristo, quien disfrutaba cuando se donaba a los demás. La Biblia no nos habla de un Jesús triste y amargado porque debía sanar enfermos, curar heridas espirituales, despertar conciencias, salvar almas. Él se regocijaba en Dios su Padre Celestial, y vivía agradecido por el enorme privilegio que le había dado, el de ser ¡Salvador y Rey de reyes!, aún cuando sabía que su fin era morir en una cruz.

Así, mis amigos y hermanos, en la fe de Jesucristo, no nos olvidemos que la mejor celebración debe ser cuando tenemos la oportunidad de donarnos a los demás y, a través de esa donación, que podamos ser como hermanos en todo momento, o en toda circunstancia de nuestras vidas.
Por lo tanto, esta celebración no debe acabar nunca, debemos hacerla parte de nuestro diario vivir.

No nos olvidemos que:
“…más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35)


¡Dios los bendiga!

sábado, 4 de abril de 2009

¿A cuántos gigantes usted ha vencido?

Texto: I Samuel 17.
Énfasis en los versículos: 26; 37; 40; 45; 47.

Apreciados amigos, en esta semana estaba leyendo I de Samuel 17, y aprendí algunas cosas interesantes para aplicarlas a mi vida, y que a continuación paso a compartirlas con ustedes.

- Cuando David, el humilde pastor de ovejas, preguntó a los israelitas por qué estaban asustados ante las amenazas del gigante Goliat, estaba muy molesto porque este soldado filisteo había desafiado al ejército de Jehová, al pueblo escogido (v.26).

- Algo interesante de David es que siempre había sido un hombre de luchas y de combates, es por esto, que no se asustaba ante la presencia del Gigante Goliat (v. 37). ¿Cuántos de nosotros podemos decir como David que somos hombres de guerra y de combate en el área espiritual? No nos ha sucedido que cuando pasamos por pruebas nos detenemos a mirar “la estatura de ese gigante” y hasta nos ponemos a temblar.
A mí me ha ocurrido en muchas ocasiones. Me he detenido a mirar lo grande del problema, me he paralizado, no he mirado lo que hay más allá; mi mente se ha quedado en blanco, y no me he percatado que la solución es más sencilla de lo que me imagino.

- David, no se detuvo a mirar la estatura del enemigo, porque sabía que esto le significaba el debilitamiento de su fe en Jehová de los ejércitos, además, él sabía que detenerse a mirar la estatura del gigante era perder minutos preciosos, y había una batalla que pelear. Él prefirió confiar en el Dios que puede contra todos los gigantes, porque sabía que la victoria dependía de Dios, no de él como ser humano que era.

- Para vencer a los gigantes que desafían nuestra fe, es necesario luchar con los recursos de Dios, pues Él no usa armas o vestiduras especiales de este mundo para librar nuestras batallas. Así, no esperemos encontrar la armadura perfecta para librar las batallas espirituales, Dios usa otro tipo de medios, aparentemente más sencillos, pero eficaces. Y no nos asustemos si lo que tenemos a la mano son: piedras lisas del arroyo, un saco pastoril y una honda, porque precisamente esas son las sencillas herramientas que Dios necesita para mostrarnos toda su gloria y poderío (v.40).

- Cuando luchemos contra los gigantes que acechan nuestras vidas, no confiemos en las armas humanas que tenemos a la mano, sino que invoquemos el nombre de Jehová de los ejércitos, como lo hizo David, para que Él haga uso de esas armas en bien de nosotros (v. 45,47).

Gracias a Dios, porque como cristianos podemos vencer a los Goliat que se nos presentan en la vida y, tal como lo hizo David, podemos confiar en que Jehová peleará nuestras batallas, por lo tanto, podemos tener la certeza de que
¡la victoria es, y será nuestra siempre!

¡Dios lo bendiga!

domingo, 29 de marzo de 2009

"La Petición de Ana"

Texto: I de Samuel capítulo 1
Énfasis en los versículos:11; 15; 17; 18

Queridos amigos y hermanos en Cristo, estaba leyendo la Biblia en el capítulo 1 de Samuel, y el Señor me habló de una manera especial, la misma que les comparto en esta ocasión.

Ana, la madre del profeta Samuel, tenía una gran necesidad, pues por años había deseado hijos y no le había sido posible llegar a tenerlos. Mas, al revisar en este primer capítulo la reacción de ella en el templo, aprendí lo siguiente :

- Que todos nosotros tenemos grandes necesidades como las de Ana; unos tenemos necesidades en lo laboral; otros en cuanto a salud se refiere; y otros en el ámbito familiar.

- Cuando Ana fue al Templo a orar tenía fe de que su petición iba a ser respondida por Dios, porque era una petición justa. Asimismo ella se comprometió a guiar a su hijo (la respuesta de Dios) desde sus primeros años de vida para la obra del Señor, pues Ana sabía que ese hijo no le pertenecía, era del Señor, es decir, comprendió que "las bendiciones, dones y talentos que el Señor nos da no son nuestros" .

- Hay algo interesante que me llamó la atención y fue que, Ana derramó su alma al hacer su petición a Dios en el templo (v.15).
Cuando oremos a Dios, debemos derramar nuestra alma delante de Él, es decir, descubrirle todo nuestro corazón, de modo que, cuando terminemos de hablar con nuestro Señor sintamos que nuestra alma queda vacía de todo peso; que nuestra necesidad pasó a manos del que todo lo puede ( Dios). Y una vez que hemos derramado nuestro ser ante Él, es importante confiar que ha escuchado nuestras peticiones y, por lo tanto, nuestra actitud, después de haber hablado con Dios, debe ser de paz y gozo (v. 17); ese gozo que nos permita comer, dormir, y realizar nuestras actividades normalmente, así como lo hizo Ana (v.18); teniendo la seguridad de que Dios ha escuchado nuestras peticiones y nos contestará conforme a Su voluntad, pues si pedimos como conviene la respuesta vendrá en el tiempo justo y será: buena, agradable y perfecta. Lo único que Dios pide a cambio es vidas santas y decididas a ofrecer el don recibido como ofrenda de olor grato al Señor.

Querido amigo, ¿ha recibido usted de parte de Dios un don o talento especial?, ¿ha respondido Dios sus oraciones mejor de lo que usted esperaba?. Si es así, ¿no cree que ya es tiempo de dedicarle ese regalo tan especial, que un día usted recibió, a Aquel que se lo dió?

Y si es su único regalo, no tema ofrecerlo al Señor, Él lo recompensará al cien por ciento como lo hizo con Ana, la madre del profeta Samuel.

¡Dios lo bendiga!