miércoles, 23 de abril de 2014

“EL TRABAJADOR INFORMAL…”

Texto Bíblico: Salmos 37:25

El otro día, saliendo de mi trabajo, me subí al bus que me llevaría de regreso a casa. Todo transcurría sin novedad. Se subían y bajaban toda clase de pasajeros y vendedores informales, quienes, como ya sabemos, venden de todo: ¡hasta piedras!, que según ellos, traerán suerte al que las adquiera.

De repente, se subió al bus un “trabajador informal” muy peculiar. Digo peculiar porque estaba  bien vestido, en comparación del resto de vendedores que, por lo general, visten muy modestamente. Este vendedor captó mi atención porque no llevaba ningún producto en sus manos y, mientras nos contaba su “triste historia” de por qué no tenía un trabajo “normal” como nosotros; yo esperaba impaciente que, como por arte de magia, apareciera entre sus manos algún producto o, por último, una foto de algún familiar enfermo y necesitado de la “ayuda generosa de los pasajeros”.

Mas, mi sorpresa fue mayor cuando, en su largo discurso, nos dijo que no se subía a vender nada, porque se había dado cuenta que “sólo” pidiendo colaboración a los pasajeros él ganaba alrededor de $70,00 diarios; y que, según sus cálculos, si así seguía, podría recaudar $800,00 que era lo que necesitaba para ayudar a su hija y madre enfermas. Asimismo, nos dijo que Dios le había indicado que esa iba a ser su fuente de trabajo, y que los amables pasajeros lo iban a sostener diariamente en este honrado y sacrificado trabajo: “el de pedir colaboración como trabajador informal”.

Para finalizar su amplio discurso, nos dijo que él había hecho una promesa a Dios que: “si Dios le daba gente que lo apoye y le dé dinero en los buses, entonces él se iba a cortar las piernas y a donarlas a su madre que no podía caminar”. Acto seguido, pasó por cada asiento y, ante mi sorpresa, mucha gente le dio dinero (menos unos cuantos sensatos y yo). Asumo que si así va, este hombre pronto tendrá que cortarse las piernas, ya que la promesa fue ante Dios, y todos sabemos, que debemos cumplir nuestras promesas a Él. (Eclesiastés 5:4).

Mis estimados lectores, mucho cuidado con atribuir a Dios palabras que Él no nos ha dicho ni están escritas en Su Palabra. La Biblia claramente nos exhorta a trabajar y ganarnos el pan de cada día. Es más, el Apóstol Pablo tiene una frase muy fuerte, pero cierta: “…Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10b).

Dios no solapa la vagancia ni fomenta la mendicidad (Génesis 3:19a; 2 Timoteo 2:6). Por lo tanto, todo el que busca el dinero fácil y dice que es dádiva de Dios, miente, no teme a Dios, y su castigo será que en un tiempo no muy lejano, pasará realmente por hambre y desnudez; no solamente él, sino todos los suyos; porque el dinero fácil nunca tendrá la bendición de Dios y no podrá disfrutarlo.

Por el contrario, si usted se considera un hijo de Dios, y cada día se gana el pan con trabajo honrado, con mucho sacrificio, y vive como una persona justa delante de Dios y de los hombres, entonces, vivirá bajo promesas Divinas que siempre lo acompañarán  a usted y a todos los suyos; promesas que lo librarán de caer en la desgracia de la mendicidad.

“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová,
Que anda en sus caminos.
Cuando comieres el trabajo de tus manos,
Bienaventurado serás, y te irá bien.”
(Samos 128:1-2)


“Jehová no dejará padecer hambre al justo;…”
(Proverbios 10:3a.)

“Joven fui, y he envejecido,
Y no he visto justo desamparado,
Ni su descendencia que mendigue pan.”
Salmos 37:25

¡Dios lo bendiga!


viernes, 4 de abril de 2014

“EL NEGOCIO DE COMIDAS”

Texto Bíblico: Lucas 10:38-40a

Hace unas semanas atrás estuve tomando unas vacaciones en una de las playas de mi país y, como el lugar donde estaba descansando quedaba enfrente de la playa, me dirigí con mi madre, a uno de los tantos puestos de comidas que ofrece el sector para almorzar.

Allí nos atendió una amable madre de familia, quien pronto se puso a conversar con nosotras, y durante el tiempo que estuvimos almorzando, esta joven madre, nos contó cómo había levantado este negocio de comidas, y cómo día a día luchaba para lleva el dinero para alimentar a sus 6 hijos, y cuánto había sufrido con los maltratos de su esposo.
Pues bien, esta joven mujer nos contó historias de tristeza y superación, y al menos, por treinta minutos, nos tuvo pendientes de sus necesidades y para finalizar, se identificó como cristiana evangélica.

Con esta declaración, mi madre y yo también nos identificamos como tales, acto seguido, le dimos consejos pertinentes a la luz de la Biblia, y antes de retirarnos, le pregunté a la señora si me permitía hacer una breve oración por ella, su familia y el negocio, a lo que ella respondió de forma afirmativa.

Así que, oré por ella de manera breve, y al finalizar, cuál  sería nuestra sorpresa que la señora no había estado orando con nosotras, sino que (en silencio) estaba haciendo señales con su mano para atraer clientes al local. Cuando nos vio que terminamos nos agradeció el gesto y acto seguido, continuó llamando a potenciales clientes…

Apreciados amigos, esta historia, más allá de incomodarme me llevó a reflexionar que hay mucha gente que quiere que otros escuchen sus problemas, les ayuden a dar solución a los mismos; incluso, asisten a una iglesia, se bautizan y se autodenominan creyentes en Cristo como un amuleto para que les vaya bien en todo.
Pero, cuando tienen que acercarse más a Dios en oración, leyendo y practicando Su Palabra, asistir a cultos en la iglesia; entonces, están muy ocupados y lo solucionan diciendo: “Oren por mí”, “A usted Dios sí la escucha”, “Dedíqueme un versículo”, “Tengo que trabajar, pero escucharé las predicaciones de este domingo por radio o, compro el cd.”, etc. Y así, presentan mil y un excusas para no involucrarse de manera personal y completa con el Señor.

De esta manera, le “delegan” el trabajo espiritual a otros y, como la mujer de esta historia, mientras otros interceden con sus oraciones por sus necesidades; ellos continúan concentrados en sus quehaceres porque sus negocios son más importantes que Dios y ya tienen “quien esté menos ocupado y por lo tanto, que ore por ellos”.

Amigo lector, el crecimiento espiritual, el caminar en santidad es un asunto personal y, si no buscamos a Dios de una manera más íntima, seria y comprometida, nunca podremos conocer cuál es la voluntad de Él para nuestras vidas. ¿Desea usted que Dios lo escuche y responda a sus oraciones? Busque conocer más de Él cada día en oración y por medio de la lectura de la Santa Biblia. No delegue este tiempo hermoso de comunión íntima con el Señor a otros porque usted está “ocupado”. ¡Este es su privilegio y deber!

Recuerde: Dios tiene tiempo para usted las 24 horas del día, sus oídos siempre están prestos a escucharlo; así que, haga usted lo mismo con nuestro Dios, restablezca  con  ÉL esa comunicación interrumpida que ha mantenido por largo tiempo, y transforme cada día de su vida en un tiempo hermoso sin interrupciones con nuestro común y amado Salvador.

“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea;
y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Esta tenía una hermana que se llamaba María,
la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres,…”

(Lucas 10:38-40a)


¡Dios lo bendiga!


lunes, 17 de febrero de 2014

“CON UN PROPÓSITO…”

Texto Bíblico: Colosenses 3:2

Como seres humanos siempre estamos pensando con qué propósito haremos esto o aquello. Muy pocas veces hacemos algo sin pensarlo. La mayoría de nuestras acciones vienen como producto de un análisis minucioso y, por ende, las hacemos con el ¨”ánimo de” o “con un propósito”.

Así, muchas veces nos planteamos lo siguiente ¿con qué propósito estoy en este mundo?, ¿con qué propósito laboro tantos años en el mismo trabajo?, ¿con qué propósito elijo tales o cuales amistades?, ¿con qué propósito me caso?, ¿con qué propósito soy servicial y cariñoso con mis padres y demás parientes?, etc. Y si tratáramos de dar respuesta a estas interrogantes seguro encontraríamos algunas, entre ellas:

-Yo estoy en este mundo con el propósito de: traer alegría a todos los que me rodean o para vivir la vida como me plazca.
- Estoy en este trabajo por muchos años con el propósito de: obtener un buen sueldo, un aumento, un ascenso, aportar a esta sociedad con mi trabajo.
- Elijo a estas amistades con el propósito de: sentirme rodeado de afecto y cariño, obtener favores, contactos laborales, roce social.
- Me caso con el propósito de: compartir mi vida con la persona que amo, porque la sociedad me lo exige, porque ella o él tiene dinero y subir socialmente.
- Soy servicial y cariñoso con mi familia porque: es mi deber serlo y velar por ellos, porque los amo, porque espero que me añadan en la herencia familiar, etc.

Ahora, qué tal si comparamos algunos propósitos que movieron el accionar de Jesucristo con los de esta lista y con otros que, seguramente, usted ya ha pensado aumentar.

Así, tenemos que Jesucristo, como Hijo de Dios, tuvo propósitos espirituales en su paso por este mundo, enfocados en agradar primero a su Padre, y, como consecuencia de esto, mucha gente se sintió bendecida en su paso por este mundo. Y hubo bendición porque Jesucristo tuvo los siguientes propósitos en su vida:

- Traer esperanza a este mundo lleno de desesperanza.
- Enseñar la Palabra de su Padre Celestial para despertar conciencias
- Mostrar el poder de Dios por medio de grandes milagros.
- Llevar las cargas del hombre y llenarlos de paz.
- Enseñar a hacer la voluntad del Padre
- Morir por cada persona de este mundo y salvarnos de la esclavitud del pecado.
- Preparar un lugar especial, para los que en Él creen, en la Patria Celestial.

Finalmente, después de comparar estas dos listas de propósitos, me gustaría que nos unamos a los propósitos que Dios quiere, que direccionen nuestras vidas, cambiemos la dirección de nuestra lista actual hacia propósitos mejores que son los del Señor Jesucristo, para que todo lo que hagamos en esta vida dé un nuevo giro, nos aliente a seguir adelante,  nos anime a permanecer firmes en la fe, hasta nuestro encuentro con nuestro amado Salvador en la Patria Celestial…

Propósitos de este nuevo año:
- Traer esperanza a nuestros hermanos
- Enseñar la Palabra a tiempo y fuera de tiempo
- Dejar que Dios lleve nuestras cargas y nos llene de paz
- Aprender a hacer la voluntad de Dios
- Compartir el mensaje de salvación con otros
- Ser capaz de amar y dar la vida por otros
- Prepararnos cada día para el encuentro con nuestro amado Salvador

“Poned la mira en las cosas de arriba,
no en las de la tierra.”

(Colosenses 3:2)


¡Dios lo bendiga!


miércoles, 4 de diciembre de 2013

“EL UNIFORME”

Texto Bíblico: 1 Pedro 1: 15b-16

Hace un tiempo atrás escuché que una madre de familia contó una anécdota de ella cuando su hija, que estaba en colegio, le pidió que la dejara invitar a su casa  a sus compañeras de aula para festejar su cumpleaños.

Pues bien, en cuanto a la invitación, a la mamá no le pareció mala idea porque conocía a las compañeras de su hija; las había visto en el colegio y la señora tenía una buena imagen de estas adolescentes, es decir, se las conocía como chicas “bien portadas”.

Llegado el día de la fiesta, la hija salió a recibir a sus compañeras de clase, y cuál no sería la sorpresa de la madre, que algunas de las compañeras de su hija llegaron, primeramente, con otras personas que ellos no conocían; y no solamente hubo este incidente, sino que las chicas comenzaron a actuar y hablar de una manera no apropiada para la edad que decían tener. Es decir, tanto su vestir como su hablar eran totalmente diferentes al que ella estaba acostumbrada a ver y oír.
Al final de la tarde la madre se quedó muy preocupada por lo que había visto y terminó expresando: “Es que con el uniforme se las veía a todas iguales, en un mismo pensar y actuar. Cómo cambian sin el uniforme del colegio…”

Todo este relato trajo a mi memoria la vida cristiana, y cómo, muchas veces, dentro de la iglesia nos ponemos todos un mismo uniforme con un gran membrete que dice santidad, pero, cuando salimos de la iglesia, nuestras acciones dejan mucho que desear.

Así, fuera de la iglesia hacemos lo siguiente:
- No le contamos a nadie que somos seguidores de Cristo
- Nos conformamos al mundo fácilmente
- Hacemos mal a otros para mantenernos en nuestros puestos de trabajo
- Recibimos coimas
- Chantajeamos
- Maldecimos
- Somos agresivos con los que nos rodean
- Somos chismosos, calumniadores, inventores de males
- Somos hipócritas, etc.

Y la lista va en aumento, ya que según nuestras circunstancias actuamos en bien de nuestros propios intereses y deseos. Mas, cuando pisamos la iglesia la siguiente semana, volvemos a usar el uniforme de “cristianos” y a vestirnos de lo que nosotros llamamos “santidad”…

Amigos lectores, Dios quiere que vivamos en santidad real, y que cada día que pase nos pongamos ropas espirituales cristianas dentro y fuera de la iglesia. Dios quiere que sigamos el ejemplo de su Hijo Jesucristo quien siempre vivió en santidad y nunca se avergonzó de ser Hijo de Dios, aunque eso significó su propia muerte.
Recuerde que la ropa que usted y yo usamos a diario debe ser cambiada de acuerdo con el lugar y la ocasión donde nos encontremos, pero Dios le ofrece una ropa que jamás necesitará ser quitada, pues, no se daña, no se ensucia, y no necesita ser cambiada según la ocasión.

Esta ropa es especial porque no cambia, y si nos la ponemos y nunca nos la sacamos, entonces, hará que siempre seamos los mismos dentro y fuera de la iglesia. Seremos hombres y mujeres de bien que aman a su prójimo; que no buscan el mal para otros, y  que cada día manifiestan con sus acciones el grato olor de Cristo en sus vidas.

Finalmente, le hago una pregunta, amigo lector, ¿Qué ropa está usando en estos momentos?, ¿está usando un uniforme que simula santidad y que puede ser cambiado según la ocasión?, ¿o tiene puesta la ropa de real santidad, la misma que Jesucristo llevó mientras estuvo en esta tierra?

“…sed también vosotros santos 
en toda vuestra manera de vivir; 
porque escrito está: 
Sed santos, porque yo soy santo.”

(1 Pedro 1: 15b -16)


¡Dios lo bendiga!


jueves, 19 de septiembre de 2013

“PASO A PASO…”

Texto Bíblico: Salmos 118:24

Hace un mes tuve el privilegio de conversar con una amada hermana en la fe de Cristo que asiste a nuestra iglesia.

La última vez que la vi estaba postrada en su cama. Estaba prácticamente agonizando y, en lo personal, pensé que no pasaría de esa semana. (Padece cáncer terminal y los médicos la han desahuciado)

Pero, ¡grande fue mi sorpresa cuando a los 15 días la vi en la iglesia, junto a su familia! Se la veía muy saludable, no parecía la misma mujer que 15 días atrás vi al borde de la muerte.

Así, me acerqué a saludarla y, ella muy contenta, me dijo que el Señor la levantó por esta semana…
Y al preguntarle: ¿cómo así usted dice por esta semana?, ella me respondió lo siguiente:

“Así es hermana, sucede que hace años oraba a Dios que me sanara del cáncer y no ha ocurrido eso. Después le pedí a Dios que me llevara con Él rápido, y eso tampoco sucedió. Y en cada recaída que he tenido, le he dicho a Dios que ya estoy lista y que me lleve en ese momento; y cada vez que digo eso, el Señor me levanta y me da fuerzas para vivir otro día más.

“Al principio no entendía lo que Dios quería de mí (me decía esta hermana), pero poco a poco he llegado a entender que Él desea que yo disfrute cada instante de vida que me dé. Que cada día que pase yo sepa ser una mujer agradecida a Él y, que debo aprovechar cada minuto para meditar en Su Palabra y ser de soporte espiritual para mi familia y todos los que me rodean.

Así que, hermana (continuó diciéndome) he decidido vivir la vida paso a paso porque sé que el día que el Señor me lleve me avisará, y sabré que ha llegado el momento…”

Actualmente, esta valiente mujer no ha podido asistir a los cultos de la iglesia porque ha tenido otra recaída y, no sé si su tiempo en la tierra está por concluir, pero sus palabras produjeron en mí un enorme impacto.

Así, vivir la vida paso a paso, ser agradecidos con Dios por cada momento en esta tierra y preocuparse por ser de bendición para los que nos rodean, ese era el mensaje que Jesucristo siempre nos predicó cuando vivió entre nosotros. Y ese es el mismo mensaje que día a día nos dejan hermanos y hermanas en la fe de Cristo  que se entregan a la voluntad buena, agradable y perfecta, de nuestro Dios, cualquiera que sea el pronóstico de vida.

Amigos lectores, les animo a que vivamos con paciencia la carrera de fe que tenemos por delante; puestos los ojos en Jesucristo, y repitiendo cada día, con todo nuestro corazón las palabras del salmista:

“Este es el día que hizo Jehová;
Nos gozaremos y alegraremos en él.”
(Salmos 118:24)


¡Dios lo bendiga!



jueves, 22 de agosto de 2013

“¡TODO LO PUEDO EN CRISTO!”

Texto Bíblico: Filipenses 4:13

Muchas veces escucho decir: “¡Ve, pide ese aumento, porque todo lo puedes en Cristo!”; “Compra ese carro, la casa de tus sueños, entra en este negocio, porque todo lo puedes en Cristo”. Y así, la lista de deseos y anhelos personales es larga y siempre acompañada del versículo ya mencionado. Frente a esto, no me queda la duda que entendemos mal este versículo porque lo tomamos como si Cristo nos diera poder, similar al de las películas de ciencia ficción, similar al poder de algún súper héroe de la televisión y, con ese poder “adquirido”, podemos hacer el papel de superman y lograrlo todo con sólo pronunciar la frase: Todo lo puedo en Cristo.  

Desgraciadamente, en ese papel de creernos superhéroe  caemos muchos de nosotros, de manera que podemos vencer (con sólo repetir este versículo) toda tentación, evitar pecar, curar nuestras enfermedades, mejorar nuestra economía, mejorar las relaciones entre esposos, novios o amigos, etc…

Es por esto, que deseo nos detengamos en Filipenses 4:13 con una mirada más profunda, y juntos, con la ayuda del Espíritu Santo, enfoquémonos en algunas verdades que nos ayudarán a darle un significado más edificante y apropiado para nuestras vidas.

Cuando el Apóstol Pablo dijo “Todo lo puedo en Cristo”, se refería a lo siguiente:
Que en su condición de ser humano con limitaciones, en la vida cristiana se encontraría con situaciones adversas, difíciles de soportar, que harían tambalear su fe; situaciones en que mejor sería desear la muerte. “Todo lo puedo en Cristo” significó para el Apóstol Pablo que esas adversidades, difíciles de soportar no debía llevarlas él solo; que debía entregarlas a Aquel que pudo soportarlo todo cuando vivió entre nosotros.

Así, cuando el Apóstol Pablo dijo: “Todo lo puedo en Cristo”, culminó la frase con “que me fortalece”. Él no pensaba que tenía poderes sobrenaturales para vencer a todos y a todo, sino que sabía que el confiar en Dios y depositar las cargas en Él le darían fuerzas espirituales para mantener viva su fe, para no perder las esperanzas y conservar el gozo sirviendo al Señor. ¿Y saben por qué? Porque la fortaleza que el Señor nos da nos permite:
- Mirar las dificultades y adversidades bajo otra perspectiva; más positiva, más espiritual
- Nos permite decirle a Dios que tome nuestra carga ya que nosotros solos no podemos llevarla.
- Nos permite entender que necesitamos de la ayuda de otras personas que Él pone a nuestra disposición para aliviar nuestras cargas.
- Nos permite recibir la paz que sólo Dios puede darnos aún en medio de la dura prueba.

¡Y es esto lo que experimentó el Apóstol Pablo!, pues,  hubo hermanos que en su debido momento, vieron la necesidad del Apóstol y fueron a su encuentro (movidos por Dios), para suplir todo lo que le faltaba y aliviar su pesada carga. Esa fue la provisión de Dios para fortalecer el espíritu cansado de Pablo.

Como ven, apreciados lectores, este versículo encierra significados más profundos cuando uno lo lee bajo una perspectiva espiritual, no material. Así, no se trata de magia, o algo sobrenatural que poseemos para ser superiores a otros y lograrlo todo; se trata de intimidad con Dios, comprensión de nuestra humanidad limitada, dependencia a Dios. Se trata de aprender a sonreír en medio de las pruebas, de entregar todas nuestras necesidades a Dios sabiendo que Él lo suplirá todo, y en ese suplirlo todo, nuestro espíritu cansado se refresca y renueva día a día dándonos fuerzas para continuar…
Sólo cuando lleguemos a comprender Filipenses 4:13 como lo comprendió Pablo, podremos decir con total convicción:

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”

Filipenses 4:13

¡Dios lo bendiga!


martes, 2 de julio de 2013

“¡MAS AHORA MIS OJOS TE VEN!”

Texto Bíblico: Job 42:5

Muchas veces había leído el libro de Job y siempre pensaba que era un hombre ejemplar al que Satanás golpeó hasta lo extremo para tratar que blasfemara el nombre de Dios y probar que no era un hombre justo. Sin embargo, siempre me quedaba la duda que si Job era un hijo de Dios ejemplar, entonces, ¿por qué sufrió tanto?, ¿acaso eso no está reservado para aquellos hijos que no son conforme al corazón de Dios?

Así, una vez más, me dispuse a leer este libro y, con la ayuda del Espíritu Santo, encontré algunos puntos interesantes que estoy segura, apreciado lector, serán de mucha bendición para usted como lo fueron para mí.

1. La perfección del hombre no se compara con la perfección divina.
·         Dios permitió estas pruebas en Job para que él reconozca que tenía pecados que confesar y que era necesario un cambio de vida. Job estaba, acaso, lleno de orgullo espiritual, y esto le hacía criticar las acciones de Dios contra él, pues, se consideraba un hombre “recto y justo”.

2. No siempre los amigos son los mejores consoladores.
·         Muchas veces nos acercamos a los amigos para contarles nuestros sufrimientos, y recibimos a cambio una lluvia de exhortaciones, acompañadas de versículos bíblicos que en lugar de levantarnos nos hunden en depresión y desánimo. La Palabra de Dios mal usada, puede causar daños irreparables en la fe del cristiano que sufre.
·         Los amigos deben sentarse al lado del que sufre y, primero estar a su lado en silencio: escuchando. Segundo, identificarse con el dolor del prójimo (acaso llorar junto al amigo).


3. Nunca pensemos que si no fuera por esta “pequeña debilidad” o “pequeño pecado” seríamos perfectos
·         Ante Dios necesitamos cambiar mucho. Siempre habrá algunas cosas de nuestras vidas que deben ser cambiadas. Sólo cuando reconozcamos que hay mucho que cambiar, entonces, nuestros ojos serán abiertos y conoceremos el por qué de todo lo sucedido.

4. Las posesiones más preciadas en nuestras vidas nos alejan de Dios.
·         Job tenía muchos bienes: hijos saludables, esposa, siervos, siervas, muchos amigos, ganado, tierras, etc. Todo esto no le había permitido tener una cercanía con Dios como la que tenía ahora que lo había perdido todo.
·         Sólo cuando Job no tuvo nada(ni siquiera amigos) comprendió que su todo debía ser Dios. Que su razón de vida no era lo material, la familia, amigos, etc.Entendió que lo material venía como consecuencia de buscar a Dios de manera íntima. Y que, una relación con Dios superficial, casual y a su conveniencia, no le permitía ver con claridad el sendero que Él tenía preparado para su vida en esta tierra. Job comprendió que todo lo que le sucedía tenía un propósito Divino y positivo para su vida.

Apreciado lector, ¿está pasando por situaciones que no tienen explicación?, ¿situaciones que a su juicio son injusta de parte de Dios?

Si quiere respuestas, acérquese a Él sin nada, sin posesiones; reconociendo que tiene mucho que cambiar a pesar de haber caminado en la fe de Jesucristo por largo tiempo. Deje que nuestro amado Señor se siente junto a usted; pídale que transforme aquello que le impide transitar por el camino de la santidad, y verá cómo su venda espiritual se cae. Recibirá el consuelo y la paz que sólo Dios le puede dar, y sólo en ese momento podrá decir lo que un día dijo Job:

“De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.”
(Job.42:5)

¡Dios lo bendiga!